diciembre 3, 2020

Los archiveros del incario – Raíces de la archivística boliviana

Como toda ciencia, la archivística boliviana tiene sus precursores. Sus orígenes se remontan a la época prehispánica y a la colonial. En una serie de artículos iremos abordando estos temas, desconocidos tanto para los especialistas como para el lector común.

La historia de Abyayala o América se caracterizó por la construcción de una formidable memoria administrativa e histórica, que ha alcanzado notable desarrollo en Mesoamérica y los Andes, donde quipucamayoc y amautas lograron desarrollar una amplia y sólida infraestructura documentaria y archivística, atesorado en los quipus, aquellas cuerdecillas de distintos colores, grosores, fibras y tamaños, con los que el Inca logró un control preciso de la información acerca de los negocios del Imperio, complementado por una impresionante red vial incaica, el Qhapajñan.

Pachacutec Yupanqui, el noveno inca, fue el gran organizador del Imperio. Derrotó a los Chankas en las batallas de Cusco, Ichupampa y Yawarpampa, hecho que le valió el reconocimiento de su padre, que lo nombró su sucesor. En su reinado de 30 años logró expandir el Imperio, sometiendo a diversos reinos, lo organizó en cuatro suyos o territorios, reformó el sacerdocio, reorganizó el ejército, edificó el templo del Sol, reconstruyó el Cusco, modernizó la administración del Estado con el establecimiento de una casta de administradores y un minucioso sistema de estadísticas sobre la base del quipu, fortaleciendo la red vial incaica en la que construyó pukaras, tambos y templos. [1]

El Inca conquistó un vasto territorio en base a alianzas interétnicas, doblegando naciones indígenas, a las que logró confederar para levantar un imperio. Pero fue el poder de la información lo que le facilitó la tarea. Uno de los historiadores incas llegó a decir: “Qué sería si dominaran la palabra, si con el quipo ni un par de alpargatas puede esconderse a los ojos del Inca”.

Fueron responsables de administrar el sistema contable del quipu y la memoria histórica. Tenían presencia en todos los confines del Incario, desde la Pacha (unidad social de 100 familias), hasta la Marka o ciudad inca. Eran apoyados por auxiliares encargados de transportar el quipu: los qachas (mandaderos) y chasquis (mensajeros). El quipu se elaboraba en cuerdecillas anudadas de fibra vegetal o animal, en varios grosores, tamaños y colores, los cuales denotaban un significado; estaban destinados a registrar información estadística, demográfica, económica y de otros rubros de la vida social y económica (población, ejército, hombres en edad deservir en la milicia, infantes, mujeres, adolescentes, ancianos, cantidad de tejidos y cerámica, etc.).

El quipu se trasladaba anualmente desde las pachas y markas hasta el Cusco, ocasión en la que eran centralizados. En ocasiones sagradas y días festivos, el quipu era decodificado y sintetizado por los amawtas, responsables de elaborar la historia oficial del Incario. Quipucamayoc y amawtas, eran ancianos que formaban la sexta y séptima calles en la nomenclatura del ciclo de vida que elaboró G. Poma de Ayala. [2] La capacidad de almacenaje del quipu era de 20 años, pero el amawta podía retener los fastos de hasta 500, sin faltar a la cronología de los hechos.

Los quipucamayoc y amawtas pertenecían a la panaca real (o ayllu de los Incas) y estaban exentos de pagar el tributo o realizar otras obligaciones; por tanto vivían a expensas del Inca. [3] Eran seleccionados por su excelente memoria y entrenados para usarla. Había especialistas en las diferentes categorías de los quipus. El método de transmisión del conocimiento era el de la endo-educación, pues el quipucamayoc enseñaba a su hijo, éste a su vez al suyo, y así sucesivamente “de manera que la preservación e interpretación de los valores tanto evidenciales como informativos de los documentos se conservaba indefinidamente junto con los quipus mismos”. [4] Los amawtas elegían a sus sucesores: “tenían cuidado grande de los enseñar a sus hijos y a hombres de sus provincias los mas avisados y entendidos que entre todos se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabían otros, de tal manera que hoy día entre ellos cuentan lo que pasó ha quinientos años como si fueran diez”. [5]

