diciembre 4, 2020

Mansilla y su favor a la izquierda boliviana

Este jueves 26 se presentó en los espacios del MUSEF el libro: Una Mirada Crítica sobre la Obra de René Zavaleta Mercado, de H.C.F. Mansilla. Evento concurrido, donde asistieron personajes como Óscar Eid, José Quiroga y Samuel Doria Medina. Para los prejuiciosos: también encontré a gente de proclamadas ideas de izquierda y de variadas tendencias. Claramente había expectativa y, personalmente, no salí decepcionado.

Mansilla se ha propuesto con este libro, como comentó Fernando Molina, cuestionar a uno de los profetas de la intelectualidad de izquierda de nuestro país ¡Y es bienvenido! Lo único que lamento, es que este libro no haya sido escrito por uno de los nuestros. Esta era una tarea que debía ser realizada por la izquierda… Se trata de una empresa admirable la de Mansilla. Nada de esto quiere decir que yo coincida plenamente con las ideas que el autor plasma en su libro, pero la rebeldía, venga de donde venga, siempre me ha resultado aplaudible.

Y dada la magnitud del autor que se pretende criticar, se trata también de un libro emocionante, que nos obliga a pensar, dudar, reafirmar nuestras convicciones o admitir que no somos más que unos pretenciosos seguidores de las modas políticas e ideológicas del momento. Ya lo decía Zavaleta: “el rol del intelectual es dudar ahí donde nadie más duda”.

Pero basta de preámbulo, ¡les cuento lo que escuché! Tres críticas puntuales, de las muchas que fueron hechas a la obra del maestro Zavaleta y a toda su producción intelectual, me interesan: 1) No es democrática; 2) Es determinista; 3) Es esencialista. Las otras observaciones que se expusieron… su desprecio por toda idea de apariencia liberal o su fijación con la industria pesada como principal respuesta al subdesarrollo percibido, no me parecen tan relevantes…

Lo que pretendo ahora es responder o profundizar sobre las tres críticas señaladas:


a.    Sí, Zavaleta no era una demócrata. Escribió y murió antes de la caída del muro de Berlín y antes de que la democracia liberal se impusiera como el régimen político universal. No era el normativista preocupado por los procedimientos electorales o la vigencia del Estado de Derecho. Su preocupación principal era la emancipación de la nación boliviana a través de la acción nacional popular, particularmente, del proletariado.

    Y… ¡no tenía porqué serlo! Eran otros tiempos los de la Revolución Nacional y los de la Guerra Fría. Su comprensión del caudillismo como forma de entrar a la historia por parte de las masas desorganizadas o la necesidad de concentrar el poder para no perderlo no partía de fingidas posiciones moralistas o políticamente correctas. En ese sentido, y a pesar la falta de una metodología empírica señalada por Mansilla, Zavaleta era un científico, preocupado por la verdad y la verdad solamente.

    Esto no quiere decir que la izquierda no tenga nada que aprender respecto a este punto. Las experiencias de la Unión Soviética y Corea del Norte demuestran que el autoritarismo y la burocratización del poder no le han hecho ningún favor a ninguna revolución. Si la democracia liberal triunfó como paradigma político es porque se debe aprender algo de ella…

    Zavaleta, sin embargo, sí reflexionó sobre la democracia, aunque no desde una perspectiva normativista. A él le interesaba la dimensión conceptual de la palabra y sus consecuencias sobre el conocimiento de la realidad. Llegó a admitir, incluso, que ésta es parte de un prejuicio popular que envuelve a toda la sociedad como “una condición universal”. Es decir, un requisito para la existencia del capitalismo, la de encontrar en el mercado al obrero libre y dispuesto a vender, voluntariamente, su fuerza de trabajo.

b.    El determinismo señalado sí es, por otra parte, menos cuestionable. Aunque Zavaleta aún estaba vivo cuando Brasil comenzó a perfilarse como un caso exitoso de industrialización capitalista, seguía insistiendo en que el mundo ya se había repartido entre aquellos países imperialistas y los que, por llegar tarde, estaban condenados a vivir en la periferia o liberarse a través de socialismo.

    La experiencia de los BRICS nos demuestra ahora que un país inicialmente subdesarrollado puede pasar a una mejor condición sin necesidad de una revolución socialista y que nada está dicho en el concierto mundial. Unas potencias caen para que otras se levanten y Latinoamérica no está condenada a ser el furgón de cola del imperialismo estadounidense. El socialismo, aparentemente, no es la única salida posible…

    Así, la frase de “Bolivia será socialista o no será”, como dijera Zavaleta en: Formación de la Conciencia Nacional, debe ser meditada. El éxito de los últimos años no es atribuible a una socialización de los medios de producción sino a la nacionalización de un recurso natural.

    ¿Es el socialismo, tal como se lo imaginó a principios del siglo XX, una respuesta? Pregunta obligada…

c.    Sobre su esencialismo, sus posiciones dicotómicas y binarias respecto a nación–anti nación, sobre la naturaleza entreguista y anti patria de toda oligarquía… bueno, al parecer, este razonamiento demostró, en los hechos, superar todo prejuicio. El hecho de que haya tenido que ser un campesino indígena de Orinoca el que pusiera un alto a la injerencia estadunidense en la política interna del país demuestra que había algo esencialmente falto de soberanía en la antigua clase política.

    Sin embargo, no resultó ser el proletariado minero, el sujeto principal de la reflexión zavaletiana, el autor de esta liberación nacional, sino el campesinado, que fue muy poco analizado por el maestro. Por ello, esta crítica al esencialismo, también debe ser considerada…



Por supuesto, la crítica de Mansilla es más amplia que los tres puntos expuestos durante la presentación. Pero son estos nodos políticos, y no tanto los académicos, los que deben ser considerados, reflexionados y respondidos.

En el fondo, el libro de Mansilla expresa una contradicción irresoluble entre aquellos que, consecuentes con su forma de pensar, se inclinan hacia el liberalismo como filosofía política para la construcción de una mejor sociedad; y aquellos que aún creen en la emancipación del proletariado, las clases subalternas y la humanidad mediante procedimientos revolucionarios que precedan un mundo socialista o, por lo menos, post capitalista.

Casi al final de su presentación, Molina cuestionaba al público: “¿quién va a meterse con el profeta?” Mansilla lo hizo, y debe ser aplaudido, porque su libro es una provocación que nos obliga a pensar y a responder por qué las experiencias autoritarias del socialismo real terminaron como terminaron. Por qué el capitalismo, con todas sus contradicciones y crisis desde principios de este siglo, aún no se cae. Por qué la democracia liberal es la filosofía política universal y la calificación más prestigiosa hoy en día. Nos obliga a pensar más allá de la consigna repetitiva y disciplinada, propia de simios entrenados.

Mansilla se enorgullece de ser el que dice aquello que la gente no quiere oír, Zavaleta exhortaba a pensar ahí donde nadie piensa… la lección es clara: pensar por moda… no es pensar…


*    Carlos Moldiz, es un joven politólogo boliviano.

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