diciembre 1, 2020

Los escritos de Marx sobre la comunidad ancestral

Eric Hobsbawm sostiene que para Marx el desarrollo económico no podía estudiarse “salvo en términos de épocas históricas y estructuras sociales particulares”.

Sin lugar a dudas, uno de los grandes mitos de la modernidad –como acertadamente sostiene Beriain [1]– es ese que asocia la modernización a la occidentalización; o, en otras palabras, que expresa que a fin de ser modernos solo necesitábamos copiar lo mejor posible ese modelo “original europeo” a nivel mundial. Asociado estrechamente a este primer mito –añade también Beriain- se encontraría otro, según el cual la ciencia hace posible que la humanidad se haga cargo de su destino; la idea del progreso.

Estos dos mitos (aunados al surgimiento de la teoría de la modernización en la segunda mitad del siglo anterior) ayudan a entender la presencia de las siguientes dicotomías/oposiciones (entre lo moderno y lo no moderno): lo urbano/lo rural; la sociedad industrial/la sociedad tradicional y agraria; desarrollo/subdesarrollo; avanzado/atrasado; civilizado/bárbaro; en fin, lo capitalista (porque la característica más importante de lo moderno es el sistema capitalista)/lo no capitalista.

En ese marco, que influenció mucho las ciencias sociales en el siglo anterior, se fue extendiendo la idea de un tipo de progreso lineal (deseable) y de un solo camino histórico a seguir por todos los pueblos para alcanzar la modernidad. Y ese único camino histórico era, nada más y nada menos, aquel que habían seguido las sociedades europeas (comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo, capitalismo).

Aparentemente ni siquiera el propio marxismo (“materialismo histórico”) pudo escapar a ese esquema. Y claro, lo que los pseudomarxistas hacían era forzar la realidad a construcciones teóricas mecánicas, buscando feudalismos y esclavismos en todos los pueblos no europeos y, una vez encontrados, intentar explicar las “trabas” que impedían la emergencia de una sociedad capitalista plena que -al fin y al cabo- era la única que iba a posibilitar la construcción de una sociedad mejor (socialista/comunista).

De hecho, adelantándose a esos tiempos, en una memorable carta del 16 de febrero de 1881, Vera Zasúlich le comenta a Marx lo siguiente:


En los últimos tiempos hemos solido oír que la comuna rural es una forma arcaica que la historia, el socialismo científico, en una palabra, todo cuanto hay de indiscutible, condenan a perecer. Las gentes que predican esto se llaman discípulos por excelencia de usted: “marxistas”. El más poderoso de sus argumentos suele ser: “Lo dice Marx”. “Pero, ¿cómo lo deducen ustedes de su Capital? [Si] No trata en él la cuestión agraria ni habla de Rusia”, se les objeta. “Lo hubiera dicho si hablara de nuestro país”, replican sus discípulos, quizá con demasiada temeridad. Comprenderá entonces, ciudadano, hasta qué punto nos interesa su opinión al respecto y el gran servicio que nos prestaría exponiendo sus ideas acerca del posible destino de nuestra comunidad rural y de la teoría de la necesidad histórica para todos los países del mundo de pasar por todas las fases de la producción capitalista.


Indudablemente, se trataba de lecturas parciales y distorsionadas de Marx, ya que él mismo afirmaría contundentemente que dicha “fatalidad histórica” se encontraba “expresamente restringida a los países de Europa occidental”.


En el fondo del sistema capitalista está, pues, la separación radical entre productor y medios de producción… la base de toda esta evolución es la expropiación de los campesinos. Todavía no se ha realizado de una manera radical más que en Inglaterra… Pero todos los demás países de Europa occidental van por el mismo camino. (El capital, edición francesa, p. 316).


Solo para mencionar un ejemplo más, en una de sus críticas a Kovalevsky, le reclama a éste el querer encontrar un feudalismo (en el sentido europeo occidental) en sus estudios sobre la India.

