noviembre 24, 2020

Ciencia y acontecimiento

El debate sobre lo que se considera o no científico ha marcado a una buena parte de la filosofía, y en consecuencia el balance de lo que se denomina “ciencia” precisa necesariamente de una breve descripción histórica.

Para una parte del racionalismo (representado por Descartes, Spinoza y Leibniz), la principal fuente y prueba del conocimiento se lograba a partir del razonamiento deductivo, es decir, en la colección de evidencias que permitan construir axiomas racionales.

Para una parte del empirismo (representado por Bacon y Locke) la principal fuente y prueba del conocimiento es la percepción. Se criticaba a los racionalistas (a una parte de ellos) por su “fe” en la razón.

Tanto racionalistas y empiristas discutían respecto al valor y certeza del conocimiento, y en consecuencia remitían sus discrepancias al método con el cual se construían estas verdades.

En este debate, lo que se denomina “ciencia” tomó dos cauces: la denominada ciencia formal, y la denominada ciencia fáctica. La primera es estudiada por la matemática, la lógica y sus derivaciones; la segunda estudiada por un amplio abanico de disciplinas: física, biología, química, entre otras.

La ciencia formal es también llamada ciencia pura o en su versión pluralizada: ciencias exactas. Su objeto no es dado, sino construido por la misma ciencia formal. Tómese como ejemplo el número: unidad abstracta, vacía de contenido, pero condición de todo cálculo matemático. Los números son inteligibles, es decir son objetos de conocimiento intelectual.

La ciencia fáctica, en cambio, basa su objeto en una realidad externa o fáctica (de hecho) sobre la cual se puede aseverar (no sin revisar constantemente la proposición aseverada) una regularidad en esta realidad externa, a través de estrategias inductivas (observación). En este sentido la ciencia sería aquel dominio del saber que intenta otorgar certeza, verdad y seguridad sobre sus postulados.

Es indudable que la ciencia fáctica toma como base o modelo a la ciencia formal, es decir busca la certeza y universalidad de los enunciados de la ciencia formal, busca ser tan exacta como puede ser la formulación abstracta de la matemática.

Esta tensión que se genera en esta búsqueda de certeza y universalidad en las ciencias fácticas ha generado una serie de debates sobre qué es la ciencia. Desde el inductivismo ingenuo al falsacionismo de Popper, las ciencias fácticas han estado en el centro del debate epistemológico.

Imre Lakatos considera que el proceso de contraste experimental no puede considerarse aisladamente, que debe tomar en cuenta una dimensión compleja de la realidad, del objeto mismo de investigación, de esta manera Lakatos ha caracterizado estas discusiones sobre la ciencia y ha propuesto una estrategia de programa de investigación científica. Por un lado ha caracterizado una heurística negativa y una heurística positiva en el saber científico.

La primera (heurística negativa) tiene una finalidad conservacionista del saber científico, busca reprisar un núcleo duro de saber, esta actividad no sólo es evidente sino también necesaria en el trabajo científico; en tanto la segunda (heurística positiva) busca modificar el saber científico, generar nuevos hallazgos, y en consecuencia transformar este núcleo duro y a la vez ser innovador y propositivo. El desarrollo del saber, para Lakatos, depende de ambas estrategias, es decir depende tanto de la heurística negativa como de la positiva.

En este sentido el programa de investigación científica de Lakatos (2011) propone tres estatus de saber científico: regresivo, conservacionista y progresivo.

El primer estatus de saber científico supone una deconstrucción de las proposiciones científicas, evidenciar errores de las proposiciones y eliminarlos.

El segundo estatus busca comprobar la regularidad de las proposiciones científicas y en consecuencia instituir un campo de saber rígido y con un núcleo duro, generalmente éste es un saber reproductivo, un conocimiento que puede proporcionar saberes técnicos y en consecuencia coadyuvar al desarrollo tecnológico.

Finalmente el tercer estatus, tal vez el más apreciado, es el que propone, el que innova y genera un desarrollo científico, un desarrollo investigativo, una nueva posibilidad de generación de conocimientos.

Este tercer estatus es el que precisa del acontecimiento, de lo no previsible, de lo no esperado. La ciencia no podría progresar sin negarse constantemente a sí misma, a partir de nuevos descubrimientos, nuevos fenómenos inexplicables.

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