diciembre 2, 2020

La desgracia de no escuchar al pueblo

Para nadie que me conoce o haya leído mis artículos de opinión, le es desconocido que, desde muy temprano en mi vida, he militado en la izquierda, de manera abierta y comprometida. Aclaro esto a propósito del análisis que sigue y me curo en sano de las opiniones ligeras que usan la lógica del “si no estás conmigo, estás contra mí”. A partir de ahí, como siempre ha sido una constante en mi vida, jamás embargaré ni mi voz ni mis principios, ya que no seré una oveja complaciente aplaudiendo todo, porque mi experiencia me ha demostrado que no existe nada más dañino que negar la realidad. En éste caso, la realidad está siendo tan contundente, que negarla sería algo muy parecido a la necedad.

Los resultados del domingo 29 son absolutamente reveladores y demuestran que los errores cometidos por el partido gobernante son fruto de una lógica perversa, signada por la ceguera del poder omnímodo y la soberbia asociada al desinterés (¿o indiferencia?) por conocer lo que palpita en el corazón del pueblo, al cabo de casi diez años en el poder. Porque el pueblo tiene sus formas de hablar, sus maneras de cabrearse, sus indicios de hastío, que jamás una fuerza política debe ignorar. El pueblo boliviano es muy maduro políticamente; no se lo puede menospreciar y mucho menos, ignorar o engañar. Luego de más de treinta años de democracia, no se traga cualquier cuento; llegar hasta aquí le ha costado sangre, no ha sido fácil. Por eso hay que respetar su voz.

La triple derrota en el departamento de La Paz ya fue comentada en mi anterior artículo [1]; llama la atención de manera especial que sea un partido de derecha clásico que haya ganado en El Alto; sin embargo, aquí reafirmo lo que también expresé en el mentado artículo y es que los alteños y alteñas no han votado por UD, han votado, de manera personalísima, por Soledad Chapetón; es la personalidad de esta joven alteña –que proyecta una imagen de frescura y transparencia– la que sedujo al electorado, en contraste con un candidato, no solamente marcado por posibles indicios de corrupción, sino por una ineficiente gestión. Mucho contraste, victoria segura.

La Gobernación de La Paz, ahora en manos de un antiguo correligionario masista y con aspiraciones presidenciales, pero sobre todo, con un discurso incluyente que recupera mucho del simbolismo que el MAS ha dejado atrás –olvidando que es precisamente este simbolismo e ideología lo que lo llevó a marcar la diferencia de una gestión distinta, donde era posible hacer una amalgama entre la izquierda marxista tradicional de partidos, con la fuerza del movimiento indígena originario campesino, con todo su bagaje ancestral de sabiduría colectiva–.

Otro error enorme (una gran torpeza diría yo), la maniobra del TSE contra los candidatos benianos, que inclina la balanza de manera absolutamente desfavorable hacia el MAS y configura una resistencia innecesaria que no le hace nada bien, ni a la democracia, ni al gobierno.

La segunda vuelta en Sucre es la respuesta a una negativa a escuchar el clamor popular, pero también es una muestra ineludible de la descomposición y fragmentación al interior del partido gobernante y sus movimientos sociales, que no ha sido atendida oportunamente, o ha sido ignorada, que es peor.

En suma, el domingo pasado, el pueblo ha hablado y fuerte. Ha dicho a viva voz que está harto; que no tolerará ladrones ni mentirosos; que si el gobierno ha olvidado el ama sua, ama llulla, ama k’ella, ellos, no sólo no lo han olvidado, sino que exigirán su cumplimiento. A todos.

Se ha dicho que los resultados son “normales”; que las elecciones subnacionales jamás reflejan el sentir nacional; que el MAS a nivel nacional está intacto; que estos resultados no mueven ni un pelo de la enorme fortaleza del MAS como partido hegemónico a nivel nacional. Verdades a medias. Que el partido de gobierno es hegemónico y que no existe, por el momento, ninguna fuerza política con la magnitud de su presencia nacional, evidente; que el partido esté intacto, no es cierto. Prueba clara de esto es que las pugnas internas por el poder local han sido tan fuertes que se han elegido mal a los candidatos, sin consenso y he aquí los resultados. Que las subnacionales no reflejan el panorama político real a nivel nacional, no estoy muy segura. Mi percepción es que, más bien, estas elecciones reflejan claramente una enorme falencia del MAS, la ausencia de liderazgos regionales. Obviamente, Evo no tiene rival, pero el MAS confronta duros problemas a la hora de encontrar liderazgos regionales y he ahí la cuestión importante. Porque los liderazgos locales, son fuertes y pueden llegar a ser nacionales. Quién no me crea, piense en la reelección de Costas en Santa Cruz o Revilla en La Paz.

Lo cierto es que hay, por lo menos, desilusión sino enojo, porque hay muchas preguntas que jamás han sido respondidas, porque se actúa sin transparencia, de espaldas al pueblo; porque se miente flagrantemente y nadie se cree los engaños; porque se defiende lo indefendible y se apoya “incondicionalmente” lo imposible. Porque deciden los que nunca fueron y los que siempre fueron están ninguneados, maltratados, irrespetados, olvidados. La lógica al revés. Porque la angurria de poder, la lógica prebendal, ha carcomido todas las instancias del gobierno y así también ha minado la reserva moral que se suponía eran las organizaciones sociales, que representaban al Soberano.

Y hay algo mucho más grave aún, y es que estamos entendiendo la hegemonía como que nadie tiene derecho de hacer frente a lo constituido; estamos olvidando que uno de los supremos valores de la democracia es el disenso, es la autocrítica, es el aprendizaje continuo, es la construcción colectiva desde abajo, escuchando al pueblo al que se juró servir. Los gobernantes no son amos, son servidores públicos, su deber es servir. Pero suben al poder y se olvidan del pueblo que los eligió. Solo son masa votante, utilizada de la peor manera, al más puro estilo de los partidos clásicos de la derecha a quienes tanto hemos criticado. La diferencia es que el pueblo no se olvida, tiene muy buena memoria y cobra la factura. Tarde o temprano, en las urnas, de manera democrática, o como en 2003, a través de acciones violentas que cobran vidas, que dejan dolor y muerte… El pueblo jamás olvida.

Estas subnacionales han dejado salir a relucir los errores del proceso en toda su dimensión. Sólo quedan dos caminos: o se limpia la casa y se ordenan las prioridades y se reinventa la manera de hacer política como se debe, escuchando al pueblo, o más temprano que tarde, ésta deuda será cobrada fatalmente.

El mayor y más importante mensaje es que urge la reconducción de un proceso de cambio que fue en sus inicios modelo para toda nuestra América y que hoy muestra fisuras y errores que no es posible seguir cometiendo. Y para empezar, un poco de autocrítica y humildad desde la cúpula gobernante no nos vendría nada mal.


1 Elecciones subnacionales en Bolivia: el dilema de ser o permanecer. La Época nº 664, 22 de marzo de 2015.

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