diciembre 5, 2020

Francisco pone en vigencia la Teología de la Liberación

por: Gastón Núñez

En la época neoliberal las cúpulas de la Iglesia se arrimaron a las élites políticas, aunque sus bases apoyaron el proceso de formación de líderes y reivindicaciones sobre el empoderamiento de sectores marginados.

Cuando el pensamiento político conservador y colonial aún coincide con la teología católica tradicional y la institución eclesiástica, bajo su propio diagnóstico, vociferando al unísono la muerte e incluso el entierro y los funerales de la Teología de la Liberación, hay voces por este lado del continente que dicen todo lo contrario. Los juicios de aquellos responden claramente a los intereses de quienes defienden el neoliberalismo político y económico y el conservadurismo religioso.

A cuarenta años de su nacimiento, la Teología de la Liberación continúa viva y activa. Actualmente, cuando se ensanchan las franjas de la pobreza estructural, de la miseria intercontinental, de la marginación social, de la exclusión cultural, de la discriminación sexista y del neo-colonialismo, podemos decir que de nuevo David ha vencido a Goliat.

Más allá de los debates de los propios teólogos respecto a este tema, habita la experiencia que marca el propio Papa Francisco que, en la práctica, nos ha demostrado con señales concretas, como la decisión de beatificar a Monseñor Óscar Arnulfo Romero (Arzobispo y mártir de la Iglesia Católica de El Salvador), el nuevo rumbo que ha decido tomar el Vaticano sobre la materia.

También esa actitud ha quedado manifiesta a través de discursos, expresiones y opciones que ha adoptado Francisco en poco menos de medio año al frente de la Iglesia Católica: renuncia a vivir en el lujoso apartamento pontificio, invita a los jóvenes a rebelarse e indignarse, defiende los derechos de los inmigrantes sin papeles, visita las favelas en su viaje a Brasil, crítica a los sacerdotes y obispos instalados en el conformismo, denuncia al capitalismo y hace referencia a una Iglesia pobre y de los pobres con una vida en austeridad.

En la misma dirección, vuelve a publicar en el L’ Osservatore Romano textos del teólogo peruano y fundador de la Teología de la Liberación, Gustavo Gutiérrez, algo impensable durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. “La pobreza fue claramente el punto de inicio de la Teología de la Liberación, aunque no hemos entendido plenamente su complejidad o variedad”, dice Gutiérrez.

Continúa: “la pobreza hoy es un fenómeno de nuestra civilización globalizada. Durante siglos los pobres han estado cerca de nosotros, han vivido más o menos cerca, en la ciudad o en el campo. Sin embargo hoy hemos visto que la pobreza va mucho más allá de nuestra mirada, es un fenómeno global, sino universal. La mayoría de los seres humanos en el mundo viven en condiciones que llamamos pobreza”. (G. Gutiérrez, L’ Osservatore Romano – 8 de mayo de 2015).

Orígenes de la Teología de la Liberación

La Teología de la Liberación es una corriente doctrinal católica nacida en América Latina, en la década del ‘60, tras el Concilio Vaticano II, realizado entre 1962-1965, a petición del Papa Juan XXIII, que privilegiaba la opción por los pobres.

La idea base para el inicio de la Teología de la Liberación surgió a partir de la vida y teología del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo, quien fue miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia y muerto en su primer combate contra el Ejército regular.

El ejemplo de Camilo Torres fue tomado por otros sacerdotes y católicos que posteriormente tratarán de continuar su obra no solo en Colombia, sino en toda América Latina. Tal es el caso de Gaspar García Laviana que, influenciado por las ideas de la Teología de la Liberación, tomó las armas en la Nicaragua de Somoza, así como también el sacerdote aragonés Manuel Pérez Martínez quien llegaría a ser el comandante del ELN colombiano.

En cierta forma, la Teología de la Liberación propició una ruptura al interior de la Iglesia al dar paso a varias corrientes entre las que se encuentra las del propio Gustavo Gutiérrez, y un sinnúmero de sacerdotes promotores de las comunidades eclesiales de base como los brasileños Leonardo Boff y Frei Betto, Jon Sobrino, Segundo Galilea, Ignacio Ellacuría –asesinado en El Salvador– y el propio Luis Espinal, algunos de los cuales entregaron la vida y la de otros en aras de la emancipación de los pobres.

