diciembre 4, 2020

El fetichismo de la mercancía y su secreto

Es el tema final del primer capítulo de “El Capital” donde se analiza a la mercancía, es decir, cualquier bien o servicio producido para venderse en el mercado, que satisface una necesidad social de acuerdo al tiempo y lugar donde vivimos. Varios autores ya explicaron que no es casual ni circunstancial que Marx en su gran obra empezase en su crítica a la economía política burguesa, hoy conocida como la ciencia económica, por la mercancía, la “forma elemental” [1] de la riqueza en el capitalismo. Tampoco que después y como parte esencial de su crítica, tratase sobre el fetichismo que vela a la mercancía y al capitalismo en general, ocultando su esencia y lo que en realidad representa.

Es que cuando los vulgares queremos entender al mercado, al dinero, al capital y porqué las cosas es decir las mercancías tienen un cierto valor y un precio, en general que es y cómo funciona el capitalismo, no sólo como una realidad económica pues abarca a todos los ámbitos imaginables de nuestra vida personal y social, hallamos, en palabras de Marx que estos temas que son evidentes y triviales, obvios a primera vista, resultan complejos y aparecen además “llenos de sutilizas metafísicas y de resabios teológicos”. [2]

Y no crean que la llamada ciencia económica al menos la oficial, trate de desmitificar y esclarecer esos temas por más que apele a teoremas, métodos y modelos matemáticos, a un gran despliegue de estadísticas y a teorías propias del premio Novel. Por el contrario y quizás no sacralizando, legitima al capitalismo, más aún cuando quiere demostrar su justeza y buen funcionamiento, planteando y formulando una serie de principios y leyes semejantes a la composición del agua: H2O y la ley de gravedad, tópicos que la sociedad entendió hace siglos a través de experiencias en campos de la química y la física.

Sucedía lo propio en el capitalismo donde vivieron y se volvieron tan irreverentes Marx y Engels militando en ligas de comunistas europeos, proclamando el “Manifiesto” (1848) y aprendiendo de la Comuna de Paris (1871) cuando los obreros toman brevemente el poder. Por ello “El fetichismo de la mercancía y su secreto” está en la primera línea de toda la obra de Marx y se constituye en eje en torno al cual, con la concepción materialista de la historia se puede criticar a cabalidad los saberes más o menos letrados, populares y economicistas acerca del carácter y alcance del capitalismo, derrumbando sus fetiches.

Antes de la modernidad el dinero no fue exactamente el capital, así como la gran mayoría de la producción en las sociedades humanas, no era precisamente de mercancías. Pero a medida que esta se fue imponiendo en el tiempo largo del llamado desarrollo capitalista y de acumulación originaria, cuando se emprenden las guerras de conquista, colonización y aniquilamiento para depredar a la naturaleza y explotar a los pueblos a escala global, se impuso al oro como el dinero mundial cuyo valor ya en el siglo XVIII se nominó en libras esterlinas y ahora en dólares, como el equivalente general del valor de las mercancías.

Tampoco el oro fue capital aunque ya se utilizaba para cumplir la función general que hoy cumple el papel moneda, es decir, el dinero que en el capitalismo y muy frecuentemente está mitificado y nos postra cómo el dios que todo lo compra y por el que todo se vende. No obstante, el capital “…no es una cosa material sino una determinada relación social de producción” [3] específica del capitalismo, en tanto que en casi todo nuestro relacionamiento con los demás, las instituciones y hasta la naturaleza y la iglesia siempre está presente.

Siguiendo a Kohan, [4] el dinero-capital resulta del conjunto de relaciones sociales diremos de la modernidad y la post modernidad, en tanto que Marx devela sus secretos y descifra los enigmas del porque vale más que la propia gente, haciéndose rey y a las personas sus súbditos. El dios que no está en iglesias sino en la bolsa de valores, en la propiedad privada de fábricas, latifundios, vetas y pozos de “recursos naturales” capitalizados o por capitalizarse y en toda mercancía vendida o para venderse, realizarse, a un cierto precio y en cualquier mercado.

Con la función de producción propia de la teoría “neoclásica” de fines del s. XIX que ya a fines del s. XX re-asume vigencia con el neoliberalismo, [5] no sólo como teoría oficial sino con sus política económicas aplicadas en Chile (1973) y después en casi todo el mundo, se plantea al capital como un factor que contribuye a la producción de mercancías y al que se remunera adecuadamente por su eficaz contribución productiva, tanto igual como al trabajo. Si se emplea capital eficientemente (invierte), como trabajadores y tecnología entre otros factores productivos, le correspondería determinada y justa cuantía del ingreso generado con la producción mercantil, en calidad de interés. [6]

Los primeros “clásicos” ideólogos de la modernidad capitalista fueron quienes concibieron al capital como un factor de producción, contribuyendo con el trabajo y la tierra a producir las mercancías y remunerados respectivamente con el interés, el salario y la renta. Pero en lo que si innovó la neoclásica y siguen haciéndolo hoy los economistas neoliberales, fue en mistificar sus ideas, conceptos y categorías agregando ciertas novedades no de tipo teológico protestante, sino altamente matematizadas y positivistas.

