diciembre 4, 2020

La salud de los bolivianos como Caballo de Troya

Decir que la salud y las políticas de salud siguen el mismo camino que antes del 2006, es faltar a la verdad.

Caballo de Troya es una expresión frecuentemente usada en la vida política para significar ardid, artimaña, estratagema, trampa, truco, triquiñuela. La expresión tiene su origen allá por el año 1270 antes de nuestra era, aproximadamente, en un episodio de la guerra de Troya, tal como lo narran Homero en la “Ilíada” y más tarde Virgilio en la “Eneida”. El caballo de Troya fue un gigantesco animal de madera en cuyo vientre entraron subrepticiamente los soldados griegos a la ciudad de Troya y pudieron tomar la plaza sitiada. Cuenta el relato homérico que, después de mucho tiempo de esfuerzos infructuosos por tomar Troya, el rey de Itaca, Ulises, ideó una estratagema: mandó construir al artista Epeus un colosal caballo de madera y ordenó que lo colocaran a las puertas de la ciudad, con su vientre lleno de los soldados griegos más valientes. Los troyanos salieron en la noche y lo introdujeron a la ciudad sitiada. A la media noche, cuando los troyanos se retiraron, un sujeto que estaba comprometido, llamado Sinón, sacó a los soldados que el animal llevaba dentro y éstos abrieron las puertas de la plaza para que sus compañeros de armas pudiesen entrar a la ciudad. Así cayó Troya en poder de las tropas helénicas. [1]

Desde hacen algunos días, la salud se ha convertido en un Caballo de Troya, de manos del sacerdote católico, padre Mateo, a partir de su singular campaña denominada “10% para la salud”. Considero importante como médica especialista en salud pública con 20 años de experiencia en el sector público de salud, pero sobre todo, como ciudadana boliviana, hacer algunas consideraciones y aclaraciones al respecto, ya que, como se ha visto desde siempre, es muy fácil, cuando se sabe hablar bien y cuando al hacerlo se utilizan palabras escogidas que tocan las fibras íntimas de la sensibilidad humana, convencer de asuntos engañosos. Y sin duda, la salud es un tema sensible para todos, porque se trata de la vida.

El problema de la salud

Empezaré diciendo que el tema de salud es una deuda social largamente arrastrada – más de treinta años – en nuestro país. Las medidas de ajuste estructural en los inicios de los años noventa, no solamente agravaron el tema, sino que lo profundizaron y lo convirtieron en eso, un Caballo de Troya. No había candidato a cualquier cargo político que se atreviera, palabras más o menos, a prometer, en caso de ser elegido, maravillas para mejorar la situación sanitaria de Bolivia, país pobre y como tal, incapaz de resolver este tema.

La salud en Bolivia ha sido históricamente relegada sucesivamente por los gobiernos pasados; inclusive, en los años 90, hubo varias gestiones en que el Ministerio de Salud se vio obligado a vivir casi completamente de la cooperación internacional, puesto que los presupuestos eran ínfimos, imposibles de cubrir una demanda tan sentida como la atención e infraestructura médica. De todas maneras, con dificultades, se avanzó en varios temas y sería injusto negar aquello. Programas de atención al binomio madre-niño, por ejemplo, han tenido sus avances significativos y para corroborar lo que digo, solamente es necesario echar un vistazo a las cifras estadísticas sobre mortalidad infantil o materna por ejemplo, que, a pesar que aún son las más altas de Sud América, han disminuido en mucho. Esto fue posible por el decidido compromiso de un grupo de salubristas que amaban lo que hacían y que pusieron lo mejor de sí mismos para avanzar. Lo mismo podríamos hablar de males como el de Chagas, la Malaria, y muchos más. Sin embargo, cuando un gobierno considera que la salud es un gasto y no una inversión y que es mucho mejor invertir en aparatos represivos, poco o nada puede hacer un centenar de salubristas calificados y comprometidos. Por lo tanto, nunca hubo una seria inversión en hospitales, centros de salud o infraestructura y equipamiento médico que pudiera cubrir las enormes necesidades. Por otra parte, Bolivia es un país con muy poca vertebración caminera y entonces, llegar hasta los más recónditos lugares se hacía cada día más complicado, más difícil, más caro. A veces no era posible ir por un camino; había que hacerlo por río y no pocas veces, al lomo de animales. Ser salubrista en Bolivia en la década de los 80’s y 90’s, era ser un soñador, un quijote, un aventurero.

