diciembre 5, 2020

Post scriptum

por: Manuel Canelas

Aviso a navegantes entusiastas

El domingo pasado se llevaron a cabo elecciones en el nivel subnacional: gobernaciones y alcaldías. Estas sirven para medir diversos aspectos del campo político; no hablamos de elecciones en Marte. En algunas ocasiones, no sin muchos matices, elecciones de este tipo pueden ser leídas como un mensaje al Gobierno Central. Esto siempre resulta algo impreciso ya que la gente, cada vez más, va teniendo criterios diferenciados para las distintas citas con las urnas. Cada vez entendemos mejor qué necesitamos de un alcalde o qué le exigimos a un jefe de gobierno nacional.

Es por esto que resulta equivocado el entusiasmo de algunos amigos, periodistas, analistas al extrapolar el resultado de ayer a lo nacional. Este entusiasmo es más bien una respuesta, equivocada y tardía, al enfado que les provocaron los resultados de octubre. Pensar que las elecciones del domingo pasado fueron un mensaje al Gobierno es más bien un deseo. Como decíamos antes, esta lectura a veces es plausible, no sin dificultades, cuando las subnacionales se producen cuando el mandato nacional lleva tiempo avanzado y éste atraviesa alguna crisis significativa. En nuestro caso, las elecciones generales han sido hace poco (el Gobierno inició la legislatura hace 2 meses) y las encuestas de aprobación del presidente Evo siguen en máximos históricos.

En este apartado de entusiasmos, hay algunas expresiones que provocan rubor, como ver a Doria Medina hablando de que El Alto ha perdido el miedo; si a alguien han tenido miedo últimamente los alteños ha sido a los socios noventeros de Samuel. O escuchar a Tuto (no por conferencia desde EE.UU.) diciendo que Evo sufrió un: “reverendo revés electoral del pueblo boliviano”. Si por un momento seguimos su ejercicio de sacar una lectura en clave nacional con seguridad los resultados que obtendrían las dos fuerzas políticas de estos señores estarían muy por debajo de sus ya modestos resultados de octubre pasado. La conclusión de esto podría ser algo así como: “el pueblo boliviano desahucia a la oposición”. Y no sería verdad.

Por último, cabe apuntar, de la mano de la investigación de Armando Ortuño, cómo vota la gente en municipios cuando decide proyectos nacionales:

En octubre pasado el MAS obtuvo más del 50% de los votos en 89% de los 339 municipios. Solamente en 12 municipios obtuvo menos del 40 %. Y el 58% de los votos de octubre provienen de áreas metropolitanas y ciudades intermedias. Así se rompe el mito de que el MAS no tiene un apoyo mayoritario en las ciudades.

Leyes como síntoma

Más allá de lo antes apuntado es obvio que hay mucho que reflexionar, analizar y discutir como partido. Los resultados de las elecciones no han sido óptimos y, sobre todo, arrojan algunas pistas que más vale tener en cuenta para el escenario que viene.

De todas estas pistas, señales, que entendemos nos dejó el domingo, me gustaría hacer un par de reflexiones en torno al significado de la victoria de José María Leyes. Me decía Sergio de la Zerda que no había que descartar que la difusión de la foto de Leyes fuertemente agarrado a un bate (que luego usaría para golpear campesinos en enero de 2007) haya terminado dándole más votos a su candidatura. Esto es lo más seguro. ¿Qué significa que el recuerdo de esas acciones, que en varios países habría supuesto una imposibilidad de hacer política democrática, en el caso de Cochabamba haya supuesto un incremento del apoyo? Significa muchas cosas. Primero que la idea de “defender Cochabamba” (defenderla de los campesinos, “de los sombreros blancos y las abarcas”) sigue peligrosamente vigente. Significa que nuestra gestión municipal pasada –y de la gobernación– hizo poco para combatir con éxito estas ideas. Y no, no se trata solamente de gestión pública (que también, por supuesto).Significa también que el colonialismo interno sigue bastante vivo a la hora de estructurar el imaginario en el Valle. Y, por último, significa que los retos para nosotros se incrementan y los adversarios se fortalecen.

Pero esa misma matriz de pensamiento, no tan debilitada como nos gustaría creer, ha mostrado su vigencia, con sus particularidades, en diferentes lados. Aquí cabe celebrar la victoria de Iván Arciénega en Sucre, ya que Barrón, al igual que Leyes, tiene entre sus antecedentes el colaborar con la humillación pública de los campesinos que se atreven a “invadir la ciudad”.

El ministro de Gobierno Hugo Moldiz, refiriéndose a Felipa Huanca, decía que “La Paz no estaba preparada para tener una gobernadora indígena”. Desafortunadamente tiene razón. Es bastante evidente que ser una mujer campesina fue, aunque nos pese, un motivo para que la gente no le dé su apoyo. Esto no habla muy bien de la sociedad ni del proceso.

Esto puede ser un dato que muestre que la fuerza que rompió techos de cristal simbólicos estos últimos años está siendo frenada por una serie de nuevas clasificaciones construidas al calor del fuerte ascenso social que experimentamos como país; proceso que tiene al mercado, y a sus imaginarios de corte neoliberal, como criterio poderoso.

La imagen de la chola, y esto lo estudia de modo solvente Ximena Soruco, está cargada de fuertes y sedimentadas valoraciones negativas (aunque Soruco también analiza la idea de la chola como madre de la nación). Todos, los hijos de sectores de clase media, recordamos las ideas sobre la chola que acompañaron nuestra infancia – adolescencia: sucias, no dignas de confianza, ladronas (le robó a “la señora” y se fue de casa sin explicar nada).

Esto sigue siendo muy complicado de subvertir. El linchamiento mediático al que fue sometida Felipa, comparado con el silencio ruidoso con el que fueron tratados los problemas severos de Patzi en la UMSA, es, creo, una prueba de esto. A Felipa nunca se la dejó ser candidata. Se encontró un hecho aparentemente objetivo que permitió dar rienda suelta a lo que el sentido común (incluso en tiempos de cambio) piensa de una chola. La sentencia mediática no esperó el resultado de la investigación en curso; ni dio importancia a las explicaciones que brindó Huanca. Sin que esto signifique restar un ápice a la gravedad de lo que ocurre en el Fondo Indígena.

Conclusiones

Dos de los retos más importantes que tenemos como proceso, y que el resultado del domingo vuelve más urgente y más complicado, son repensar la relación con las clases medias y construir una cotidianidad posneoliberal.

Es evidente, a la luz de un ciudadano de a pie o de un informe del BM, que las políticas del gobierno han mejorado las condiciones de vida de millones de bolivianos. Muchos de ellos se autoidentifican hoy como clase media. Pensar que piensan éstos es una tarea fundamental. Incidir en sus criterios es clave para seguir construyendo una sociedad mejor. Nuestras opiniones, aspiraciones y sueños son conformados desde muchos lugares; las políticas estatales son sólo uno de esos lugares y éstas tienen enfrente a un mercado más fuerte que nunca.

Algo similar ocurre con esa nueva cotidianidad, alejada del modelo del consumidor individualista que le da la espalda a lo común en tanto lo entiende como una carga y no como una potencialidad. Hacen falta más teleféricos y menos Mega Center. Hay que construir más escuelas, sí, pero no con una idea del espacio propia de hace treinta años, sino con una que fomente los comportamientos colaborativos.


* Manuel Canelas, es diputado de la República por el MAS.

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