diciembre 5, 2020

Politizarnos para vencer al machismo

por: Mauricio Bustamante Rivero

Empiezo estas líneas con la notable frase de la filósofa, feminista y revolucionaria, Rosa Luxemburgo: “quien no se mueve, no siente las cadenas”. Considero que la misma debe motivarnos a la reflexión: ¿Qué está pasando en el país? ¿Por qué la violencia contra la mujer? ¿Nos lastiman los feminicidios? ¿Seremos unas bestias machistas? ¿Las feministas o las iglesias: quién tiene la razón? El presente artículo abordará –a modo de provocación– estos temas, no sin antes, felicitarle por su lectura, eso demuestra que usted tiene la grandeza de prestar atención a los temas importantes, y que siente un impulso lúcido para generar su propio criterio. No es poca cosa.

Comencemos. Nadie duda del crecimiento de nuestro país en los últimos años, somos cada vez más antiimperialistas y nuestra soberanía es reconocida en muchas partes del mundo, saben que aquí decidimos nuestro destino sin las intervenciones –de otrora– de las potencias extranjeras. Sin embargo, ¿seremos también más anticapitalistas? La respuesta plantea, analíticamente, dos aristas: por un lado, el estudio de nuestras relaciones de producción; y por otro, el análisis de las personas y sus comportamientos en la construcción del Vivir Bien. En el primer caso, es claro que nuestras relaciones de producción continúan bajo el patrón capitalista y es menester avanzar más en la recuperación de nuestros recursos, para atender a los sectores más pobres de nuestra sociedad. Y, en el segundo caso, al parecer la bonanza económica de algunos sectores, está traduciéndose en mayor y exacerbante consumismo, lejos de los principios del Vivir Bien. En ese marco, resulta evidente que, existe una relación peligrosa entre capitalismo/mentalidad colonial y los hechos violentos de hoy en día.

Particularmente, la violencia contra la mujer, se produce porque estamos inmersos en un sistema (unipolar) patriarcal de ideología machista, en consecuencia, nuestras relaciones sociales están plagadas de machismo. Los crímenes aumentan a diario mientras esperamos con desconcierto que las autoridades hagan algo; pero, la verdad es que si analizamos el campo político y las tensiones que surgen entre sus actores, encontraremos que no se vislumbran avances ante la imperiosa necesidad de despatriarcalizar el Estado, las propuestas giran como satélites alrededor de una única ideología machista y conservadora. Sobre esta ideología, hace algún tiempo tuve oportunidad de aprender, conjuntamente mis compañeros del programa radial “Machus Interruptus”, que el machismo es como una mesa de cuatro patas. La primera pata es la misoginia, la construcción social del odio a la mujer, por eso aprendemos desde changuitos a decir “pateas como niña” “marica” “mujercita pareces”; se nos inculca desde la familia, la educación, las iglesias y los medios de comunicación: el odio a la mujer, cualquier indicio que nos haga ver a los hombres como femeninos es malo. La segunda pata es la homofobia, el terror de los hombres a descubrirnos homosexuales, mientras las mujeres pueden bailar juntas sin complejos, a nosotros nos da pánico imaginar a otro hombre diciéndonos: “amigo, ¿bailamos?”. La tercera pata es el sexismo, educar a nuestros hijos e hijas bajo las premisas de varoncito y mujercita, azul y rosado, carrito y muñecas, “machito eres, no llores”, “compórtate como una dama”. Y la cuarta pata, es la heterosexualidad compulsiva, mientras más mujeres e hijos/as tenemos, nadie puede dudar de nuestra hombría y virilidad, conversamos casi todo el tiempo de sexo y mujeres, de amigas y pretensiones sexuales, de prostíbulos y shows de table, hablamos un montón de idioteces que insultan a la sabiduría. Estas cuatro patas a su vez, sostienen la plataforma de la mesa: arriba, el poder, el dominio sobre el cual se asienta la supuesta supremacía del hombre, entonces, el modo de seguir ostentando ese poder es la violencia, disimulamos nuestra imbecilidad con agresividad, así es como queremos preservar el dominio, sin caer en cuenta cabal de las aterradoras consecuencias.

