noviembre 25, 2020

Horizontes subnacionales: reflexiones postelectorales

por: Boris Ríos Brito

El MAS ha perdido espacios, no por un proyecto político alternativo que lo sustituya, pues la cómica derecha boliviana no lo tiene. Los ha perdido por un conjunto de deformaciones, errores y soberbias más locales que generales, pues Evo, que representa el cambio en su acción militante y en su disciplina personal, viene de aplastar a la derecha con más del 60% en octubre pasado. Los casos más sobresalientes son los municipios de La Paz, de El Alto, de Oruro y de Cochabamba, así como la gobernación de La Paz en base a datos aún no oficiales. Vale apuntar que pese a todo y siempre en conteo rápido, el MAS tiene la mayoría de 8 de las 9 asambleas departamentales, menos la de Santa Cruz; sin el MAS no se podrá gobernar en los departamentos.

Propongamos, apropósito del Socialismo Comunitario y estas elecciones, señalar algunas consideraciones.

I

Un grave error, como alimento de la derrota electoral, se encuentra en el triunfalismo ligado a un electoralismo que hizo que el MAS se pierda en la democracia representativa liberal y termine desplazando a las democracias: comunitaria, popular, de la calle, de las asambleas, en fin, a la democracia de la movilización, mermando la capacidad política de la gente y reduciéndola al acto del voto y engendrando, en esta dinámica, reinados locales en donde muchos de los jefes departamentales del MAS hicieron y deshicieron en las elecciones subnacionales, sin respetar a las organizaciones y movimientos sociales; esto es la deformación burocrática de ciertas cúpulas departamentales que parieron a su vez a un sindicalismo burocrático separado del sentir de sus bases y contrapuesto al “ser” del proceso de cambio, es decir, al actuar y decir consecuentes.

No sólo se pusieron candidatos a dedo sino que se dejó el proyecto político de lado, pues éste representa polarización con los intereses de la derecha liberal y fascista acostumbrada a vivir del Estado, así, se dejó de discutir desde abajo y se obvió la construcción del Socialismo Comunitario como parte ineludible del proyecto del proceso de cambio.

Ya antes, en las elecciones del 2014, se vio que en ésta lógica se sumaron votos viendo rostros y estamentos sociales antes que principios, moral y consecuencia y el resultado ya llamaba a la reflexión, pero no se reparó en este pragmatismo y se cometieron los mismos errores, sustituyendo la voluntad de las organizaciones y movimientos sociales con listas de aparecidos y agentes de lo neoliberal. No se termina de entender que el pueblo boliviano, o por lo menos la gran mayoría de él, no es masa electoral, sino sujeto de la política.

II

Por otro lado, y ya lo decía el Che, es imprescindible la organización, la movilización y la acción para fomentar la profundización de la politización en el pueblo y construir una sociedad alternativa, donde no prime la ley del valor, sino la solidaridad y el comunitarismo. De esta manera, son también las bases las que deben asumir su rol.

Por lo anterior, es necesario apuntar que en estos 9 años del MAS en el gobierno no se construyó un “público” (el hacer y practicar la institución pública) que venza lo “público” estatal liberal, lo capitalista, por eso, con sus excepciones y mayormente en lo local, se reprodujo la corrupción, la gestión deficiente, el empleado público que no se interesa en su trabajo y que también vive la inestabilidad laboral.

Aún no se llegó a la construcción de un armazón estatal que responda a otra lógica, que funcione, que razone de otras maneras no capitalistas. Esa es una tarea pendiente que tiene que ver con generar otra sociedad. Recordemos el debate del Che sobre la teoría del valor en donde éste plantea que la reproducción de la ley del valor con estímulos materiales se contraponen a la planificación económica, es decir, al control y supresión del mercado capitalista; no es posible pensar en el desarrollo de una nueva sociedad, del hombre y la mujer nuevas, jugando con las reglas del capitalismo.

En esta línea, es también necesario agendar la necesidad de entender si este proceso del capitalismo al Socialismo Comunitario –si es que es éste el horizonte asumido– requiere un tránsito de transición –la transición en términos marxistas– y si el camino optado es el correcto, pues, o se administra el Estado capitalista y éste te subsume o destruyes al capitalismo y construyes otra cosa: el Socialista Comunitario.

III

Lo subnacional ha surgido como posibilidad de articulación de la derecha gracias a las debilidades locales del proceso de cambio. La derecha, que hoy canta victoria –por aparentemente salir victoriosa en otrora espacios departamentales y municipales del MAS–, buscará una gestión tecnocrática, pidiendo al gobierno que resuelva todo y mirando a las elecciones nacionales de 2020. Aunque es también necesario apuntar, como diría un compañero, que algunos de los y las candidatas electas de la oposición no alcanzan para vestir un liderazgo nacional y que es muy posible que sus capacidades de gestión no respondan a las demagogias de sus propuestas electorales y se vayan debilitando más temprano que tarde.

Queda la duda si la derecha tendrá la capacidad de no caer en sus viejos hábitos y puedan llegar intactos al final de sus gestiones consensuando una propuesta, o llegar, como siempre, a una guerra sin cuartel entre egos y sin consolidar un proyecto que relegue a lo hasta ahora conseguido por el bloque social revolucionario indígena, originario, campesino, obrero y popular. Ahí valdrá la pena evaluar cuál es el sustento social y político de estas candidaturas y si podrán sobrevivir a sus demandas sin mermar sus imágenes; por ejemplo, Leyes en Cochabamba se abrazó con los transportistas gracias a que éstos se oponen a un transporte masivo más barato y estatal. ¿Qué pasará cuando Leyes deba cumplir sus compromisos con los transportistas postergando las demandas de la ciudadanía?

Este escenario nos muestra que no es un tema de equivocación de líderes o renovación de los mismos, o por lo menos no se reduce sólo a esto, sino al debilitamiento de la forma campesina, indígena, obrera y popular de hacer política y su proyecto: el Socialismo Comunitario.

Si es que los sectores populares, indígenas, campesinos, originarios y obreros asumen la necesidad de recuperar/fortalecer su rol histórico deben refundar el Instrumento Político para eliminar las corrientes oportunistas, de la renovada “burguesía”, de los desclasados, de los folkloristas que no entienden lo indígena, de los neoliberales, de la gran empresa privada y otras por el estilo, para dar espacio a las mujeres y hombres revolucionarios bajo un sentido de acción y disciplinas militantes y en la gestión de planificación económica y de gestión popular de rechazo al peguismo, a la corrupción y de hacer a un lado a los traidores.

El MAS ha sido golpeado electoralmente, los votantes le están diciendo algo y este es el mensaje cuando se ha ido debilitando el proyecto político e histórico y por qué no decirlo: el Socialismo Comunitario como posibilidad y horizonte social y político. No se juega una sigla, sino la aspiración de millones de hombres y mujeres que se movilizaron, que se enfrentaron al neoliberalismo, al sistema de partidos, al ejército y a la policía por un cambio, por una sociedad más justa, por mejores oportunidades, contra la discriminación, el machismo, el colonialismo y la explotación. Ahora la voz, y no sólo la papeleta, la tienen ellos.

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