diciembre 4, 2020

Chávez y los desafíos de la coyuntura política en Bolivia

por: Jorge Viaña

Uno de los procesos más importantes, desde el punto de vista de una estrategia política que vaya más allá de sólo sostener las coyunturas, que emprendió Chávez, fue el tránsito –en el 2006 y 2007– entre las formas organizativas que se dieron en el proceso venezolano desde fines de los 90’s, con el Movimiento Quinta República (MVR), y la necesidad de plantearse el inicio de la construcción del socialismo.

El triunfo popular frente al intento de golpe de Estado en el 2002, exigió un replanteo de las formas organizativas, y la respuesta fue la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en los años mencionados.

Con todas las limitaciones y errores que se puedan atribuir a ese proceso hasta hoy, sin embargo, cabe destacar que permitió, básicamente, un espacio político y organizativo para aglutinar un polo de izquierda y a los sectores y dirigentes más esclarecidos y comprometidos con una posición más anticapitalista –marxista y no marxista– que, intentando no caer en el viejo error de vanguardismo sustitucionista, dirija de mejor forma el proceso político en una coyuntura de ocupación del Estado.

Nada de eso hemos podido hacer en Bolivia. Tal vez el error político más importante que se ha cometido y se está cometiendo acá, a casi una década del gobierno del MAS, es no aglutinar en un polo una corriente clara de izquierda y que, en nuestro caso, logre articular bisagras con las tendencias más consecuentemente anticapitalistas del indianismo y el katarismo, procurando actuar dentro y fuera del Estado de forma más o menos organizada.

Estamos hablando de crear un polo dentro del MAS y otras organizaciones, partidos, grupos y personas del proceso que sin caer en posiciones de un maximalismo imposible de cumplir o vanguardismos exacerbados y conservadores o descuidar las coyunturas, se planteen cómo profundizar el proceso, cómo lograr verdaderamente construir formas de autogobierno social y no estar sólo centrados en un pragmatismo estatalista. Un polo político que, sin descuidar las coyunturas, no viva, casi todo el tiempo, en función de un pragmatismo electoral.

En Bolivia no hay una visión estratégica profunda, más allá de la retórica de ciertos altos funcionarios, o peor aún, casi todo se resuelve adulando a los jefes del Estado; la crítica y autocrítica prácticamente no existen y casi nadie la incentiva (menos los jefes) porque sólo se priorizan los objetivos pragmáticos: las maquinarias y cálculos electorales, las candidaturas y la adulación a unas “nuevas” clases medias que, si no las politizamos, acabarán por erosionar el procesos en beneficio de sus intereses concretos. (Éste es un problema político, no es sólo que existen e influyen “expertos” en estas “artes” pragmáticas que siempre habrá.)

Como hemos dicho, con todas sus limitaciones y errores, los “círculos bolivarianos” creados a partir del 2002 en Venezuela, son un esfuerzo de construcción de elementos de poder popular desde abajo. El error que se comete en Bolivia es creer que porque existe una amplia capacidad organizativa urbana y rural ya está cumplida esta tarea. Al contrario, no hemos podido reforzar las tendencias que planteen mandatos imperativos al gobierno en virtud de la construcción de poder popular desde abajo, que se intente construir estos núcleos de poder de base no sólo para elecciones y fines coyunturales sino provistos de un norte ideológico y político que trascienda el llamado a votar.

Lamentablemente, como resultado de una política pragmática y centrada en las coyunturas, hoy no existe una tendencia y un polo que aglutine a las corrientes más emancipativas, no se está haciendo un trabajo ideológico y político práctico de formación de esta tendencia, salvo algunas marginales y limitadas excepciones.

En Bolivia hoy más que nunca se necesita aglutinar en un polo amplio a los compañeros, sectores y tendencias que quieren hoy y ahora avanzar hacia el socialismo. Pero primero se requiere hacer conciencia que no existe este polo político articulado que hoy se ha vuelto imprescindible y vital. Procesos revolucionarios que no avanzan se estancan y lo que se estanca se descompone más allá de las buenas voluntades.

Aprender del proceso venezolano y de Chávez es –a mi modo de ver– la mejor forma de hacerle un homenaje a un compañero de lucha de dimensiones históricas, y no hacer adulaciones vacías, cuando ni se lo entiende ni se comparte lo fundamental de su legado.


* Jorge Viaña, es economista y docente de la UMSA.

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