noviembre 27, 2020

“Unirse es la palabra de orden”

Si el legendario cantor protesta Carlos Puebla viviera, no habría dudado en modificar la letra de su afamado son a la O.E.A, para cantar: “Cómo no me voy a reír de Obama y la Unión Europea, sin cosas tan feas, tan feas que causan risa, ja, ja, ja, ja, ja.”

El lunes pasado el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, mediante un decreto de “emergencia nacional” señaló al mundo que la República Bolivariana de Venezuela representa una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y política exterior de los Estados Unidos”. Dos días más tarde, el Secretario de Estado de la administración Washington, John Kerry, solicitó al Congreso Nacional un permiso para que la Marina de su país pueda “intervenir militarmente sin ninguna limitación geográfica”, en otras palabras, que su ejército tenga la potestad de atacar a quién quiera, dónde quiera y cuándo quiera.

Las reacciones a este nuevo acto de matonaje imperial, que en este caso se dirigen directamente contra el pueblo venezolano y de paso desafían a todos los países de nuestro planeta llamado Tierra, no se hicieron esperar. Como era de suponer, el Parlamento Europeo, haciendo eco de los alaridos del amo, el día martes aprobó una moción condenatoria contra Venezuela por “violación a los derechos humanos”, cosa que hasta hoy no hacen respecto al genocidio en Ucrania por parte de las fuerzas nazistas gobernantes, ni menos aún con el caso de los 43 estudiantes indígenas y pobres detenidos, secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos en Ayotzinapa, México, por causa de los vínculos entre el narcotráfico y la política.

Sin embargo, lo más trascendental ha sido el ferviente respaldo a la gestión de Maduro, en la necesidad de salvaguardar la soberanía del país, por parte de presidentes como Rafael Correa (Ecuador), Daniel Ortega (Nicaragua), Raúl Castro (Cuba), Cristina Fernández (Argentina), Evo Morales (Bolivia), entre otros, a los que cabría añadir los cancilleres de Rusia y China. Y es que, ¿resulta creíble que un país de unas decenas de millones de habitantes, sin armas nucleares ni misiles estratégicos, pueda constituir un peligro para la seguridad de la mayor potencia imperial que ha habido en la historia humana?

La respuesta de nuestro país ha sido enérgica y el hermano Evo preguntó en voz alta lo que pocos mandatarios se atreven a decir: “¿será que [EE.UU.] es enemigo de la soberanía política, enemigo de la paz o no quiere que los pueblos se transformen?”. Asimismo, antes de ayer hizo su propia advertencia al emperador: “si Obama no quiere encontrarse con la horma de sus zapatos, antes de la Cumbre de las Américas (abril) que pida perdón a América Latina y en especial a Venezuela”.

Las organizaciones políticas y sociales también demostraron su repudio, al mediodía del jueves, frente a la Embajada de EE.UU. en Bolivia, continuando con la intensa campaña de denuncias que a través de la televisión y medios radiales se realizaron en la semana en apoyo a la Revolución Bolivariana, y donde el punto más alto lo dio una fructífera conferencia de prensa, llevada a cabo en la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela, que contó con la presencia de los embajadores de Nicaragua, Ecuador, Cuba, Argentina y Uruguay.

A Venezuela se le intenta agredir por su petróleo y porque ha decido hacer una Revolución Socialista. Pero, ¿se da cuenta cómo la solidaridad con ese valiente pueblo se va multiplicando? Ante un escenario similar, hace casi un siglo y medio, José Martí advirtió: “Unirse es la palabra de orden”.

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