noviembre 29, 2020

Guerrero: El fiscal

por: Illa Paxi 

Hace un tiempo en uno de mis artículos hablé del rol tradicional del abogado, de aquel que se hace llamar “doctor” sin serlo y que como requisito, anda de traje y corbata como “uniforme indispensable” para administrar poder en cualquier lugar y ámbito gubernamental, sino para muestra un botón. Cuando iba a realizar un trámite en Derechos Reales y hacía la fila esperando turno vi ingresar con paso de parada seguido de un séquito a un señor y todos comentaban hay que darle paso porque es el “doctor”. Sencillamente se piensa que todos ellos están obligados a abrirles las puertas. Casos de estos podemos contar millones pero el más corriente es: ir a los juzgados y si tiene un trámite no se olvide dejar para el tecito o un cariño a los tramitadores, de lo contrario tendrá la incertidumbre si sus papeles se muevan del escritorio. Sin duda alguna el costo del tecito o el cariño va variando en dependencia de la gravedad de su caso.

Ramiro Guerrero, desde su ingreso provocó una revolución en la Fiscalía, tremenda osadía, es el quijote contra los molinos. Al fin encontramos en nuestro camino alguien quien escucha las denuncias de la gente de a pie e inicia una guerra contra la corrupción interna, pero paralelamente moderniza y especializa las condiciones del trabajo de las Fiscalías para transparentar y agilizar procesos con alta dosis de humanidad como es la instalación de centros de atención a usuarios en las Fiscalías de Distritos.

Como bien puesto tiene su apellido Guerrero ha tocado el pus del accionar de las pandillas organizadas dentro de las Fiscalías que lucran a costa del sufrimiento de las personas y, obvio, no se lo perdonan, hace poco vienen saliendo “como quien no quiere” ciertas denuncias de familiares y en la que él ha puesto en claro que no protegerá a nadie. Ese es un verdadero Fiscal del que la nueva generación de abogados debe aprender; es el perfil del nuevo abogado que la ciudadanía reclama hace años.

En la novela, la Cándida Eréndira y su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez, describe la escena de la huida de Cándida cuando pide a su amado matar a la abuela para liberarse. Entonces él, en un descuido clava un cuchillo grande en la espalda de la abuela, pero se queda paralizado al ver que en vez de sangre, sale un líquido verde pestilente.

Eso mismo pasa con el Fiscal Guerrero, en su corto, pero eficiente carrera profesional, clavó el cuchillo en el corazón de la corrupción y como se esperaba, el clan de corruptos vomitan ataques para tratar de embarrarlo, porque sale peor que ese líquido pestilente y corroe en los que dicen administrar la justicia. Hasta ahora, después de mirar en el tiempo neoliberal a fiscales que, no se movían de su asiento, peor aún de viajar por el país y ver cómo trabaja su propia gente, sin embargo, Guerrero da la lección de hacer la Guerra en su propio territorio y asesta un duro golpe a los instalados por el poder.

Hasta hoy, no conozco un Fiscal de la talla de Guerrero, alguien que desde dentro de la profesión se atreviera a tamaña revolución. Esperemos que otros, los indignados y abogados transparentes, aunque sean pocos, debieran acompañar este proceso y demostrar a la población que es posible un verdadero cambio en la justicia boliviana.


*    Investigadora social orureña

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