Asimismo, al hacer el comentario del acápite de los Grundrisse de 1857, titulado “Formas que preceden a la producción capitalista” (conocido después simplemente como Formen), Eric Hobsbawm [2] sostiene que para Marx el desarrollo económico no podía estudiarse “salvo en términos de épocas históricas y estructuras sociales particulares”, y que un brillante ejemplo de ello sería su descripción, en ese ensayo, de los “diversos modos pre capitalistas de producción”. Así, en los Formen se condensaría el intento marxista más sistemático “de abordar el problema de la evolución histórica precapitalista”, mostrándonos igualmente lo extremadamente erróneo que resultaba “concebir al materialismo histórico como [una] interpretación económica (o sociológica) de la historia”.

Apoyando este argumento, Álvaro García Linera [3] argumentará que justamente partiendo de la comunidad primordial como punto común inicial, Marx señalará en los Grundrisse, “cuatro caminos distintos de transformación y desarrollo de [esa] antigua comunidad original”, representados por la comunidad eslava, la comunidad germánica, la comunidad asiática o peruana, y la comunidad antigua (desde donde habría surgido la sociedad esclavista europea).

Para el actual Vicepresidente, lo que Marx estaba haciendo era demostrar que el “devenir de los pueblos” (iniciado en ese punto común de la comunidad primordial) habría:


(…) avanzado por múltiples y distintos caminos hasta un momento en que el curso de uno de ellos, el desarrollo capitalista, comienza a subordinar al resto de cursos históricos a sus fines, disgregándolos, sometiéndolos e imponiéndoles su propio devenir [4].


De esta manera, estos aspectos puntuales son sólo algunos que nos permiten contrarrestar ciertas interpretaciones asociadas a Marx de manera distorsionada o equivocada. Por el tema del espacio, no nos adentraremos en mayores elementos.

Sin embargo, no quisiéramos dejar de mencionar un aspecto vital -a nuestro entender- que en el caso de Bolivia quizás nos ayudaría a develar el significado de lo que se ha venido a denominar como socialismo comunitario, y que tiene que ver con la aseveración marxista de que “el sistema nuevo” al que tendería la sociedad moderna no sería más que “un renacimiento en una forma superior de un tipo social arcaico” [5].

En este artículo hemos venido haciendo referencia a varios textos marxistas (el Cuaderno Kovalevsky; los Formen; y Los escritos sobre Rusia) –y por cierto- no de manera casual ya que, en una iniciativa destacable, la Vicepresidencia del Estado realizará la publicación de los mismos (además de Los apuntes etnológicos de Marx y un capítulo del libro de García Linera, Forma valor y forma comunidad), en un compendio denominado Karl Marx. Escritos sobre la Comunidad Ancestral.

Tenemos la certeza de que este valioso compendio servirá para desentrañar otras importantes cuestiones de la filosofía marxista real; esa que, como sugiere Sartre [6], no sólo es práctica, sino un arma social y política; en fin, un movimiento social, por ello insuperable.

La presentación del compendio se realizará el día miércoles 13 de mayo en el auditorio del Banco Central de Bolivia, a hrs.19:00. El evento contará con la presencia del Vicepresidente del Estado y Armando Bartra como comentaristas.


* Economista

1 Ver Beriain, Josetxo, Modernidades en disputa, Anthropos Editorial, Barcelona, 2005, pp. 172-173.

2 Ver Hobsbawn, Eric; Marx, Karl, Formaciones económicas precapitalistas, Siglo XXI Editores, México, 2011, pp. 10 y 16-17.

3 Ver García Linera, Álvaro, Introducción al Cuaderno Kovalevsky de Karl Marx, Ofensiva Roja, La Paz, 1989, p. 37.

Ibíd., p. 34.

5 Ver Marx, Karl, “Los borradores de Marx”, en Escritos sobre Rusia II. El porvenir de la comuna rusa, Cuadernos del Pasado y Presente N° 90, México, 1980, p. 33.

6 Ver Sartre, Jean Paul, Crítica de la razón dialéctica I, Editorial Lozada, Biblioteca de Obras Maestras del Pensamiento, Buenos Aires, 2004, pp. 15-17 y 36.

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