noviembre 28, 2020

El voto castigo

El llamado “voto castigo” como demostración de rechazo a un candidato, se sostiene en que se es militante de una tendencia política pero se “castiga” a la misma por alguna razón que justifique estar en contra de sus propios intereses. El mejor ejemplo fue cuando los mineros votaron por un dictador en los años 80.

El proceso de cambio, no es una persona, viene construido desde inicios del año 2000, es un programa de gobierno y en esa medida el “voto castigo” adquiere otra connotación en tanto permite retrasar los cambios necesarios que faltan, especialmente en los departamentos con mayor población como La Paz y Santa Cruz, pero sobre todo son los municipios, los que requieren mayores transformaciones.

Muchos departamentos y municipios no tienen la capacidad económica para superar sus limitaciones de ingresos, por eso requieren un apoyo del nivel central de gobierno que, como señalamos antes, se basa en un programa de gobierno, en un planteamiento político y una ideología económica y social, que se encuentra asentada en la redistribución.

Muchos gobernadores y alcaldes que fueron elegidos tienen otro pensamiento, quieren volver a los tiempos del neoliberalismo. El llamado “voto castigo” expresado en algunos municipios es pues un apoyo directo a las políticas neoliberales, el caso más significativo es la ciudad de El Alto, cuya población se movilizó para terminar con el neoliberalismo y hoy, a través del voto, ha decido que los alumnos de Gonzalo Sánchez de Lozada retornen a la alcaldía.

La historia es una constante disputa entre diferentes formas de pensamiento y los hombres que defienden esas ideas. A veces no existe coherencia entre las palabras y las obras, un ejemplo es la transparencia; cuando no existe transparencia la población desconfía de sus gobernantes, por eso hablamos de una falta de consistencia ideológica, porque no se hace como se piensa ni se dice qué se piensa.

En estas elecciones hemos puesto a prueba nuestra consistencia ideológica y el resultado es que muchos han traicionado sus principios y sus organizaciones para apoyar proyectos personales. Por ello podemos afirmar que el proceso de cambio se encuentra en peligro, porque sus actores principales se han dividido (una vieja práctica imperial de dividir para vencer) y se prestaron a esa estrategia que ocurre en toda la América Latina.

Las ideas políticas tienen dos grandes corrientes, una a favor de la mayoría de la población y otra que solamente apoya a sectores pequeños con un gran capital económico, esto es así desde que pocos se adueñaron de los bienes colectivos.

El “voto castigo” castiga a los que menos tienen, porque las políticas sociales se paralizan, la riqueza se vuelve a concentrar en pocas manos y los negocios privados se llevan toda la riqueza. Durante cinco años veremos a los viejos políticos que desde las sombras de su pasado pretenden frenar este proceso.

Ahora será el tiempo de la verdadera militancia del cambio, de revisar nuestras fortalezas, de tener la templanza para recuperar lo perdido y por sobretodo de no claudicar jamás a nuestras convicciones.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino.

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