diciembre 4, 2020

Gas: oportunidades… oportunidades

Un nuevo pozo es siempre una buena noticia. Y en este caso se trató de LA NOTICIA. Al parecer, la oposición política tendrá que esperar a que los vientos de la guerra soplen a su favor… el gas no se está agotando como ellos esperaban ni la caída del precio del petróleo está golpeando como ellos quisieran, en su apocalíptica cabeza.

Las reservas acaban de dispararse por los cielos desde el municipio cruceño de Yapacani… de un pozo llamado Boquerón, nada más, y nada menos… Al parecer, la persistencia del gobierno rindió frutos que beneficiarán no sólo al país en su conjunto sino también al departamento que alberga esta gran riqueza.

El gas representa muchas cosas en la memoria colectiva de nuestra diversa sociedad. La importancia que tiene para una planificación estratégica de nuestro futuro nunca pasó por desapercibida. Es, pues, algo que encendió la chispa de las más grandes batallas colectivas bolivianas ya desde su primera nacionalización durante la presidencia del General Juan José Torres y el infame Hugo Banzer Suárez.

Un documental del historiador Carlos Mesa señala con ironía que durante los años 70s del siglo pasado, izquierdas y derechas debatían en torno a dos opciones. Exportar el gas o industrializarlo. La idea común es que las reservas probadas y probables no alcanzaban como para hacer ambas cosas. Luego se descubrió que sí, sí se podía.

Voluntad es algo que no falta estos días. Este aumento de nuestras reservas existentes podría bien significar una Bolivia emergiendo de la periferia mundial hacia posiciones más cómodas que mejorarían las condiciones de todos los bolivianos. La importancia de este recurso es, como todo el país lo supo casi instintivamente desde 2003, geopolítica…

Los recursos energéticos son decisivos en nuestros días. Con China y EE.UU. compitiendo por el acceso a combustibles fósiles y otras materias primas a lo largo y ancho de todo el planeta, Bolivia no puede dejar ir esta oportunidad. Y sabemos que no lo hará. Pero la industrialización de nuestra matriz productiva es algo que se lleva empujando desde la primera gestión del presidente Morales, aún sin resultados definitivos.

Otra preocupación que ha surgido a raíz de este hecho es la referida a la conservación del medio ambiente, una preocupación que parece haber calado hondo en la mentalidad de muchos bolivianos. Se trata de una sensibilidad legítima y totalmente acorde con estos tiempos de cambio. La gestión de nuestros recursos naturales debe ir de la mano con el respeto por la Madre Tierra, que es como llamamos ahora a nuestro planeta.

No obstante, esta preocupación, que es más honesta en unos que en otros, tampoco debe olvidar que la situación de nuestro país sigue siendo precaria. Aunque los avances de los últimos tiempos son innegables, estos dependen de las riquezas que podemos generar a partir de diferentes factores, siendo la tierra uno de ellos. Este movimiento ecologista no debe olvidar esto: Bolivia necesita salir de la pobreza.

Las opciones, de todos modos, no son pocas. El avance de la tecnología puede ayudarnos a mitigar los posibles daños ambientales que esta empresa traiga consigo. Ciertamente, no se trata del fracking estadounidense que ha tenido efectos devastadores tanto para la economía como para el medio ambiente en el norte. Daños que al parecer sí son irreversibles.

Bolivia no parece tener otra opción: industrializarse o perecer es el dilema de nuestros días. Conservar la tierra o perecer, es otro no menos real. Sea como sea, superar estas contradicciones parece llevarlos a un tercer dilema, uno que pocos quieren recordar: socialismo o barbarie.

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