noviembre 23, 2020

Archivos de las Sublevaciones Indígenas del siglo XVIII

Las rebeliones indígenas de 1780-1782, socavaron los cimientos de la sociedad colonial. Fueron caldo de cultivo para que Murillo y sus conjurados dieran inicio a la guerra de 16 años por la independencia. Desde el bando realista se documentó el sitio prolongado que sufrió La Paz en 1781 y 1782: el Testimonio de Nicolás Tellería, los Diarios de Campaña de Esteban Loza, del Brigadier José Sebastián de Segurola, el anónimo atribuido a Tomás Cotera, del Capitán Ledo, del Teniente Coronel José de Reseguín, de D.F. Castañeda; y el expediente del Proceso contra Pedro Obaya, más los informes de Segurola al Virrey Vertiz, al Obispo de La Paz Remigio La Santa Ortega, al Cabildo; los del comandante Ignacio Flores y Reseguín; la información sumaria de los hechos acontecidos en Cochabamba y un fragmento sobre los acontecimientos del Cusco.

Esteban de Loza, Escribano de su Majestad y de Guerra, tenía a su cargo el archivo y correspondencia de la expedición del Teniente Coronel José de Reseguín. Escribió un prolijo Diario, desde el 1 de octubre hasta el 22 de diciembre de1781. Reseguín usó las anotaciones del Diario de Loza para sus informes al Virrey Vértiz. Describe las tres cartas que enviaron Tupac Katari y Miguel Bastidas para negociar con Reseguín: indulto del Virrey Jáuregui para los indios que se restituyesen a sus casas y provincias; petición de paz; y entrega de Bartolina Sisa, que había sido hecha prisionera.

Ignacio Flores Jiménez (1733-1786), estudió para maestro de Filosofía pero dejó los libros para abrazar la carrera de armas. Su primer destino fue la Gobernación de Mojos, sin ejercer ese cargo; fue Comandante militar de la Audiencia de Charcas (febrero, 1781). Acudió con 3.000 hombres en auxilio de Segurola, en defensa de la sitiada ciudad, sometida durante 109 días por el ejército de Tupac Katari. Llegó a la Ceja de El Alto el 1 de agosto de 1781 salvando a la ciudad momentáneamente, intentó desalojar a los indios de Quilliquilli, combatió contra los de Achocalla, retirándose a 20 kilómetros de distancia, soportando deserción de sus tropas. Reseguín liberó la ciudad (17 de octubre de 1781), apresó a Katari, lo entregó al Oidor Tadeo Diez de Medina quien lo sentenció al descuartizamiento (Peñas, 5 de noviembre). Flores acumuló documentación sobre el movimiento indígena, conformada por reales cédulas, órdenes del supremo gobierno, expedientes, oficios, informes y cartas de la Comandancia General, la Presidencia y Gobierno intendencia de la Provincia de La Plata, “correspondencia [reservada] sobre la política de España y con agentes secretos de Cochabamba”. El 4 de mayo de 1782 fue designado Presidente de la Audiencia. Cuando vuelve la paz piensa en las reformas indispensables: acabar los abusos, supresión de los repartimientos y reemplazarlo por un sistema menos arbitrario. Enfrenta una conspiración en la Audiencia, se queja “de la enemistad y de la “insolencia” de los auditores y del fiscal”. Pesa más el criterio del Virrey Loreto que pide el relevo de Flores (octubre de 1784). En mayo Gálvez ordena “retirar su mando y juzgarlo en Buenos Aires”. El 10 de enero de 1876 recibe la orden de marchar a Buenos Aires. “Vende parte de su vajilla de plata para pagar deudas”, “quema unos papeles”, resguarda su archivo y lo puso en “un baúl encaminado a Quito, destinado a su heredero, el marqués de Miraflores, su hermano”. El 3 de agosto, dicta su testamento, libera a dos negros y el 5 de agosto “murió de pesadumbre en una prisión de Buenos Aires”. El Auditor de Guerra busca los papeles de Flores, interroga al mayordomo que afirma: “quemó todo el coronel antes de llegar a Buenos Aires”. El archivo hoy reposa en el Archivo Histórico del Ecuador. En 1982, Marie Danielle Demelás, realizó gestiones ante el Banco Central del Ecuador para microfilmar cinco volúmenes que salvó Flores, con apoyo del Instituto Francés de Estudios Andinos, y los entregó “en depósito al Museo Etnográfico de La Paz” (MUSEF), para hacerlo accesible a los investigadores de Bolivia.

