diciembre 4, 2020

Marx no ha muerto, el MAS… tampoco

“Si el pueblo de La Paz ha votado contra la corrupción, felicito a ese pueblo”, esa es la cita aproximada con la que el presidente Evo Morales sintetizó los resultados electorales, tomando un principio marxista respecto al análisis concreto de una realidad concreta. Diremos así que Evo Morales encarna esa cualidad que hace a los verdaderos estadistas, demostrando que no es ningún derrotado.

Existen afirmaciones muy entusiastas de los agoreros del fracaso que especulan y encuentran en los resultados electorales el “fin de la hegemonía” ¿de cuál? La propuesta de cambio de época que supone el suma qamaña apenas está dando sus primeros pasos, por lo tanto, no se puede hablar de hegemonía, por lo menos en el sentido gramsciano.

Es lamentable que gente de cartones realice análisis epidérmicos y que las angustias de clase corran por la tinta amarilla, expresando deseos antes que argumentos; típica mirada de los que se afanan más por resultados que procesos.

Es saludable el contento de los ganadores, incluso de algunos que ya se ven en la silla del vecino, aquí los deseos son válidos, porque son las metas políticas que todo político tiene; los obstáculos siempre se presentan por el lado del cómo.

Recuerdo claramente la triste historia de un alcalde del sur y sus aspiraciones presidenciales, y como al final de su recorrido no le quedó más remedio que refugiarse en el MAS para seguir vigente, eso está pasando con algunas ex autoridades.

Ocurre en la historia mundial que muchos deseos son recurrentes, por ejemplo, hace más de 50 años que declaraban la muerte del marxismo y éste retorna de cada muerte, hace más de 500 años decretaron la muerte de las culturas andinas y éstas tienen vida incluso muertas, así, hoy los enterradores de la revolución en Bolivia han salido de sus guaridas donde hibernaron desde el 2008, y proclaman la inminente muerte del Estado Plurinacional.

Esos enterradores tienen diferentes colores, una mayoría son orientales, otros son chapacos, chaqueños, pero los hay también collas, aymaras, quechuas, guaraníes, otros que se auto designan como indígenas urbanos. También están los doctorcitos de Charcas, muy acartonados y con argumentos del saber colonial, y por supuesto, los infaltables medios de comunicación privados con una larga historia antievista.

Toda revolución que no se profundiza corre el riesgo de estancarse, en nuestro caso las tareas están claras existe una agenda hasta el 2025, y que ha sido aprobada por una amplia mayoría en las elecciones de octubre del 2014, mayoría incrementada, según se sabe, por el resultado nacional de las elecciones subnacionales.

Por estos argumentos pensamos que los delirios del fin del proceso de cambio, fin de la hegemonía o fin de los movimientos sociales, sólo son, por un lado, deseos muy particulares desde las ambiciones del poder individual, y por otro, natural odio al indio, al que lo vuelven “agradable” cuando son algunos cartones los que lo diferencian del actual presidente y buen instrumento para “quebrar al Evo”, sueño neoliberal (de dentro y de afuera) desde enero del 2006.

Esta arremetida nacional del neoliberalismo tiene su correlato en el continente y en el mundo, nada de lo que ocurre en Bolivia es tema nacional, las ideas centrales que sostienen el proceso de cambio en Bolivia han tenido influencia mundial, por eso la saña contra el líder del cambio boliviano, por eso ya existen sus autonombrados sucesores esperando la aceptación del país del norte, interesado número uno, planificador estratégico y ejecutor práctico de la contraofensiva.

El resultado de las elecciones subnacionales ha constituido un paso más en el proceso de cambio, pues el pueblo está cooperando, con su voto, a quitar las piedras del camino, en esa medida la alcaldesa de El Alto es una aliada, desde la oposición del proceso de cambio, porque será el espejo del neoliberalismo, o por el contrario, como ya se insinuó predominará la raíz aymara de sus padres y, en definitiva, opte por la vía del suma qamaña, desafío que el pueblo alteño ha planteado.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino.

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