Gracias a la Historia se ha recogido algunos nombres de algunos de ellos. Amaro Toco. Amauta; estudió los Archivos de quipus históricos de Cuzco y Sacsahuana, empleados en sus discusiones filosóficas para demostrar la imposibilidad de los hombres “nacidos de hombre y mujer”, de ser dioses, y la anécdota histórica “sobre las reinas viudas que se retiraban al Acllahuasi y llevaban una vida de obediencia y sumisión”. [6] Catari, “El Viejo”. Cacique y antiguo Quipucamayo de los Incas, hijo de quipucamayos y descendiente de Illa, “el inventor de los quipus, en la época de Mayta Capac”. Conformó el más importante Archivo civil de quipus históricos, referido a leyendas y noticias históricas, que le fueron transmitidas por sus padres y abuelos hasta llegar a su antecesor Illa. Afirma que los quipus fueron inventados “para hacer historia”. En sus archivos refiere la genealogía de Manco Capac, así como el mito del surgimiento del Inca y su coya, Mama Ocllo, de la isla del Sol. Este antiguo quipucamayoc nació en Kanata, Cochabamba. [7] Luis y Francisco Yutu, antiguos quipucamayos. Sus quipus, junto a los de Juan Huallpa y Diego Roca, fueron utilizados por Blas Valera como cita para atestiguar que los Incas no adoraban al demonio, para afirmar que “los primeros pobladores del Perú no adoraron ídolos ni estatuas sino tan sólo las luminarias del cielo y las estrellas”. [8]

Un pasaje histórico permite comprender el alcance del valor estratégico de la información inca. Luego de tomar el Cusco, Atahuallpa ordenó a sus generales quemar los grandes archivos de quipus históricos, y “matar a todos los quipucamayocs que pudieron haber a las manos y les quemaron los quipos diciendo que de nuevo habían de comenzar” [9]

Felipillo, informante de la época de la invasión española, fue el traductor del proceso y suplicio de Atahuallpa del que se afirma tergiversó la versión del Inca por el odio que le tenía. Recogió la historia de la prisión del Inca, la respuesta que dio a sus captores, así como “la cifra de los muertos que señala en cinco mil y el valor del rescate del Inca”, que fueron registrados “por la tradición de los quipus de Cassamarca, donde pasó el hecho”.


* Historiador, docente universitario y director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

1 José Roberto Arze, 1991: Diccionario biográfico boliviano. Figuras centrales en la historia de Bolivia. La Paz, Amigos del Libro.115-116.

2 Guamán Poma de Ayala, 1993: Nueva Coronica y Buen Gobierno. México, Fondo de Cultura Económica. 3 tomos.

3 Raúl Porras Barrenechea, 1973: Mito, tradición e historia del Perú. Lima, Retablo de papel ediciones.

4 Mendoza Loza, 1982: Informe del Programa de Archivos y Documentos Públicos de Bolivia. Cochabamba, Centro Portales (mimeo): 33.

5 Cieza de León, 1945: La Crónica del Perú. Buenos Aires, Espasa Calpe, 246 p., XI: 40.

6 Raúl Porras Barrenechea, 1953: Fuentes históricas peruanas, Lima, Instituto Raúl Porras Barrenechea, p. 128.

7 Ibid, p. 129; Porras, 1986: Los cronistas del Perú, 1528-1650. Lima, Banco de Crédito del Perú, p. 499-500.

8 Porras, 1953: 128; Porras, 1986: 499-500; Benzoni, La historia del mundo nuevo. Casracas, Biblioteca de la Academia Nacional de Historia.

9 Porras, 1953: 130, 134.

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