noviembre 26, 2020

Desmenuzando Opiniones

Economistas como Juan Antonio Morales y Gonzalo Chávez, en sus recientes publicaciones dejan entrever que pudieran tener la razón en cuanto a lo que le depara a la economía nacional; opiniones concordantes con las de otros políticos que continúan vaticinando, desde 2006, que el final de los tiempos ha llegado.

Ex analistas y ahora candidatos de partidos, resabios de las décadas perdidas, aunque menos creíbles continúan con argumentos agoreros, esperando que por tanta repetición algo se haga realidad. Desmenuzando de manera mesurada estas aseveraciones y cotejando algunas de sus hipótesis, se puede observar lo siguiente:

Desde las elecciones de 2005, el armamento “intelectual” de aquellas huestes que no se resignaban a perder el poder, decían que sí un gobierno socialista llegaba al Palacio Quemado el país estaba destinado a la catástrofe, se decía que la riqueza de las personas se iban a quitar y repartir entre los allegados al gobierno, que la nacionalización no serviría y la inversión extranjera huiría del país, también que no había gente profesional capaz de llevar adelante al país y que el fantasma de la hiperinflación estaría retornando del pasado. En suma según sus opiniones todo estaba predestinado a un rotundo fracaso.

Aunque esas sentencias carecían de argumentos académicos sólidos, de manera irresponsable y apoyados en políticos transgredidos, se propusieron como objetivo generar expectativas negativas en los agentes económicos nacionales e internacionales a como de lugar, finalmente no se podía permitir que los doctores en economía fracasen en sus predicciones.

En efecto, a partir de experimentos de agio y especulación en los precios de productos como el aceite, azúcar, carne y otros, así como arremetidas verbales, entre esas “corralitos financieros”, fueron el condimento de las predicciones durante 2008 – 2012.

Como todo lo anterior no tenia fundamento, en los últimos dos años empezaron a comentar sobre la bonanza; sin embargo, como lo bueno no puede venir de un indígena o de políticas sociales en bien del país, empezaron a pregonar que los buenos resultados se debían a lo realizado por los gobiernos de turno de los 80’s y 90’s y a la suerte de los precios internacionales de las materias primas, sin dar el menor crédito a la gestión y la política económica que se lleva adelante actualmente.

Su análisis omite que en el pasado la inversión publica era incipiente (menor a los $us 600 millones) y la inversión extranjera en el apogeo de la capitalización alcanzó apenas a $us 1.024 millones, por el contrario la mayor parte del negocio estratégico del país fue subastado a precio de gallina muerta, que la deuda publica llego a cerca del 90% del PIB, que no se podían pagar sueldos, aguinaldos y menos incrementos salariales y que la pobreza en lugar disminuir cada año aumentaba.

El mercado internacional en los últimos años viene presentando caídas significativas de los precios de hidrocarburos y minerales, y aun así la economía nacional continuará creciendo este 2015 (5,0%), por encima del promedio de América Latina (1,3%), puesto que no es nada nuevo el enfrentamiento que hace Bolivia a los vaivenes de los precios de materias primas.

Por tanto corresponde al amable lector sacar sus propias conclusiones.


* Economista

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