noviembre 26, 2020

Comunas Populares: Democracia Radical

por: Ernesto Castillo

Si la ola descentralizadora que se extendió por Latinoamérica durante la década de los 90s tenía el propósito, al menos teóricamente, de acercar al ciudadano al Estado mediante una versión local de gobierno, para así democratizar la participación política, el uso de recursos públicos y hacer más eficiente la gestión de los mismos, entonces el impulso que el comandante Chávez dio a las Comunas Populares tiene un propósito aun más radical: borrar la línea que separa al Estado de la sociedad civil.

Si la descentralización tradicional parte de la hipótesis que no hay nadie mejor que el nivel local de gobierno para satisfacer las necesidades de los ciudadanos, las comunas populares pretenden demostrar que no hay nadie mejor que el pueblo para administrar su propio futuro.

La concepción clásica de modo de producción desarrollada por Marx en su “Introducción a la Crítica de la Economía Política” define a éste como el conjunto de fuerzas productivas y relaciones de producción que constituyen una estructura económica y social sobre la cual se levanta una superestructura ideológica, política y cultural. Tradicionalmente, desde el marxismo, diferenciamos un modo de producción de otro a partir de la propiedad de los medios de producción. En el capitalismo, nos dice la doctrina ortodoxa, estos medios de producción son propiedad privada; en el socialismo, estos pasan a ser controlados por la clase obrera.

Una visión mecánica de la dinámica entre la estructura y la superestructura nos llevaría a pensar que los cambios más importantes se dan dentro de la primera categoría. No obstante, los días soviéticos han acabado y, desde Gramsci hasta Zavaleta, sabemos que los cambios en la superestructura también son importantes. Se trata de una relación dialéctica donde ambas variables (estructura y superestructura) son causa y efecto simultáneamente. Es decir, lo que hagamos con la organización política de nuestro Estado y su cultura política, es tan importante como el tipo de propiedad de los medios de producción que se quiera alcanzar.

Las comunas populares de la República de Venezuela no pueden ser comprendidas sin tomar en cuenta esta dinámica dialéctica entre estructura y superestructura de una formación social. No se trata, pues, solamente de ir introduciendo cambios en el modelo económico de un Estado Nación. Esto llevaría, indefectiblemente, a la reproducción inconsciente del actual orden social capitalista. Si hay algo de lo que no se puede acusar a la Revolución Bolivariana y a su máximo líder, es no haber comprendido que la teoría del socialismo es necesaria para su construcción. Como lo decía el Comandante… para hacer un edificio se necesita teoría científica, para hacer socialismo se necesita teoría revolucionaria.

Nos interesa, pues, las características de lo que conocemos como régimen político: esto es, el conjunto de instituciones formales e informales que median y determinan el acceso y el ejercicio del poder en una sociedad. También nos interesa comprender la dinámica de lo que en esencia es la estructura de un modo de producción: el conjunto de relaciones sociales que sostienen los hombres en la reproducción de sus condiciones de vida y la propiedad de los medios de producción de los que se valen. En Venezuela (acá lo emocionante) los cambios emprendidos desde la aprobación de la Constitución Bolivariana (1999) abrieron un sinfín de posibilidades para un socialismo que se construiría desde abajo, desde el nivel local.

En el 2010 el gobierno venezolano aprueba y promulga la Ley Orgánica de las Comunas. Una norma que tiene el objetivo de sentar las bases sobre las cuales se construiría el socialismo desde seno mismo del pueblo de Bolívar y Miranda. Esta Ley busca abrir la posibilidad de establecer nuevas unidades territoriales a partir de la iniciativa popular de trabajadores, campesinos, etc., para conformar las simientes del ejercicio del poder comunal directamente desde sus bases.

La mayor parte de las críticas a esta iniciativa vienen de la corriente descentralizadora que se puso en boga durante los años 90s a partir de las “recomendaciones” de organismos internacionales vinculados al imperialismo estadounidense como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Irónicamente, uno de los pensamientos clave de estos descentralizadores es que la gestión pública desde el nivel central de gobierno era pesada e ineficiente, algo que podía ser corregido acercando al Estado mediante versiones locales llamadas municipios, regiones, departamentos o distritos federales. Se trataba, pues, de una nueva etapa en la democratización del Estado, de su acercamiento a la sociedad civil a partir de una lógica territorial.

Las comunas populares están pensadas justamente en lograr estos objetivos, desde una óptica territorial, pero sin las trabas que suponen la corrupción y la mini burocratización que existen en casi todos los modelos de Estados descentralizados en el mundo. Es innegable que un alcalde, un concejal, un gobernador y sus funcionarios, son todos, aún, una expresión de la separación entre el Estado y la sociedad civil. Esta distancia, esta división, se va diluyendo en un modelo de Estado Comunal donde el poder es ejercido directamente por el pueblo mediante diferentes concejos que administran la vida social, económica y política de la comuna popular.

