noviembre 29, 2020

Marx, Vera Zasúlich y una carta entre los dos

por: Eduardo Lohnhoff Bruno

La idea del socialismo comunitario se está convirtiendo en un criadero de nuevos pensadores defensores de un “verdadero marxismo”, que solo es auténtico en la medida que sirve de acicate para atacar el Partido Comunista, como hace textualmente Silvya Alarcón: “La Comunidad no es un arcaísmo que los ‘marxistas’ del PIR, PCB y POR leyeron y siguen leyendo como obstáculo y rémora del pasado”.

Algunos marxólogos defienden tanto la idea del socialismo comunitario (idea brotada genialmente de sus cabezas, caída como maná del topus uranus platónico) como el primer primate que descubre el fuego y lo quiere defender de la intemperie, la tempestad y cada gota de realidad objetiva. Los dos grandes tomos de sabiduría de donde buscan la fuente de su “verdadero marxismo”, es la carta de Marx a Vera Zasúlich (1881) y los Grundrisse (1857-58). El primero es tomado como las Tablas de la ley por Moisés y el segundo como un Corán postmoderno.

El método y el objeto

En el mundo academicista de estos “verdaderos marxistas” (Silvya Alarcón, Roger Cortez, Jorge Viaña, etc.) el método de investigación se confunde con el objeto, al mismo tiempo que el objeto de investigación se transforma en método, de tal forma que ni el mismísimo Hegel podría invertir tanto así la realidad. Éstos se olvidan o no han asimilado suficientemente el análisis marxista de la realidad. Donde todo análisis científico se basa en el análisis de regularidades, no de inconstancias, a no ser que estas inconstancias sean regulares.

Los Grundrisse son cuadernos borradores, preparatorios a la redacción de El Capital (1867) por Marx. Ahí están, sobre todo, sus notas sobre la circulación, la génesis de su teoría del valor. En este texto encontramos anotaciones sobre fenómenos económicos regulares, irregulares, constantes e inconstantes del régimen capitalista. Estas notas sirven de base para el primer tomo de El Capital, así que pierden todo su valor científico, si es que lo tuvieron algún día, cuando Marx publica la obra económico-científica de su vida. Ni que hablar de la carta de Marx a Vera Zasúlich. En los círculos académicos de los “verdaderos marxistas” esta carta es más conocida que las cartas del joven Werther a su amada Lotte, en una famosa obra de Goethe. En realidad, esta carta es una respuesta de un hombre de la estatura teórica de Marx a una joven que busca la luz al fin del túnel, en medio de un huracán de debates intensos entre los revolucionarios rusos. Un silencio deshonesto hacen los verdaderos marxistas, precisamente, a la carta de Vera Zasúlich a Marx.

Marx y el destino de la revolución

Una primera carta de Zasúlich plantea, de un modo mucho más serio, una pregunta fundamental para la Revolución Rusa: “¿Es posible que la comunidad agraria en Rusia evolucione hasta la sociedad socialista sin pasar por el capitalismo?”. Asimismo, termina sus líneas manuscritas con un agudo grito pidiendo ayuda: “El destino de nuestros revolucionarios depende de tu respuesta”.

Cuando un hombre de la envergadura de Marx tiene más que ¡literalmente! el destino de revolucionarios en sus manos y en su pluma, lo primero que le debe haber pasado por la mente es ser diplomático sin ser deshonesto, sin tergiversar la realidad objetiva. Así, en la carta de respuesta de Marx a Vera Zasúlich, el fundador del socialismo científico diserta textualmente, en una forma muy ambigua, sobre una posibilidad TEÓRICA, del paso directo de la comuna rusa al socialismo, y de ésta como su base.

Los “verdaderos marxistas” ocultan o desconocen totalmente que la propia Zasúlich, años más tarde, abandonó esta posición errónea de los populistas rusos y adoptó las tesis de Plejánov, Axelrod y Lenin sobre el proletariado como sujeto histórico de la revolución rusa. Claro, esto es un mero detalle para nuestros “verdaderos marxistas”, lo importante es la carta en su esencia misma (no puedo procesar en mi cerebro lo que nuestros amigos entienden por posibilidad teórica pero la Revolución Bolchevique quemó en la praxis revolucionaria, con fusil y pólvora, aquella posibilidad, y junto con ella la famosa carta del alemán).

La carta de Marx

Creo que no avisaron a nuestros buenos amigos, “los verdaderos marxistas”, que posibilidades teóricas las hay en toneladas de escritos que se apilan en las universidades alrededor del planeta. Esto de la “posibilidad teórica” fue el modo más diplomático y amablemente dialéctico con que Marx podía responder a una mujer que prácticamente anunciaba su suicidio. Tomar una posibilidad teórica como axioma científico es lo más deshonesto que puede hacer quien se autodenomina investigador o científico social.

En la mentada carta, más allá de la diplomacia dialéctica, de posibilidades teóricas, Marx demuestra cómo la comunidad agraria venía derrumbándose, que lo comunal estaba transformándose en anexo de la propiedad privada e, implícitamente, decía que la comuna rural rusa no podía ser la base del socialismo. Este es nuestro mundo, se cita tanto lo que no se lee. Dejo como referencia el texto de Engels: La Cuestión Campesina, donde hace un análisis real, sin posibilidades teóricas, del carácter de las comunidades rurales de su época, específicamente las de Francia y Alemania (en este texto los “verdaderos marxistas” podrán percibir que todos los supuestos que toman por axiomas católicos, se derriten como helado en una caliente tarde de verano).

Marxismo en Bolivia

Aterricemos en Bolivia. Planteemos una cuestión científica sin sofismas ni bellas frases hegelianas: ¿En la comunidad rural boliviana existe una proletarización o una descampenización? Son los dos términos de moda en la academia. Independientemente del término, se llega a una misma conclusión. Pero, continuemos: ¿Acaso no existen “comunarios” que venden su fuerza de trabajo en haciendas de grandes propietarios, o en la misma comunidad para otros “comunarios” dueños de medios de producción (sean éstos pequeños o medianos)? Esto pasa en la gran mayoría de las comunidades andinas que producen quinua, por ejemplo. Ahí donde una familia es dueña de los medios de producción y contrata (compra) fuerza de trabajo, vende la quinua (la mercancía), paga salarios, se queda con una tasa de ganancia, una plusvalía. ¿Qué comunidad no consume productos industrializados? Aceite, jabón, jaboncillo, frazadas, ropa, etc. ¿En qué comunidad existe el trueque directo, sin la intervención del dinero como máxima expresión del valor? Acepto, tal vez existan algunas (agradecería si alguien me da un ejemplo de comunidad donde no existan, bajo ninguna forma, relaciones de producción o sociales típicamente capitalistas). El modo de producción predominante en Bolivia es el capitalista, al que todas las comunidades rurales/agrarias en cierta forma están subordinadas. Ningún sofisma hegeliano de “verdaderos marxistas” puede ocultar esta realidad. Quien lo dude que salga de su bóveda académica, suba a una flota y vaya a tomar apuntes in situ, sea en comunidades del occidente o del oriente. Quién sabe, esos apuntes no se transformen en los nuevo Grundrisse. Y vuelvo a recalcar que el análisis científico se basa en el análisis de regularidades, no de inconstancias, a no ser que estas inconstancias sean regulares.

¿Cómo la comunidad subordinada a relaciones capitalistas puede servir de base económica (no simples fuerza productiva como plantean ellos) de la futura sociedad socialista?


* Militante de la Juventud Comunista de Bolivia, Santa Cruz.

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