La democracia y la salud

Hubo una época de oro cuando Bolivia recuperó la democracia, ya que entonces, las autoridades que tenían formación social, entendían lo importante que era tener que velar por la salud; son las grandes campañas de vacunación, la atención prioritaria a mujeres embarazadas y las farmacias populares, así como también la formación de médicos con criterio y consciencia social, los inolvidables médicos PIAAS [2] que fueron los primeros en entender que la medicina no es una profesión elitista, sino que se trata de la profesión de servicio social por excelencia. De la mano de estos profesionales nacieron el Programa Ampliado de Inmunizaciones, el Programa de Atención Materna, Programa Nacional de Bocio y la yodación de la sal; el Programa Nacional de Medicamentos con sus Farmacias Populares y tantos más que hasta el día de hoy, siguen brindando su atención a la población.

Cuando Bolivia recuperó la democracia, el sentido que se le quiso dar a la defensa de la salud como una categoría nueva, superó en mucho el concepto de la atención de la enfermedad, limitada a la promoción, prevención, curación y todas las actividades inimaginables para perfeccionar la práctica médica; para ese tiempo, la defensa de la salud involucraba un cambio cualitativo que se proyectaba al ámbito de las relaciones sociales de producción para insertarse en la lucha social por el logro de todas las reivindicaciones. Evidentemente, un concepto muy diferente a la lógica simplista y binaria de salud – enfermedad.

Pero esa primavera sanitaria duró poco y luego vivimos veintidós años donde la salud fue relegada por gobiernos neoliberales que inclusive, se atrevieron a casi privatizarla, cambiando el lenguaje de Director de Distrito a Gerente, en una clara muestra de la vocación mercantilista y no social que adquirió la salud. Esta no era considerada un bien social, sino un privilegio de aquellos que podían pagarla y los médicos, una de las capas sociales más privilegiadas en la escala social.

Con Evo Morales

Lo anterior cambió para bien desde 2006 y no decirlo sería negar una parte de la historia, utilizando la falacia para engañar al pueblo.

Los primeros pasos concretos fueron dados en la Asamblea Constituyente, ya que la Nueva Constitución Política del Estado Plurinacional estableció en su artículo 18 que la salud era un derecho humano. Por primera vez en la historia de Bolivia el Estado reconocía que era SU DEBER proporcionar salud de calidad a todos y cada uno de los y las bolivianas; esto no es un detalle menor, se trata de una declaración que se traduce, desde entonces y hasta ahora, en la nueva forma de ver la salud, de manera integral, como un derecho humano, pero también reconociendo las prácticas y filosofía ancestral de la salud, traducida ésta, como el equilibrio entre el hombre y la naturaleza. A partir de ahí nace la Salud Familiar Comunitaria Intercultural (SAFCI), camino por el que aún se transita y se seguirá transitando.

Por lo tanto, decir que la salud y las políticas de salud siguen el mismo camino que antes del 2006, es faltar a la verdad; hay no solamente una nueva concepción filosófica de lo que se entiende por salud y por enfermedad, sino que también hay accionares diferentes sobre el particular que, por supuesto, van más allá de una cifra presupuestaria. Pero, como el debate, falsamente creado, empezó por una cifra, veamos cómo están éstas a nueve años de gobierno del Presidente Evo.