En el caso de los ejércitos indígenas, no existen fuentes propias, al margen del “informe” del padre Borda y el que redactó Esteban de Loza, “quien tuvo trato personal con Túpac Katari”. Generalmente los informes relativos a la visión indígena, subyacen en el expediente que consigna las declaraciones hechas durante las confesiones de los rebeldes indígenas; y numerosas cartas y mensajes intercambiados entre ellos, que suman 200. Entre ellas está la carta de Ascencia Flores a su marido Diego Quispe, el Mayor (Mocomoco,4 de octubre); Rosa Luque al Alférez Real Diego Quispe, el Menor (Patambuco, 10 de septiembre); Nicolás Apaza a Gregoria Apaza (Peñas, 22 de octubre); Gregoria Apaza a Miguel Bastidas (Achacachi, 30 de octubre); Andrés Túpac Amaru al Alférez Real Diego Quispe (Cruz Pata, s.d.); Casimiro Arias a Quispe, el Menor (Taresquía,1 de septiembre), Andrés Túpac Amaru a Gregoria Apaza (Azángaro, 11 y 24 de octubre de 1781); Diego Quispe, el Mayor, a Diego Quispe, el Menor (Mocomoco,16 de agosto; Capinota, 2 de octubre de 1781); Miguel Bastidas a Quispe, el Mayor (Cruz Pata, 11 de octubre), del Común de indios a Gregoria Apaza (Sorata, 23 de mayo); de Quispe, el Menor al Mayor (Tejar, 10 de octubre).

M. del Valle afirma que “los rebeldes, por lo general, no escribieron personalmente sus cartas porque no sabían castellano o porque si lo conocían, no sabían escribirlo. Incluso puede verse que aun pudiendo escribir usaron amanuenses, seguramente porque ello les daba un cierto estatus. B. Lewin afirma que tres fueron los escribientes en castellano: Agustín Carlos Troche, Joaquín Anaya y Basilio Angulo Miranda. Utilizaron secretarios mestizos o criollos, “conocedores tanto del castellano como de las lenguas aborígenes”. Al amanuense criollo o mestizo le pertenecen los comienzos y los finales de cada misiva, “pero lo esencial de su contenido está en el mensaje que se quiere transmitir, en el cual se reflejan siempre los sentimientos genuinos de quien las firmaban y las circunstancias reales que se vivían”. Es por ello que el epistolario indígena tiene tanto valor sociológico y resulta una magnífica pauta para captar las situaciones y estados de ánimo”.

Estas fuentes permiten “reconstruir a brochazos lo que era la vida cotidiana en el campo de los que si un día fueron los vencedores, resultaron a la larga y como siempre los perdedores”, conocer detalles de lo que acontecía durante las grandes rebeliones indigenales. La colección de 200 cartas fue formada por María Eugenia del Valle para documentar su Historia de la Rebelión de Túpac Katari, obtenida de diversos archivos. Fueron entregadas al Archivo de La Paz (1991), con lo que se fortalece la colección organizada por J.R. Gutiérrez, existente en la Biblioteca Central de la UMSA, de gran valor para la historia de la rebelión desde el punto de vista indígena y el que se conserva en el ABNB (1777-1810).


* Magister en Historias Andinas y Amazónicas. Docente titular de la Carrera de Historia de la UMSA. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Miembro del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO-MOWLAC.

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