diciembre 1, 2020

A Cochabamba me voy, a encontrar con Chávez

Si Fidel Castro trajo el marxismo al castellano, Hugo Chávez lo enseñó a los pobres del campo y de la ciudad de todos los pueblos de nuestra América.

Es altamente probable que seamos incapaces de percibir cuán importante fue para la historia de nuestra América el Comandante Invicto Hugo Chávez.

A escasos dos años de su muerte su legado es fabuloso y comienzan a multiplicarse las obras que estudian su pensamiento y acción revelados en poco más de treinta años de trabajo revolucionario.

De esa manera, el presente año nos sorprendió con el voluminoso y agudo estudio de Alfredo Serrano intitulado: El pensamiento económico de Hugo Chávez (Vadell Hermanos Editores, Caracas, 2015).

También empiezan a aparecer las primeras antologías con sus discursos, como la colección en cinco tomos realizada por la Asamblea Nacional de Venezuela cuyo título es: Hugo Chávez. La construcción del Socialismo del siglo XXI (Fondo Editorial de la Asamblea Nacional, Caracas, 2014). En ella se sistematizan los discursos pronunciados por Hugo Chávez en la Asamblea Nacional entre los años 1999 y 2012; una verdadera labor de pedagogía revolucionaria.

Los primeros pasos de Chávez en Bolivia

Numerosas fueron las visitas de Hugo Chávez al país y más profusos aún los gestos solidarios que tuvo para con el proceso de cambio, y aquí baste mencionar la expulsión del embajador estadounidense en Caracas en el mismo instante que el hermano presidente Evo Morales hacía lo propio con el diplomático golpista yanqui Philip Goldberg en septiembre de 2008.

Sin embargo, la cálida relación de nuestro pueblo con Hugo Chávez nació el mismísimo día en que asistió a la primera toma de mando de Evo Morales, en enero de 2006. Y es que, deseosos de conocerle, estrechar su mano y reír con su inagotable catarata de cuentos, decenas de miles se concentraron en la Plaza San Francisco para confirmar que debía ausentarse del acto a causa del malestar que le había producido la altura. Al día siguiente, con su característica humildad aceptaría el Doctor Honoris Causa con que lo reconocía la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), gesto que también le sería honrado en instituciones de países tan disímiles como Cuba, Chile, Corea del Sur, Brasil, Rusia, Siria, Libia o Nicaragua, entre muchos otros.

Ensanchamiento de la amistad

Desde la incorporación de Bolivia, en abril de 2006, en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) los lazos entre ambos países y nuestra proximidad a Chávez fue en aumento.

En menos de dos años se multiplicaron los “círculos bolivarianos” y las “agrupaciones de solidaridad y amistad con la Revolución Bolivariana”, los que hoy se encuentran diseminados a lo largo y ancho del país.

Pero, el salto cualitativo lo constituyó la creación de las Casas del Alba cuyas sedes más emblemáticas son las de El Alto y Cochabamba.

Creadas como “un espacio de acción y reflexión con la finalidad de satisfacer las necesidades de una determinada realidad, permitiendo que las mismas se vayan materializando poco a poco hasta llegar a consolidarse como tales enmarcados en los lineamientos filosóficos del ALBA”, según reza una declaración pública (2008), sin embargo, su tarea inmediata, en el marco del separatismo de la Media Luna, fue la defensa del proceso de cambio.

Tras la derrota política, ideológica y militar de la burguesía criolla, las tareas de las Casas del Alba se centraron en la difusión ideológica y práctica del ALBA a través de una multiplicidad de actividades que van desde el fomento del deporte entre los jóvenes a generación de condiciones para el desarrollo del arte popular y revolucionario con la promoción de manifestaciones artísticas como la poesía, la música o la pintura.

A Cochabamba me voy, a encontrar con Chávez

Uno de los epicentros de la actividad amistosa para con la Revolución Bolivariana se encuentra en la Ciudad del Valle, donde durante siete años han rendido homenajes al pueblo de Bolívar.

Continuando con su línea de rescate del ideario del Comandante Invicto, en conjunto con la Embajada de Venezuela en Bolivia, dieron por inaugurada, el pasado miércoles 13 de mayo, la Cátedra Libre Hugo Chávez.

El primer curso de esta naturaleza en Bolivia, tiene por objetivo abordar el legado cultural, económico, político, integracionista americano, antiimperialista e internacionalista de Hugo Chávez.

Durante seis meses se procurará que los participantes ahonden en las bases de lo que constituye el proyecto emancipatorio más ambicioso del siglo que comienza: “el socialismo del siglo XXI”.

La historia, como sostuvo un hereje historiador, no es un “almanaque cristalizado”, inerte, al contrario, es pura vida e irreverencia, la necesidad de revolver el presente acudiendo al pasado una y otra vez. Contra los beatos “izquierdistas” Chávez empinó en su mano el escapulario que protegiera a Maisanta, cantó Linda Barinas y leyó elNuevo Testamento cuidándose de buscar los puntos en común que tuviera con los escritos de Rosa Luxemburgo, Trotsky, Che, Bolívar o Mao.

A estudiar

Por los motivos señalados es que la Cátedra no dudó en dar inicio al primer módulo con la conferencia: Chávez Comunicador, a cargo de Mariana González, periodista y encargada política de la Embajada de Venezuela en Bolivia.

En efecto, la compañera venezolana se dio a la tarea de hacer un recuento histórico sobre la política comunicacional de Chávez, la que puso como protagonista al ser humano, al sujeto revolucionario que aprehende su realidad con la finalidad de transformarla, a través de la socialización concienciación de los logros de la Revolución; la contraloría social; la democratización de los medios de comunicación y el acceso a la información; la promoción de la educación consciente “para la recepción de mensajes de los medios de comunicación”, etcétera.

Como se acordara en la cita, toda la obra de Chávez fue un acto de pedagogía liberadora a su bravo pueblo, la que supo realizar haciéndose de las herramientas de la comunicación. Así, desde sus esperanzadoras palabras cuando su detención el 4 de febrero de 1992 tras un fallido levantamiento cívico-militar en Caracas y otras ciudades de Venezuela: “Por ahora” (donde refería a su momentáneo traspié en una lucha larga que recién comenzaba), hasta su última alocución por televisión donde termina diciendo: “Tenemos Patria”, sus innatos dotes de audaz comunicador pudieron, finalmente, hacerle frente a la industria periodística de la mentira auspiciada por el imperialismo.

Si Fidel Castro trajo el marxismo al castellano, Hugo Chávez lo enseñó a los pobres del campo y de la ciudad de todos los pueblos de nuestra América.

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