La Teología de la Liberación, de acuerdo a Leonardo Boff, nos dice que: “adoptó una perspectiva global, enfocada en la condición de los pobres y oprimidos en el mundo entero, víctimas de un sistema que vive de la explotación del trabajo y de la depredación de la naturaleza”. El Vaticano, bajo el pontificado de Juan Pablo II y bajo la influencia de Ratzinger, acusó de marxistas y sancionó a varios sacerdotes que abrazaron esa causa, entre ellos al propio Boff.

Apartado de la Iglesia Católica durante muchos años, el padre brasileño añade que la Teología de la Liberación “es la primera teología moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condición de las víctimas. Surgió en la periferia de las Iglesias centrales, no en los centros metropolitanos del pensamiento consagrado. Por ese origen ha sido siempre considerado con sospecha por los teólogos académicos y principalmente por las burocracias eclesiásticas y la de la Iglesia más importante, la romano-católica”.

Resurgimiento de la Teología de la Liberación

Las señales de los tiempos de cambio que recibimos de parte del principal pastor católico en Roma parecen haber removido los cimientos de una Iglesia anticuada. Y es que parte de la jerarquía eclesiástica continúa con una mentalidad colonial que disgusta de la democracia, la legalidad, y sobre todo la autodeterminación en el campo religioso.

Cuando el actual Papa sugirió a los jóvenes que “hagan lío”, no se refirió a las cúpulas sacerdotales, primero porque no son jóvenes y segundo no son laicos. Los equívocos de una parte del clero romano, en tiempos de su poder omnímodo, facilitó guerras, muertes, juicios insensatos, quema de libros, quema de personas.

Para los escépticos, la Teología de la Liberación no se queda sólo en la época de los setenta. Es teología histórica, contextual y como tal se reformula en los nuevos procesos de liberación que está viviendo América Latina en sintonía con los movimientos sociales emergentes.

En la época neoliberal las cúpulas de la Iglesia se arrimaron a las élites políticas, aunque sus bases apoyaron el proceso de formación de líderes y reivindicaciones sobre el empoderamiento de sectores marginados. Con los procesos abiertos por los gobiernos progresistas de América Latina a partir de la primera década del 2000, las cúpulas se mantuvieron al lado de los neoliberales facilitando una crisis en la base de la Iglesia.

El 33 Congreso de Teología, realizado entre 5 y 8 de septiembre de 2013 en Madrid, llamado: “La Teología de la Liberación, hoy”, afirma que: la dicha corriente “sigue viva y activa, y se cultiva en todos los continentes; si alguien quiere enterrarla, la habría enterrado viva, merece respeto dentro del pluralismo religioso y requiere el reconocimiento por su rigor metodológico.”

Asimismo, Leonardo Boff, el pasado mes de marzo reivindicó en Buenos Aires la “extrema vigencia” de la Teología de la Liberación al mismo tiempo que defendió los “pequeños avances en la Iglesia” realizados por el Papa Francisco y la “valentía” del pontífice.

Boff expresó en la capital argentina, con motivo de su participación en el “Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad” que, tras dos años en el Vaticano, Francisco “es el primer Papa en la historia de la Iglesia que reúne a los movimientos sociales de Roma para saber cuáles son las causas de la pobreza.”

El Papa “está haciendo una reconciliación”, agregó Boff, subrayando gestos como su decisión de invitar al presidente de Bolivia, Evo Morales “como representante de los movimientos populares. Eso es legitimar lo que está abajo, que es anti Imperio y anti dominación”, remarcó.

Este Papa tiene esa valentía, señaló Boff. “Hay que reconocer un pequeño avance en la Iglesia Católica” ocurrido en los dos años de papado de Francisco, insistió el sacerdote, que consideró que, por su origen latinoamericano, el pontífice tiene un especial conocimiento del “caldo de las luchas sociales en la región”.

Relanzar la Teología de la Liberación

“Si la Iglesia Católica es para relanzar la Teología de la Liberación, estamos acá para acompañar ese principio religioso de liberación de los pueblos”, afirmó el presidente Evo Morales en una oportunidad que escuchó al propio Papa Francisco sobre el compromiso de los cristianos en su luchas sociales calificando de revolucionaria esas expresiones.