La salud en cifras

Según los datos del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (por cierto, “públicos” a los que cualquiera puede acceder en la página web de dicha institución y en la página del SIGMA), se puede evidenciar que en 2005 el Presupuesto General de la República era de 38.774.000.000 Bs., de los cuales 2.522.000.000 era lo asignado al sector salud, significando un 6,51%. A la fecha, para el año 2015, el Presupuesto General del Estado es de 130.374.000.000, habiendo asignado a salud la suma de 14.974.000.000, que significa porcentualmente hablando el 11,5%. (Ver gráficos 1 y 2). También es necesario decir que, cada mes de junio, el presupuesto se reformula, por lo que es muy posible que el presupuesto de salud en Bolivia llegue hasta el 13% para 2015; esto último corresponde a información del Ministerio de Salud. [3]

Seguramente el amable lector o lectora se preguntará porqué si el presupuesto está así de bien, los servicios de salud y el sistema en sí, está así de mal como está. Entonces, es éste el meollo del asunto y no las cifras.

El talón de Aquiles de la salud

El sistema de salud boliviano ha mejorado de manera innegable y progresiva los últimos nueve años, pero el incremento presupuestario no acaba de cubrir las inmensas necesidades del sector, creadas y consolidadas por un sistema neoliberal, mercantilista y depredador que no entendió la importancia de mejorar el sistema social para lograr la riqueza, porque un pueblo enfermo e ignorante siempre está sojuzgado. La salud está en malas condiciones no porque no hay plata, sino por varios otros factores. Podríamos citar algunos.

A. Las universidades: Las universidades públicas y privadas siguen creando médicos que no responden a las necesidades del país y que cuando salen profesionales no encuentran trabajo en el medio, debiendo emigrar o engrosar las filas de miles de desocupados en el país. Y ésta, no solamente es una responsabilidad del Estado; las universidades públicas deberían hacer un estudio serio y concienzudo conjuntamente con el gobierno para definir qué perfil de médico realmente se necesita en el país. Pero eso ha sido negado todos estos años prevaleciendo por conveniencias, el modelo medicalizado binario de la salud, donde el médico está por fuera de la demanda social. Es un médico de élite y es eso lo que las universidades siguen formando. A contrapunto, el Ministerio de Salud forma los médicos “Mi Salud” en Cuba, que son los que ahora hacen el trabajo de Medicina Social, casa por casa, puerta por puerta. Sin embargo, la cantidad de médicos “Mi Salud” no abastece para un territorio tan grande como el nuestro y, encima, son médicos discriminados por los que se forman en las universidades bolivianas.

B. Las cajas de seguro: Estamos así de mal en la salud, ya que tenemos cajas de seguro social que son verdaderos feudos, donde se maneja un modelo absolutamente alejado de la realidad; cajas atiborradas de pacientes, hacinados en las salas hospitalarias, con médicos que deben mal-atender a 100 pacientes por guardia, en una franca explotación laboral y esto, no debido a que no hayan médicos en Bolivia, sino porque a las cajas de salud no les conviene contratar más médicos, debido a que la planilla crecería y los privilegios (¿corrupción?) de los directivos, automáticamente disminuirían. Cajas de seguro con diferencias enormes en cuanto a presupuesto, ya que en un extremo tenemos a la Caja Nacional de Salud con aproximadamente 80 dólares de gasto por asegurado y, en el otro a la Caja Petrolera de Salud, con un gasto per cápita de 475 dólares, aproximadamente.

Tenemos estos problemas enormes de salud porque el personal está mal pagado, no tiene condiciones laborales mínimas, no hay la infraestructura que se necesitaría para un país que tiene más de diez millones de seres humanos y que tiene hospitales que fueron diseñados para medio millón.

C. El Colegio médico: Tenemos problemas en el sector salud porque las instituciones gremiales como el Colegio Médico, se pasan la vida peleando contra el ministro o ministra de salud de turno, en lugar de cambiar la actitud beligerante por una de mutua colaboración, y por fin hacer algo que sea realmente a favor de la población; bajarse del pedestal, acercarse al pueblo, escuchar sus necesidades y actuar en consecuencia. No lanzar toda la artillería cada vez que el Gobierno Central le pide que se sume al carro de considerar ala medicina como un derecho humano y no el privilegio de unos cuantos.

