noviembre 24, 2020

Picaduras de insectos y géneros musicales

por: Bernardo Rozo

Los géneros existen sólo si son reconocidos como tales por la crítica y el público, por lo tanto, son totalmente históricos, apareciendo y desapareciendo de acuerdo a la evolución de las artes mismas.

¿Qué es un género musical? La existencia de géneros implica un determinado interés por la sistematización y la clasificación de las cosas, como ocurre en las ciencias naturales (especie, género, familia, etc.), lo cual, a su vez, implica otras cuestiones históricas relacionadas a la construcción del conocimiento.

En efecto, tomada del latín, esta palabra denota un sentido de “categoría” o “grupo”. Ha sido usada para referir “un grupo de objetos que tienen características comunes”. Sólo desde el siglo XVII se le atribuyó en Europa una definición más especializada con relación al Arte, significando “categoría de obras que tienen caracteres comunes (de trama, estilo, etc.)”. Aún así, no ha dejado de ser un término relativamente fluctuante y variable. Siempre se dudó si se la puede definir por su trama (en la pintura, naturaleza muerta, paisaje; o, en el teatro, el drama, la comedia, etc.), por su estilo (sobre todo en el caso de los géneros musicales), por su escritura (en el caso de los géneros literarios que distinguen, por ejemplo, ensayos de novelas).

En el caso de la música, Jim Samson define al género musical [1] como una clase, tipo o categoría, que es fruto de una convención. Pero el autor llama nuestra atención en el hecho importante de que, dado que las definiciones convencionales derivan de realidades concretas, tales como los productos o las prácticas musicales –las cuales están sujetas a cambios–, un género probablemente está más próximo a ser un “tipo ideal”, no concreto.

Según Samson, los géneros también pueden definirse por estar basados en un principio de repetición: los géneros codifican repeticiones pasadas, e invitan repeticiones futuras. Ahora, y aquí lo interesante, las unidades de repetición que definen a un género musical pueden ser identificadas en varios niveles, pudiendo ser uno de ellos el dominio social, de modo que un género será dependiente de la definición establecida en ese contexto, es decir, de la función y validación de una comunidad en particular, y no sólo de regulaciones formales y técnicas abstractas.

Un entendimiento del uso más restringido y común de género, dice Samson, separa las obras musicales de sus condiciones de producción y recepción, y lo identifica como un medio de ordenación, estabilizando y validando los mismos materiales musicales. Por tanto, las características formales y los esquemas estilísticos bien pueden ser constitutivos de un género, pero definitivamente no son sus equivalentes. De hecho, un género debe diferenciarse de aquellas características que podrían definir mejor a un estilo.

Por su lado, Franco Fabri define un género como “un conjunto de eventos musicales (reales, posibles), que está regido por un conjunto definido de reglas socialmente aceptadas”. Hablar de géneros musicales, por tanto, es hablar de aceptación social, que es la esencia de su desenvolvimiento en la historia.

Al respecto, afirma que las reglas que explican la existencia de los géneros pueden ser: a) formales y técnicas (orales o escritas): siendo, en el caso de los géneros musicales, las principales, ya que se refieren al nivel composicional y a la forma del material sonoro mismo; b) semióticas: las cuales atraviesan todas las reglas del género musical, dado que todas ellas son códigos que crean una relación entre la expresión de un evento musical y su contenido –reglas que implican el carácter narrativo, significativo, connotativo y emotivo de la música, de acuerdo a su contexto específico; implican considerar el factor estético-poético de la música; c) de comportamiento: relativas a las reacciones psicológicas y comportamentales que son codificadas de género en género; d) sociales y ideológicas: cada género es definido por comunidades de estructura variable, que aceptan las reglas de las cuales sus miembros participan en varias formas durante un evento musical; y, e) económicas y jurídicas: cuyo sentido es fácil deducir.

Sin embargo, el autor reconoce que, dado que se puede hablar también de subgéneros, un evento musical también puede estar situado en la intersección de dos o más géneros, y, por tanto, pertenecer al mismo tiempo a cada uno de ellos; entendiendo por “evento musical” cualquier tipo de actividad que esté siendo ejecutada alrededor de cualquier tipo de evento que involucre al sonido [2]. Ciertamente, otra manera válida de caracterizar un género es en base a su constante mutación.

Una gran complejidad semántica se relaciona al término, ya que muchas músicas pueden ser clasificadas como pertenecientes a más de un tipo de género musical; además que éste puede referirse a muchas variables al mismo tiempo. Su dinamismo natural facilita y demuestra el surgimiento constante de nuevas formas musicales concebidas por la humanidad.

Vemos que un género musical es una categoría que identifica varios criterios de afinidad entre diferentes trabajo y materiales; pudiendo ser musicales (ritmo, instrumentación, armonía, melodía, estructura –secciones, movimientos, etc.–; reglas y técnicas de composición y de interpretación); o extra-musicales (origen –región geográfica–, contexto histórico y sociocultural, contenido textual, medios y métodos de difusión, etc.). A pesar de que se reconoce su importancia para el desarrollo de trabajos analíticos, críticos y académicos (para contar con elementos comunes comparables), la definición de un género musical no es tarea fácil.

Los géneros existen sólo si son reconocidos como tales por la crítica y el público, por lo tanto, son totalmente históricos, apareciendo y desapareciendo de acuerdo a la evolución de las artes mismas. Por ello, Umberto Eco comentaba alguna vez [3]: probablemente no sea la discusión de los tipos de taxons, como en las ciencias naturales, lo que debamos discutir; aún diferenciando insectos de arácnidos, según clases y tipos de especie, no podemos dejar de percibir que todos los insectos tienen un determinado efecto sobre todos nosotros: todos ellos, sin distinción, pican y se defienden de nuestra intrusión.

Por ello, en un trabajo más reciente y conclusivo [4], Fabri concluye: antes de estancarnos solamente en la cuestión de cómo nombrar las cosas, quizás sea mejor discutir cómo es que las comunidades describen las categorías relacionadas a la música que experimentan, tomando en cuenta los ejemplos existentes y también sus contradicciones. Más allá de que los géneros sean unidades culturales constituidas por tipos de eventos musicales, y que estén regidos por códigos culturales definidos dentro de dichas comunidades, no debemos olvidar que dichos códigos son objeto de una constante negociación y adaptación, lo que le da al género una particular condición de volatilidad [5].


* Extraído de: Bernardo Rozo, “Por uma Escuta Enativa no Cinema. Etnomusicologia das mediações sonoro-musicais do filme brasileiro Tropa de Elite.” (Tesis de Doctorado, Universidade Federal da Bahia, Escola de Música, 2002).

** Antropólogo y músico. Doctorado en etnomusicología (http://sirinu.blogspot.com/).

1 Jim Samson, “Genre”, The New Grove Dictionary of Music Online, 2001, http://www.grovemusic.com.

2 Franco Fabbri, “A Theory of Musical Genres: Two Applications”, en Popular Music Perspectives, Phillip Tagg and David Horn (Göteborg & Exeter: IASPM, 1981), 52-81.

3 Umberto Eco, Kant y el ornitorrinco. (Barcelona: Lumen, 1999).

4 Franco Fabbri, “Tipos, categorías, géneros musicales. ¿Hace falta una teoría?”, en Música popular: cuerpo y escena en la América Latina (presentado en VII Congreso IASPM-AL, La Habana, 2006).

5 Ibid.

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