Marx estudió metódicamente a la economía política clásica y la teoría de la remuneración a los factores productivos; la criticó con ironía en el capítulo 48 del tomo III de “El Capital” como la “fórmula trinitaria”, cuestionando que sea motivo del capitalista obtener sólo un interés y no la máxima ganancia posible extrayendo la mayor parte del valor creado en el proceso de producción por los trabajadores, es decir la mayor plusvalía a costa de pagar menor salario y una renta también menor al dueño de la tierra latifundiaria; si es que el capital aún no llegase como sucede hoy, a apropiarse no sólo de las extensiones grandes de tierra sino también de la pequeña propiedad familiar de los campesinos.

Hoy con la inmensa cuantía de plusvalía o de capital financiero que existe y se mueve a lo largo y ancho del mundo, concentrado y controlado por los grandes oligopolios, el interés bancario rige aún más a los hombres y se convierte junto con el mercado, en la máxima expresión del fetichismo que ejerce el capitalismo en la humanidad. Si vamos a un banco a recoger nuestro dinero depositado por ejemplo hace un año atrás, nos muestran que el capital con el interés compuesto, se auto-remunera, crece de y por sí mismo.

El secreto y aparente poder del dinero de auto-reproducirse por sí mismo o la verdadera relación social existente entre capital e interés financiero fue devalada por Marx que indica que: “es en el capital a interés donde [el] …capital cobre su forma más extensa y más fetichista. Aquí nos encontramos con D–D’ [dinero y transcurrido un período de tiempo, más dinero]”, es decir, el “dinero que engendra más dinero [se auto-embaraza y auto-reproduce] valor que se valoriza a sí mismo, sin el proceso intermedio entre ambos extremos”. [7]

Decir “entre ambos extremos” significa que el capital en su forma dinero (D) invertido para generar los valores, es decir las mercancías, debe necesariamente canalizarse a la esfera productiva; generar dichas mercancías en el proceso de producción, es decir valor real o el capital en su forma mercancía que realizada en el mercado reproduce el valor inicial, pero con el plusvalor o la ganancia. Es por ello que Marx advierte que la forma general del movimiento capitalista es D- M- D’; que entre el primigenio dinero y el mismo ya con la plusvalía o la ganancia incluida (D’), necesariamente deben haberse producido y vendido las mercancías.

Ello aunque el capital financiero se mueve fetichizado mucho más ahora y abarque todo el planeta respecto al tiempo en que vivía Marx, mediante los expansivos mecanismos y las redes de intermediación cada vez más sofisticadas y especulativas, creando a la vez más dinero artificial y aparente, pero sólo nominalmente e inflado “burbujas financieras” que cuando revientan generan secuelas perversas a la sociedad y crisis en el capitalismo, ya en sí depredador de la naturaleza, enajenador y empobrecedor de la gran mayoría de la humanidad.

No obstante como lo habían entendido los primeros ideólogos del capitalismo, es decir los clásicos sólo el trabajo es la fuente y medida del valor. Marx fue quien entre otros tópicos como la lucha de clases, el poder, la revolución y el comunismo, llevó a consecuencia la teoría del valor trabajo y de la explotación capitalista, determinando la plusvalía o la parte del valor generado por el despliegue de la fuerza de trabajo, expoliada a los trabajadores y apropiada en virtud a la relación social imperante en favor del capital.


* El título de la parte 4, Cap. I del 1ertomo de “El Capital. Crítica de la Economía Política”; Carlos Marx.

** Si es economista, pero de los vulgares e irreverentes

1 Obra citada, Fondo de Cultura Económica-FCE, México D.F-1984, pp. 3.

2 Obra citada, pp.36.

3 Obra citada, 3er tomo, pp.754.

4 Néstor Kohan. “Fetichismo y Poder en el pensamiento de Carlos Marx”.

5 Apelando en el caso de la función de producción al teorema de Euler.

6 Leer “La fórmula trinitaria y la función de producción” en Observatorio Económico-La Época, 29/3/2015.

7 “El Capital…”, FCE, 3er tomo, cap. 24, pp. 373.

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