D. La Autonomía: Estamos mal en el sector salud porque la Autonomía que tanto ha costado, se ha convertido en un pretexto pobremente célebre de los Servicios Departamentales de Salud de la oposición para poner trabas a muchas de las decisiones que se toman en el nivel central, con el pretexto de que son autónomos.

E. Ministerio de Salud: Y estamos mal en la salud en Bolivia porque el Ministerio de Salud no reconoce las enormes falencias que tiene; los delicados problemas de la salud pública deben ser encarados desde otra óptica; hay una inestabilidad laboral muy importante entre los técnicos y eso es muy peligroso, porque se tardan muchos años en formar un técnico en Salud Pública y cada vez que el Ministerio pierde uno, pierde memoria institucional muy valiosa; también el Ministerio debe comprender que es necesaria una reingeniería, donde se queden dentro aquellos que realmente manejen con solvencia la Salud Familiar Comunitaria e Intercultural y que puedan combinar postura ideológica y solvencia profesional; aquellos que estén dispuestos a servir y no servirse de la función pública; aquellos que conozcan cómo es la problemática de salud y sus diversas complejidades y sobre todo, cuando las autoridades nacionales en salud aprendan a escuchar y dejen de lado detalles insulsos, para fijar su vista en el contexto global de una salud que definitivamente aún, a pesar de los enormes esfuerzos realizados, no acaba de responder a las necesidades del pueblo. Hay que implementar un Seguro Universal de Salud y eso pasa por dejar de construir elefantes blancos de súperespecialidad y concentrar en el fortalecimiento de los establecimiento de primer y segundo nivel de atención, puesto que el 70% de las enfermedades que aquejan a los bolivianos y bolivianas, especialmente niños, es posible resolverlos en estos niveles, liberando del martirio de tener que pasar más de ocho horas haciendo cola para ser atendido o esperar tres meses una cama de hospital. Sí, hay dinero, pero está mal administrado y eso sucede porque el ministerio está en manos de personas inexpertas y para manejar un tema tan delicado como la salud, se necesita algo más que voluntarismo y juventud.

La salud en Bolivia está mal, porque es un tema que concita muchos intereses. Tanto así que en 2013 la Cumbre por la Salud y la Vida, fracasó debido a que nadie de los involucrados quiso deponer sus actitudes y por lo tanto, el diálogo jamás avanzó.

En resumen

La salud en Bolivia no está mal porque haya poco presupuesto. La salud no es un asunto de cifras, de números. El sector salud tiene más plata hoy en día que en toda su historia, así que el Padre Mateo, debería dejar de una buena vez de mentirle a sus feligreses y en lugar de rasgarse las vestiduras y convocar a marchas ciudadanas, por qué no se informa mejor. El asunto no es que el presupuesto suba, ya está alto. El asunto es comprender que la deuda social de treinta años no se paga en nueve; es comprender que la salud es un asunto de todas y todos, no solamente del Estado; es entender que si hay errores – y seguro que hay muchísimos – estos se deben corregir sobre la base del diálogo y no el ataque.

Vivimos una de las democracias más interesantes de América Latina; entonces, en este medio donde todas las condiciones están dadas para debatir, discutir con ideas y trabajar todo en pos de un bien común tan preciado como la salud, por qué entonces se escoge el camino más fácil de la mentira y las verdades a medias. Seamos serios. La salud es un asunto serio. La vida de los bolivianos, es un asunto serio.


* Médica especialista en Salud Pública.

1 http://www.enciclopediadelapolitica.org

2 Programa Integrado de Áreas de Salud

3 Este presupuesto no incluye a las Empresas Públicas ya que éstas tienen su propia lógica de funcionamiento e inversión de sus utilidades.

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