diciembre 4, 2020

Revolución, socialismo y elecciones

por: Eduardo Lohnhoff 

Las últimas elecciones subnacionales dieron márgenes para múltiples interpretaciones desde la derecha más rancia, pasando por la ultraizquierda, demócratas “lightberales” hasta opinólogos ocasionales. De acuerdo con determinada variable o factor una interpretación distinta. Es como para perderse en un océano axiológico de juicios de valor. ¿Qué lecciones podemos sacar de los últimos resultados electorales? ¿Enmarcado en los horizontes de la democracia formal burguesa cuáles son las perspectivas del Proceso de Cambio para la transición del socialismo? Sólo el marxismo nos puede dar luces a estas incógnitas.

El tema electoral es un antiguo debate en el seno del marxismo, donde participan los mismos fundadores del socialismo científico: Marx y Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo y los revisionistas de Bernstein y Kautsky.

En la circular de la Liga Comunista de 1850 Marx afirma: “(…) No deben ser engañados por las democráticas vulgaridades alrededor de la libertad de los Ayuntamientos, etc. En un país como Alemania, donde hay tantas reminiscencias medievales que barrer y tanta local y provincial obstinación que quebrantar, por ninguna circunstancia puede permitirse que ciudades y provincias opongan obstáculos a la actividad revolucionaria que necesita emanar del centro. Como en Francia en 1793, así es hoy la tarea del partido revolucionario alemán: centralizar la nación.”

En el Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels hace las siguientes afirmaciones: “El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer” (Engels: Op. cit. Cap. IX: Civilización o barbarie).

Es muy recurrente que cierta corriente ultraizquierdista alce la voz con los gritos de “Voto Nulo”, y esto demuestra su nulo conocimiento de la teoría marxista. En carta a Theodor Cuno, Engels, a propósito de la abstención política, escribe: “Todo suena a algo muy radical, y es tan sencillo que puede ser aprendido de memoria en cinco minutos. He aquí la razón de que la teoría bakuninista haya encontrado tan pronto una acogida favorable en Italia y en España entre los jóvenes abogados, doctores y otros doctrinarios. Pero las masas obreras jamás aceptarán la idea de que los asuntos públicos de sus respectivos países no son a la vez sus propios asuntos; los obreros son políticos activospor naturaleza, y quien les proponga abandonar la política se verá, tarde o temprano, abandonado por ellos. Predicar a los obreros la abstención política en todas las circunstancias equivale a ponerlos en manos de los curas o de los republicanos burgueses”.

Asimismo, en su discurso Sobre la acción de la clase obrera (1871), el propio Engels afirma: “La abstención absoluta en política es imposible; todos los periódicos abstencionistas hacen también política. Y no seremos nosotros los que lo destruyamos predicando la abstención. La experiencia de la vida actual, la opresión política a que someten a los obreros los gobiernos existentes, tanto con fines políticos como sociales, les obligan a dedicarse a la política, quiéranlo o no. Predicarles la abstención significaría arrojarlos en los brazos de la política burguesa. La abstención es completamente imposible, sobre todo después de la Comuna de París, que ha colocado la acción política del proletariado a la orden del día. (…)Las libertades políticas, el derecho de reunión y de asociación y la libertad de la prensa: éstas son nuestras armas. Y ¿deberemos cruzarnos de brazos y abstenernos cuando quieran quitárnoslas? Se dice que toda acción política implica el reconocimiento del estado de cosas existente. Pero cuando este estado de cosas nos da medios para luchar contra él, recurrir a ellos no significa reconocer el estado de cosas existente.”

En la introducción a Las luchas de clases en Francia, Engels señala: “Una visión clara de conjunto sobre la historia económica de un período dado no puede conseguirse nunca en el momento mismo, sino sólo con posterioridad, después de haber reunido y tamizado los materiales… Por esta razón, aquí el método materialista tendrá que limitarse, con harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a las luchas de intereses de las clases sociales y fracciones de clases existentes, determinadas por el desarrollo económico, y a poner de manifiesto que los partidos políticos son la expresión política más o menos adecuada de estas mismas clases y fracciones de clases. ” Aquí es donde se unen orgánicamente la economía, la política y la sociología.

Como vemos, la cuestión es mucho más compleja si lo que buscamos explicar no es un período de la lucha de clases más o menos extenso, como por ejemplo, las luchas políticas inter-burguesas por la reconfiguración del poder en Santa Cruz, sino un período más corto, que concentra en su seno todas las contradicciones y luchas del período más largo: este es el período o coyuntura electoral.

Tanto para Marx como para Engels la participación en las elecciones implicaba el acumulo de fuerzas, un movimiento táctico para el alcance del objetivo estratégico que era la construcción del socialismo. No tenía un fin en sí mismo, pues además era el juego democrático impuesto por los límites de la democracia burguesa.

En la II Internacional, después de la desaparición física de los fundadores del comunismo científico, los que asumieron como los “herederos políticos” de Marx y Engels, los alemanes Edward Bernstein y Karl Kaustky, llevaron la interpretación de los últimos escritos engelsianos a una etapa más cómoda al “habitus político” de la burguesía. El revisionismo de Bernstein reflejaba la presión del auge económico que desde 1873 se dio en Europa, creando una base social para el reformismo (en un principio minoritaria) dentro de la socialdemocracia alemana. Una capa del proletariado fruto de los beneficios del saqueo imperialista consiguió elevar sus condiciones de vida por encima del resto de la clase y reflejó con viveza la presión de clases ajenas.

Para Rosa Luxemburgo: “el revisionismo de Bernstein no es inocuo pues cuando se trata de llevar su teoría idealista al terreno de la práctica supone la adaptación de la socialdemocracia a la burguesía, la conciliación de clases y con ello a la desmoralización de la clase obrera”, tal y como demostró toda la experiencia posterior.

Para el marxismo no existe una contraposición entre la lucha por las reformas y la lucha por la revolución; de modo sucinto, la lucha por las reformas es el medio a través del cual la clase obrera, sobre la base de la experiencia, llega a la conclusión de la imposibilidad, de las limitaciones o temporalidad de las mismas bajo el capitalismo y con ello a la necesidad de llevar a cabo la revolución socialista. Hoy en día es más evidente que nunca: la crisis capitalista aboca a la burguesía a terminar con las reformas que fruto de la presión del movimiento de masas se vio obligada a aceptar en el pasado.

Fruto de la experiencia de millones de trabajadores y sus familias se va abriendo camino la idea de que es imposible reformar el sistema y que es necesario acometer una transformación profunda de la sociedad, una revolución socialista.


* Eduardo Lohnhoff Bruno, nació en San Ignacio de Velasco, Santa Cruz, es militante de la Juventud Comunista de Bolivia.

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