diciembre 2, 2020

Imaginarios y orden de relaciones en torno al caudillo – la convocatoria del mito –

por: Raúl Prada Alcoreza

Tesis sobre la política carismática

1 No hay atributos inmanentes, personales, herencias, que te conviertan, por obra de gracia, en caudillo; está en los órdenes de relaciones y en la compulsión imaginaria, la explicación de las sumisiones y subordinaciones al caudillo, la explicación de la convocatoria del mito.

2 La clave se encuentra en un tipo de diferenciación que se encuentra ya en las sociedades antiguas; la diferenciación patriarcal, que otorga al padre supremo poder sobre la mujer, las mujeres, los hijos, el clan, los clanes, las alianzas territoriales, potestades indiscutibles. Es el dueño. Diferenciación que otorga la distinción de la nobleza a un sector privilegiado al que se le atribuyen designios divinos, consanguíneos; la plusvalía de código, el prestigio, se convierte en sobre-codificación despótica.

3 Los imaginarios conservadores se encargan de conformar una trama, narrativas, leyendas, mitos, discursos, leyes, que legitiman estas diferenciaciones que establecen las dominaciones. En tanto que los dispositivos institucionales se encargan de construir mallas institucionales que inscriben en los cuerpos las relaciones de dominación, atribuyéndoles un carácter religioso o, si se quiere, “natural”.

4 En las sociedades modernas, con clave heterogénea, los caudillos, es decir, las figuras de la política carismática,aparecen en coyunturas y periodos de crisis política, que no dejan de ser crisis sociales, crisis que se refleja en la crisis de las instituciones, de la institucionalidad, de los valores y de las “ideologías”. Se trata de zurcir lo que se quiebra, coser lo que se rompe, llenar los vacíos con mitos, convocatorias del mito, con símbolos patriarcales,investidos de imaginarios milenaristas y mesiánicos. Se trata de apaciguar las angustias con la imagen del padre afectivo.

5 Ahora bien, hay caudillos y caudillos; hay engranes más adecuados que otros. Teóricamente, desde la perspectiva radical, desde la perspectiva de la imaginación radical y del imaginario radical, desde la perspectiva radical emancipatoria, la salida de la crisis es desmantelar y destruir el poder, liberar la potencia social, liberar el uso crítico de la razón, la “madurez”, la autonomía y la autogestión; sin embargo, esto requiere condiciones de posibilidad históricas, predisposiciones subjetivas, voluntades transformadoras, gastos heroicos. Cuando estas condiciones de posibilidad y estas predisposiciones no se dan, entonces concurren formas barrocas de “solución”, donde el pueblo descontento, magullado, se levanta y usa estos dispositivos carismáticos para intentar un recorrido, aunque sinuoso, que le da esperanzas. Hay caudillos que responden mejor a estos requerimientos, que otros, que, más bien, se embarcan, en una reproducción del poder restauradora de lo que está en crisis.

Perfil histórico del caudillo bolivariano

Hugo Chávez es un caudillo carismático, responde a la convocatoria del mito de Simón Bolívar, el libertador. El mito, en este caso, convoca a la Patria grande, quedada en su incipiente pronunciación, boicoteada por las oligarquías regionales, que prefirieron construir republiquetas; imitaciones liberales que continuaron con la herencia colonial. Fue empujado, primero, por su carácter intempestivo, al golpe militar, en plena crisis de la institucionalidad liberal del Estado-nación, Estado-nación subordinado al imperialismo; es decir, a las relaciones de dependencia en el contexto del sistema-mundo capitalista, en el marco de la geopolítica racial de este sistema-mundo, que diferencia periferias de centros.

El motín es una expresión de la crisis política e institucional; busca llenar un vacío, como dice Carlos Montenegro. El motín, en determinadas circunstancias, es un hecho político. Otra cosa es que se esté de acuerdo o no; esta ya es una posición política. Los y las activistas libertarias rechazamos estas soluciones carismáticas, de golpe de Estado, de coupe de têt, pues las salidas emancipatorias no son ni patriarcales ni conspirativas, por más buenas intenciones que contengan. Tampoco somos defensores y defensoras del statu quo liberal, institucional, del Estado de derecho, del régimen liberal, de la democracia formal. Esto sería creer en el orden establecido, en la ley, en la malla institucional, edificada para reproducir el poder. Consideramos que la emancipación está en las manos de los propios dominados y dominadas, explotados y explotadas, subalternos y subalternas, de los y las condenadas de la tierra. Los y las activistas libertarias buscamos reintegrar lo que puede a la fuerza, re-articular la potencia a las fuerzas sociales, hacer emerger la capacidad autogestionaria, auto-determinante y de autonomía de las comunidades, de las sociedades alterativas, de los colectivos, de los grupos, de los individuos.

En este caso, el caso de la revolución bolivariana, se trata de comprender su mecánica y dinámica singular de los campos de fuerzas inherentes a la formación social venezolana. Hemos escrito al respecto y nos remitimos a estos textos [1]. Ciertamente hay que partir no sólo de la constatación de la crisis del Estado-nación de las oligarquías criollas, no sólo de la comprensión de las diferencias entre un gobierno populista, nacional-popular, con pretensiones “socialistas”, respecto de los gobiernos liberales, neoliberales, de las oligarquías criollas. Distinguir lo que implica un proceso político basado en nacionalizaciones, recuperaciones de soberanías, sobre todo de los recursos naturales; proceso basado en convocatorias a los condenados de la tierra, ocasionando aglutinamientos de los y las marginadas, del pueblo movilizado. Sino también, se trata de comprender los límites de estos gestos carismáticos,estos movimientos nacional-populares, cuyo valor radica en lograr cohesiones sociales y políticas, que conforman un bloque popular y antiimperialista.

En Defensa crítica de la revolución bolivariana propuse el apoyo crítico del “proceso de cambio”, muy distinto del apoyo a-crítico de los oficialistas. En Alteridad y gubernamentalidad propusimos diferenciar el proyecto autónomo, autogestionario emancipatorio libertario respecto del proyecto estatalista, burocrático, contradictorio, oficialista. Incluso dijimos que los activismos libertarios y los activismos “izquierdistas” estatalistas pueden coexistir concurrentemente, interpelándose, aunque no pueden coexistir, de ninguna manera, sus proyectos, sus concepciones políticas. Esto equivale a defender críticamente el proceso, entendido como oportunidad, que cobija posibilidades emancipatorias, a pesar de sus contradicciones, de las pretensiones desestabilizadoras de la burguesía, de la oligarquía, del imperialismo. Esto es distinto a defender el régimen bolivariano de una manera apologista e “ideológica”. Para nosotros la mejor defensa es la crítica y la interpelación a las herencias institucionales del poder, de la colonialidad, del Estado-nación, de la dependencia. La mejor defensa de un proceso, como oportunidad histórica, es mantener el fuego de la movilización, de la utopía autogestionaria, como proyecto del presente, anti-colonial, antiimperialista, anticapitalista, contra-moderno, como alternativa alterativa a la modernidad y al desarrollo.


* Raúl Prada Alcoreza, es un destacado cientista social boliviano y fundador del “Grupo Comuna”.

1 Ver de Raúl Prada Alcoreza Defensa crítica de la revolución bolivariana. También Alteridad y gubernamentalidad.Dinámicas moleculares; la Paz 2014. CLACSO; Herramienta 2015.

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