En el numeral 10 del Artículo N°4 de la Ley Orgánica de Comunas, se establece que el Estado Comunal es una: “forma de organización político social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, a través de los autogobierno comunales, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno y sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación del estado comunal es la Comuna”.

El Artículo N°5 de esta misma norma se define a la Comuna como: “un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación”.

Finalmente, se define al socialismo como: “un modo de relaciones sociales de producción centrado en la convivencia solidaria y la satisfacción de necesidades materiales e intangibles de toda la sociedad, que tiene como base fundamental la recuperación del valor del trabajo como productor de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas y lograr la suprema felicidad social y el desarrollo humano integral. Para ello es necesario el desarrollo de la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos que permita que todas las familias y los ciudadanos y ciudadanas venezolanos y venezolanas posean, usen y disfruten de su patrimonio o propiedad individual o familiar, y ejerzan el pleno goce de sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales”.

Se tiene, en estos tres conceptos de la Ley de Comunas, las bases teóricas sobre las cuales se levantará el proyecto socialista bolivariano. Las bases de un socialismo del siglo XXI que recogen las enseñanzas del marxismo más genuino, el del propio Marx. La autogestión de la vida social desde las bases mismas de su sociedad.

Concretamente, estas comunas populares tienen su máxima instancia de autogobierno en el Parlamento Comunal, del cual forman parte los mismos miembros de la comunidad que ejercerán tal cargo por un periodo de tres años. Estos representantes, por llamarlos de alguna manera, se mueven en un contexto de democracia directa que los hace directamente responsables de seguir los mandatos que dicte la comunidad en cuanto a la organización de la vida social, económica y política.

Un segundo órgano de la vida comunal la conforma el Concejo Ejecutivo de la Comuna, que está integrado por representantes cuyos requisitos para ser elegidos varían ligeramente de los criterios del Parlamento Comunal,principalmente en la cuestión de la edad, pues mientras es necesario solamente ser mayor de 16 años para la última instancia, para el Ejecutivo es necesario contar con mayoría de edad.

Lo destacable en el ejercicio de este gobierno comunal es la periodicidad de sus reuniones, que deben ser por lo menos de una a la semana. La constante discusión de los problemas públicos de la comunidad es constante, la fiscalización es directa. En suma, es una democracia activa, directa y controlable desde sus mismas bases.

No se pude dejar de lado, además, los cinco frentes desde los cuales el comandante Chávez pretendió encaminar el trabajo de las Comunas Populares en la construcción del socialismo, éstos frentes son: 1) el ético y moral, 2) el social, 3) el político, 4) el económico y 5) el territorial. Estos cinco frentes deben ser abordados integralmente desde la comuna, como célula que será el inicio de la vida socialista y desde donde se debe ir transformando las relaciones de producción que establecen los hombres al mismo tiempo que se cambia el régimen de propiedad de los medios de producción. Se trata, entonces, de un hecho de conciencia el que impulsa a los hombres a cambiar sus condiciones de vida.

De estos frentes, uno muy importante, considero yo, es el primero. Ya lo decía el Che: “El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor de interés individual y de lucro como motivación psicológica. Marx se preocupaba tanto del hecho económico como de su repercusión sobre el espíritu y del resultado definitivo de esta repercusión: el hecho de conciencia. Por lo tanto, si el comunismo no se preocupa del hecho de conciencia, se convierte en un método de distribución, pero no será nunca una moral revolucionaria”

El Comandante, en su programa televisivo Aló Presidente, aclaró: “La Revolución debe, so pena de perecer, de ser capturada, modificar radicalmente la visión del mundo propia del capitalismo, debe emprender acciones que reconstruyan el tejido social, y para esto es principalísimo elevar lo local al nivel universal. Establecer relaciones políticas, sociales, económicas, organizativas y espirituales desde la base hasta el nivel nacional desde el núcleo, diría yo, desde la célula hasta todo el nivel nacional”.

Si bien la Comuna de París tenía la posibilidad de convertirse en el primer foco de resistencia al modelo capitalista en la historia de la humanidad, este gran episodio de la historia de la humanidad se dio de forma espontanea. La creación de los soviets y los Comités de Defensa de la Revolución allá en Cuba trataron, con éxito variable, reproducir conscientemente las lógicas sociales que se estaban dando a mediados del siglo XIX en Francia. Las Comunas Populares, entonces, pueden ser consideradas como un nuevo intento de construcción consiente del socialismo. La descentralización política que dio vida a los municipios y que despertó tanta esperanza entre federalistas desde hace siglos es superada en radicalidad por la Comuna como la unidad básica de administración de la vida social, una radicalización de la democracia, una vuelta a las raíces del socialismo estudiado por Marx.

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