Luego el Presidente acotó: “A mí me ha sorprendido ese mensaje, el cristiano tiene que ser un revolucionario, si no, no es cristiano”. Manifestó a renglón seguido: “Nosotros somos revolucionarios, Jesucristo fue el primer socialista del mundo que ha dado su vida por los demás”.

Lo dicho por el Papa Francisco desmarca los cánones actuales de una Iglesia que creía que le bastaba con referir a una opción por los pobres, que llegó en los documentos de Medellín y Puebla, clarificando y haciendo evidente esa opción, lo que motiva una especie de tsunami espiritual.

“Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”, enfatizó el Papa en varias oportunidades y, en este sentido, está llevando a cabo la intuición primordial de la Teología de la Liberación, secundando su marca registrada: la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y a favor de la vida y la justicia.

Por esas razones llegamos a comprender que la Teología de la Liberación es un instrumento en las luchas de liberación que emprenden los pueblos de nuestra América que perciben que el mensaje del Papa conmina a los cristianos y no cristianos a la denuncia e indignación ante las desigualdades sociales, pero desde una posición pacífica.

Los días de una Iglesia que acompañaba a los pobres, que se ocupaba de promover el cambio social, apoyar el desarrollo de la conciencia crítica, tal vez una de las mejores páginas de la historia de la Iglesia Católica en Bolivia, evocan la figura de Luis Espinal, de sacerdotes que desde su lugar en el campo y en la ciudad apoyaron en la defensa de los más desprotegidos, humillados y explotados.

Perspectivas

A partir de las mencionadas afirmaciones y el contexto en que se desenvuelve la Teología de la Liberación podemos apreciar señales claras que sirven para emprender giros paradigmáticos en la Iglesia Católica, llamada a que se haga escuchar la voz de la base de una Iglesia que agrupa a miles de millones de católicos en el mundo, una teología impregnada de contenidos de liberación que sea un desahogo para los oprimidos y llamamiento a la conciencia de los poderosos.

Como dijo Lucho Espinal en sus Oraciones a quemarropa, lo expresado por el Papa viene a ser un nuevo llamamiento y convocatoria a la Iglesia actual a ponerse el overol de los pobres y cumplir la tarea liberadora de Jesús, materializada en la lucha a lado de los pobres: “Por fidelidad a Cristo la Iglesia no puede callar. Una religión que no tenga la valentía de hablar a favor del hombre, tampoco tiene el derecho de hablar a favor de Dios”.

Para que un cambio semejante tenga lugar la Iglesia Pueblo de Dios tiene que tomar conciencia, organizarse y comenzar una práctica política de transformación y liberación social. En gran mayoría los pobres en nuestros países eran cristianos, así la Teología de la Liberación hizo de la fe un factor de liberación. Las Iglesias que se sienten herederas de Jesús, que fue un pobre y que no murió de viejo sino en la cruz, como consecuencia de su compromiso con Dios y con su justicia, serían las aliadas naturales de este movimiento de cristianos pobres.

Si bien, como dice Leonardo Boff, el Papa Francisco está llevando una “nueva primavera a la iglesia mundial”, ya tiene demasiados y serios desafíos para emprender, los que si trata de asumirlos en carne propia, tal vez nos demostrarían que estamos en las puertas del anuncio de un nuevo profeta por la causa del evangelio, que es la causa de la liberación, y por ello no bastaría solo con nuestro apoyo, como dijo Evo, si no de sumarnos todos a esa causa justa.

Hemos comprobado que la Teología de la Liberación sigue viva y activa frente a los intentos del pensamiento conservador y de la teología tradicional de condenarla y darla por muerta.

“Mientras los pobres continúan lamentándose y la Tierra gimiendo bajo la virulencia productivista y consumista, habrá mil razones para sentir el llamado de una interpretación libertaria y revolucionaria de los evangelios. La Teología de la Liberación es la respuesta a una realidad injusta y salva a la Iglesia de su alienación y de un cierto cinismo”, concluyó Boff.


* Comunicador boliviano, produce “Memorias de Nuestra América”, que se emite por radio y tv.

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