noviembre 30, 2020

El Alto da para más

Lo que está sucediendo en El Alto difícilmente puede ser visto como una lucha entre izquierdas y derechas. Aunque tampoco se puede asumir tan fácilmente la posición que tienen muchos analistas, en el sentido de que se trata de una jugada del MAS para desestabilizar la gestión de la novel alcaldesa Chapetón.

La ciudad de El Alto resume muy bien las contradicciones de la nueva Bolivia que se viene construyendo desde hace casi una década. “Una ciudad que puede lo más pero no puede lo menos”, fue la tesis de un brillante y joven politólogo de esa misma ciudad. Y así es, se trata de una ciudad que puede tumbar presidentes, poderosa políticamente como ninguna, posiblemente debido a que su génesis viene de una larga e imparable ola de desamparados que se mudaron a esas laderas para buscar un mejor porvenir.

Pero también es una ciudad con serios problemas de gestión, que sí, puede tumbar presidentes y cambiar el panorama político boliviano, pero no puede resolver problemas fundamentales como el saneamiento básico o la seguridad ciudadana. Y esto último, su gran debilidad, también es su gran fortaleza.

Una tradición organizativa que puede actuar también en su contra. Se ha escrito mucho sobre la cultura prevendalista en Bolivia, y también sobre el clientelismo político en El Alto, y lo cierto es que sin una dirección ideológica, nuestras organizaciones sociales se pierden en pequeñas francachelas. La solución no reside en que las organizaciones sociales pierdan su protagonismo, sino en que se direccione su poder. Perdidas en demandas sectoriales y sin un gran objetivo en frente, estos guerreros (y no solo los de El Alto) no sabrán qué hacer con sus armas.

Y esto vale también para todo el país. Desde lo descubierto en el Fondo Indígena está claro que no se debe caer en esencialismos ingenuos respecto a la naturaleza revolucionaria de los movimientos sociales. Estos son poderosos pero este gran poder debe ir acompañado de una gran conciencia y ella debe ser trabajada desde la formación política e ideológica.

El Alto está hecho para luchar contra grandes enemigos y por grandes metas. La Agenda 2025 debe ser, al menos en un principio, la primera guía.

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