diciembre 1, 2020

Bolivia rinde homenaje a José Martí y Augusto César Sandino

En uno de sus versos más agudos, el patriota cubano José Martí, fue cristalino y certero en definir su propósito de vida: “con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar”.

Tenía 42 años cuando, en un potrero de la zona de Boca de Dos Ríos –en el oriente isleño–, fue emboscado por decenas de soldados españoles que escondidos entre la maleza esperaron que se aproximara a todo galope por la llanura para asestarle tres implacables balas que le quitarían la vida al más universal de los cubanos, al organizador de la lucha independista, llamada por él: “guerra necesaria”. Anhelaba liberar a su Patria del yugo español, y junto a ello, redimir al esclavo y fundar una República más reconocida por sus luces y virtudes que por su sola fuerza. Antes de morir expresó: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”.

Pero, como si nuestra mayúscula América fuera conscientemente revoltosa, a un día de la caída de Martí dio nacimiento en un humilde poblado nicaragüense a Augusto César Sandino.

Hijo de un rico hacendado y una empleada de la casa patronal, Sandino no supo de juegos de infancia y tuvo que trabajar prematuramente para llevar el sustento al hogar. Corrió la suerte del pobre, del campesino y obrero de Nicaragua. Y, tras haber trabajado en tierras salvadoreñas, hondureñas y mexicanas, decidió ir en defensa de su pueblo que, para 1926, debía soportar la afrenta de verse sometido a los designios de 12 mil soldados norteamericanos que lo ocupaban.

En un inicio sus huestes no pasaban de un puñado de guerrilleros capaces de empuñar los únicos treinta rifles que tenían a mano. La consigna del “pequeño Ejército loco” no daba lugar a transigencia alguna con el invasor: “Libertad o Muerte”.

Durante siete años, a punta de bombas hechas con latas de sardina y clavos, de coros de niños que por las noches iban a gritarle al enemigo para atemorizarlo, y de certeros y afinados rifles que no se cansaron de derribar los estrenados aviones de la fuerza aérea yanqui, supo señalar el camino de la única y plena independencia de Nicaragua. Fue capaz de propinarle la primera gran derrota a EE.UU. en nuestra región.

“Honrar, honra” señaló Martí. Por eso, no fue sorpresivo para nadie apreciar como en cuestión de minutos decenas de personas abarrotaron el salón principal del Centro Cultural Museo San Francisco con el propósito de recordar el natalicio del Héroe Nacional de Nicaragua, Augusto César Sandino, y la caída en combate del Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

Aunque la actividad fue organizada por las embajadas de Cuba y Nicaragua, los verdaderos protagonistas fueron las autoridades de Gobierno, los delegados extranjeros (Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, El Salvador, Ecuador, Venezuela, etc.) y los muchos y muchas nacionales que se dieron cita para “honrar” a nuestros primeros padres, a los que iniciaron la segunda lucha de Independencia que continuamos hoy. América toda, una vez más, se vio unida entorno a Martí y Sandino.


* Fotografía: Ricardo Bajo

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