Entre enero y diciembre de 2014, según datos de la Policía Boliviana, 104 mujeres fueron asesinadas por un hombre. Creo sinceramente que, nadie, en su sano juicio, quisiera que esto le ocurra a nuestras madres, hijas y hermanas, pero piense que realmente no están a salvo. “Mañana puedo ser yo” decían las feministas callejeras en Sucre, esa es la verdad. Otros datos muestran que del total de casos de agresión contra las mujeres, el 75% se trata de violencia sexual, donde cualquier hombre es un peligro. Todavía recuerdo destrozado, la muerte de una pequeña de pocos meses, cuyo vaso sanguíneo explotó por la violación de su propio padre, o el caso más reciente del bebé Alexander y todo cuanto este terrible suceso está develando. No me cabe en la cabeza que exista gente capaz de tales atrocidades; pero la verdad es que hay gente capaz de esto, así como hay gente capaz de bombardear pueblos inocentes (léase gobierno de Israel) o apretar un botón y desaparecer ciudades enteras (léase gobierno de EE.UU.).

Frente a estas adversidades, como la política también se hace desde las calles, tenemos que reconocer a las luchadoras que salen a gritar BASTA, basta porque ya son más de 10.000 años de silencio y de muertas que siguen muriendo cada día, para decir que ha llegado la hora de decidir sobre sus cuerpos y de ejercer sus derechos plenamente. De a poco, también empiezan a surgir, como yo, hombres que queremos acompañar esta lucha, que nos damos cuenta que el machismo es una mierda, que asumir el rol de proveedor muchas veces nos aleja de la familia, nos vuelve seres que creemos que amar es dar plata y no afecto, mientras pasa la vida y el tiempo no regresa, como no regresan las oportunidades de ser parte de la educación de nuestros hijos e hijas, de los abrazos, besos y palabras de afecto que no dimos. Cuando nos damos cuenta de la violencia que perpetramos, tratando a las mujeres como objetos o mercancía, abrimos el horizonte para exorcizarnos de la mesa machista, entendemos que las mujeres no son nuestra propiedad sino nuestras compañeras, con las mismas capacidades y derechos. Estas personas de las que hablo, hombres y mujeres feministas, feministas inadvertidos/as, machistas arrepentidos/as, hoy estamos planteando una lucha, comenzamos a hablar sobre despenalización del aborto, sobre ejercicio pleno de derechos sexuales y derechos reproductivos, sobre Estado laico y garante de los derechos de todas y todos.

En contra sentido, salieron también las religiones a decir que el aborto es pecado, que la pastilla del día después es pecado, que el matrimonio homosexual es pecado, esas son sus ideas pero, no debemos olvidar que vivimos en un Estado Laico, que en consecuencia el Estado está obligado a legislar y garantizar derechos a las personas independientemente de su religión. Que así como heterosexuales tienen derecho a una familia, deben tener ese derecho las personas homosexuales, que así como algunas mujeres tienen derecho de ser madres, otras mujeres deben tener derecho a elegir si desean o no ser madres, que así como los hombres tienen la obligación de acudir al centro de servicio militar, otros hombres deben tener derecho a no ir a enfrentar al palito de abollar ideologías.

Por todo esto, tenemos que aceptar la descolonización y la despatriarcalización como perspectivas de una nueva humanidad, sostengo la tesis de que si usted no asume una posición frente a lo que está pasando, mañana tendrá que poner –nadie lo quiera– su mesita de todos santos en honor a una familiar víctima de aborto clandestino o de feminicidio, si usted no se politiza, si usted no aprende de los errores, seguirá siendo cómplice de estas historias marcadas por la desgracia. La revolución es aquí y ahora, aquí en la casa, aquí en la sociedad, aquí en Bolivia. Y ahora, porque si no es ahora: ¿CUÁNDO?


* Joven integrante del “Movimiento Che” de Sucre. mauribus2000@hotmail.com

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