diciembre 2, 2020

La geopolítica de la II Guerra Mundial y América Latina

por: Eduardo Paz Rada

El triunfo de la Unión Soviética y los Aliados sobre la Alemania de Hitler, inició un nuevo panorama geopolítico en las relaciones internacionales con inéditos procesos sociales y políticos en el mundo.

Las dos guerras mundiales, centradas en la región central y oeste de Europa y ampliadas a extremo oriente, han sido la manifestación más clara de la disputa inter-imperialista por controlar regiones estratégicas del planeta en términos comerciales, económicos, militares y geopolíticos; culminando la Segunda, hace setenta años, con la repetida derrota de la potencia alemana de Hitler que mostró doblemente su sed de expansión e influencia decisiva en el concierto mundial sobre la base de su fortaleza interna construida con dos columnas forjadas desde el final de la Primera, una poderosa industria pesada y la militarización nazi-fascista de toda la sociedad.

Alemania y sus principales aliados del Eje, Italia de Mussolini, Japón de Hirohito y varios menores en Europa y Asia, sufrieron una derrota contundente, en mayo de 1945, en manos del poderoso ejército soviético que reaccionó ante la agresión alemana sobre su vasto territorio euroasiático y ocupó Berlín, secundado por las fuerzas militares de Estados Unidos y el Reino Unido, liberando a la ocupada Francia y abriendo así un nuevo panorama geopolítico en las relaciones internacionales e inéditos procesos sociales y políticos que repercuten hasta el presente.

A partir de la capitulación alemana en mayo del 1945, y del ataque con bomba atómica de Estados Unidos sobre Japón (Nagasaki e Hiroshima) en agosto del mismo año, las dos potencias triunfantes –URSS y EE.UU. – iniciaron una nueva confrontación en la denominada Guerra Fría, desarrollando movimientos militares, políticos, diplomáticos, ideológicos y económicos de amplio alcance geográfico que llegaron a los últimos rincones del planeta. De manera previa, en febrero de 1945, se reunieron en Yalta, Crimea, los tres máximos representantes de los “países aliados”: José Stalin de la URSS, Franklin Roosevelt de EE.UU. y Winston Churchill del Reino Unido, para establecer los marcos del nuevo orden mundial, proyectando la formación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus propios mecanismos de influencia.

Las potencias mundiales y la guerra fría

La reconstrucción europea fue diseñada en base a la hegemonía norteamericana en

la región occidental del viejo continente y la hegemonía soviética en la oriental, dividiendo a la potencia derrotada en dos: República Federal Alemana y República Democrática Alemana. La Unión Soviética implementó su proyecto económico a través del Consejo de Ayuda Económica Mutua (COMECON) y su proyecto militar con el Pacto de Varsovia, en tanto que Estados Unidos lo hizo con el Plan Marshall en lo económico y con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en lo militar.

Llama la atención el cambio de percepción de la población francesa que, a la pregunta de cuál considera el país que cumplió el papel principal en la derrota de Alemania, respondió: en 1945 el 57% consideraba que el papel principal lo cumplió la URSS y EE.UU. alcanzaba el 20%; en 1994 responde 49% identificando a EE.UU. y el 25% a la URSS; finalmente, en 2004 el 58% a EE.UU. y el 20% a la URSS destaca una página virtual.

Un nuevo panorama internacional se abrió en el mundo. Se producen, primero, en agosto de 1947 la Independencia de la India del dominio colonial-imperialista del Reino Unido de Gran Bretaña (Inglaterra) con el liderazgo pacifista del Mahatma Gandhi; y después la Revolución Popular China impulsada por el Partido Comunista Chino, bajo la guía el “gran timonel” Mao Tse Tung encabezando la marcha del campo a la ciudad, en octubre de 1949. Estos acontecimientos generaron una nueva correlación internacional de fuerzas, ya que significó el fortalecimiento de la influencia soviética hacia extremo oriente –la que se había consolidado ya en Europa Oriental–, así como la emergencia de pueblos, colonias y semicolonias que buscaban su independencia plena.

Descolonización y procesos de liberación nacional

La década de los cincuenta fue un periodo glorioso de los procesos de descolonización y liberación nacional en África y Asia, que se conjugaron en muchos casos con los movimientos nacionalistas en América Latina que recuperaron la iniciativa política y económica alejándose de la influencia norteamericana, poniendo en jaque a las potencias coloniales de Europa, particularmente al Reino Unido, Francia, Holanda y Bélgica. La Revolución Cubana significó el eslabón más importante en nuestra región.

La alianza Pekin-Moscú, en este periodo, fue trascendental en la contención del otro bloque encabezado por Washington y sus aliados de Londres y París.

Fue también determinante la iniciativa de forjar un bloque de los países y pueblos al margen de la disputa de la Guerra Fría. Los Movimientos de Liberación y las Revoluciones Nacionalistas de Asia y África que recuperaron su soberanía y dignidad impulsaron la formación de la Organización de los Países No Alineados en la Conferencia de Bandung, Indonesia, de 1955. A este movimiento se sumaron los gobiernos revolucionarios de Fidel Castro de Cuba y de Josip Broz Tito de Yugoslavia, articulando la Tricontinental y el Tercermundismo.

Inmediatamente la reacción de Estados Unidos no se dejó esperar en América Latina, iniciando una acción más directa a través de la intervención militar directa, en unos casos, la manipulación de las Fuerzas Armadas y el apoyo a las dictaduras proclives, en otros, y el control de la diplomacia regional a través de la Organización de los Estados Americanos (OEA), finalmente, buscando aislar y derrotar a la Revolución Cubana y a los gobiernos nacionalistas y defensivos de la región, en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada durante las décadas de los sesenta y setenta.

Arremetida imperialista y crisis del siglo XXI

La arremetida imperialista cambió de táctica desde fines de los setenta, con la imposición del monstruo de dos cabezas: neoliberalismo y democracia tutelada implementados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) que le permitió, junto al discurso de derechos humanos, poner en crisis a la Unión Soviética que, después de sus intervenciones militares Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968 y la caída del Muro de Berlín en 1989, explotó internamente, perdió influencia en Europa Oriental y aplicó la Perestroika (Reforma) y la Glasnost (Apertura). Habían pasado cincuenta años de la derrota nazi en Europa y terminaba la Guerra Fría.

La situación favoreció al imperialismo norteamericano que pretendió imponer la unipolaridad, el “fin de la historia” y su hegemonía mundial, ampliando su despliegue militar a los cinco continentes, interviniendo bélicamente en países del Oriente Medio, ricos en recursos naturales –particularmente petróleo–, situación que duró algo más de veinte años, hasta el inicio de una nueva crisis cíclica del capitalismo y la transformación del tablero geopolítico internacional.

Hoy, cuando se cumplen setenta años del trauma bélico euroasiático, el mundo experimenta diversos tsunamis y movimientos volcánicos de carácter político, económico, social y cultural que desordenan y reordenan vertiginosamente las fuerzas estratégicas y los equilibrios geopolíticos. Al parecer se vive una Tercera Guerra Mundial promovida por las potencias imperialistas de Europa y Norteamérica en crisis, junto al declive estadounidense, la emergencia de nuevas potencias mundiales como China, Rusia y la India, los esfuerzos de unidad e integración –como el acuerdo Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) o el renovado G-77 más China con casi 140 países–, la xenofobia violenta en las capitales europeas contra los tercermundistas y los bloques de integración y unidad como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).


* Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

Be the first to comment

Deja un comentario