noviembre 26, 2020

Crítica de la Cumbre Agropecuaria

por: José Luis Saavedra

En la Cumbre no se logró acordar el tema de los transgénicos y su uso quedó en suspenso, es decir que la expansión de los transgénicos a otros cultivos, además de la soya, todavía depende de la plática entre las organizaciones sociales y los productores agroindustriales.

El MAS ya no es el de 2005, ha ido mudando la propuesta, ya no es tan comunitario, ahora ha abrazado el ‘modelo cruceño’, que es capitalista.

Álvaro García Linera


Confieso que cuando leí este aserto del Vicepresidente García Linera me sentí aturdido porque yo creía –ingenuamente– que estábamos construyendo el socialismo comunitario para vivir bien, en armonía con la Madre Tierra.

Luego del desconcierto empecé a preguntarme cuál es la política económica que el gobierno del presidente Evo está implementando en el campo agropecuario, tanto para el agro-empresariado como para el pequeño productor campesino. En medio de estas cavilaciones advino la realización de la Cumbre Agropecuaria.

El propósito de este artículo es justamente reflexionar en torno a la Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia”, que se realizó el 21 y 22 de abril en los predios de Feria Expo-Cruz de Santa Cruz con la presencia de la plana mayor del gobierno, dirigentes del sector agroindustrial y representantes de los llamados movimientos sociales.

Cumbre agro-tóxica

La Cumbre se con-centró en cinco mesas de trabajo, en las que se trató temas relacionados con la tierra y estructura agraria, producción y productividad, diversificación e industrialización, mercados, precios y exportación e infraestructura y riego.

Se empezó considerando la propuesta de los agro-empresarios de ampliar la verificación de la Función Económica Social (FES) de la propiedad porque –decían– el actual régimen “frena las inversiones en el agro”. En la Cumbre se resolvió este tema y se determinó ampliar el plazo para cumplir con la FES de dos a cinco años, que consiste en dar más tiempo a los ganaderos y agricultores, que trabajan a gran escala, para demostrar que sus predios son productivos. Según los empresarios agropecuarios esta es una “buena señal” para acceder a los créditos e incentivar la inversión.

La mesa de trabajo más afanosa fue la de “Mercados, precios y exportación”, en la que los exportadores cifraban sus esperanzas en lograr que los cupos para el comercio internacional queden sin efecto y así poder exportar sin restricciones. Las expectativas del sector en la Cumbre era que “de una vez por todas” el gobierno “libere las exportaciones” para que los empresarios tengan “a disposición” todo su potencial y que no se vean limitados por una norma que, según su criterio, “no hace otra cosa que perjudicar al país”. Sin embargo, tuvo más peso la postura de mantener los cupos de exportación bajo el argumento de garantizar al mercado interno la oferta alimentaria y sólo exportar los excedentes.

Centralmente se deliberó en torno a la expansión de la frontera agrícola, los agro-empresarios hablan de “empujar el crecimiento de la frontera agrícola”. La ampliación de la frontera agrícola es básicamente para los monocultivos y los transgénicos y que ya en julio de 2013 (El Deber, 12 julio 2013) el gobierno prometió créditos para alcanzar el millón de hectáreas en producción. El gobierno favorece pues la deforestación no sólo con fines agroindustriales sino también para una colonización desordenada y, además, para plantar coca.

Esta disposición es de suma importancia para el país porque está decidiendo el futuro de los bosques y está dando luz verde a la más grande e intensa deforestación que se haya producido en Bolivia. En la anterior Cumbre, realizada en septiembre del año pasado (véase El Deber, 20 septiembre 2014), el gobierno y los agro-industriales de Santa Cruz se pusieron de acuerdo en ampliar la frontera agrícola en 13 millones de hectáreas hasta el 2025. Lo que significaría ¡más de un millón de hectáreas por año! De ocurrir esto se producirían daños funestos tanto para la biodiversidad como para la población y ocuparíamos uno de los primeros puestos entre los países con más deforestación de y en el mundo. Y precisamente en tiempos en que se ha llegado a un consenso mundial sobre la necesidad de evitar la deforestación como uno de los principales mecanismos para mitigar el cambio climático.

Según Teresa Flores Bedregal, el gobierno “adopta la más cruda política de mercantilización de los bosques buscando convertirlos en cultivos agroindustriales para la exportación”, tanto que el propio Vicepresidente García Linera ya ha ofrecido a los agroindustriales modificar todas las normas que impiden la conversión de bosques en tierras de cultivo (El Deber, 19 octubre 2014). De hecho ya se han abrogado varias disposiciones legales que penalizaban los desmontes no autorizados y la conversión de bosques en tierras y en áreas no aptas para esta actividad. Sin embargo, el mismo director nacional de la ABT “aseguró que en el país se agotó la frontera agrícola y no es posible continuar realizando el cambio de uso de suelo en áreas netamente forestales en agrícolas” (Erbol, 23 septiembre 2010). De acuerdo con Flores Bedregal:

“De hacerse realidad estos planes de ampliación de la frontera agrícola, se daría fin con buena parte de los bosques de Santa Cruz, su rica biodiversidad y llevarían al colapso ecológico de ese departamento haciéndolo mucho más vulnerable a los impactos del cambio climático que han venido afectando particularmente a las zonas más deforestadas. Zonas en las que en la época de lluvias se han producido inundaciones que han dejado anegadas importantes extensiones de cultivos con las consecuentes pérdidas. Al mismo tiempo que en la época seca se han producido persistentes sequías que, en parte, se deben a la deforestación porque los bosques retienen el agua y la humedad”.

Precisamente en Santa Cruz existen importantes extensiones de tierras que eran bosques pero, como resultado del mal uso de suelos, se han convertido en eriales, es decir, tierras que ya no sirven para la agricultura ni para la ganadería. Más aún, una extensión importante de los suelos de Santa Cruz son arenosos y una vez denudados de vegetación, la arena tiende a expandirse, y con los vientos se producen tormentas de arena, lo que está llevando a la severa desertización de varias zonas.

El espinoso tema de los transgénicos

De la diversidad de temas tratados, por razones de espacio, vamos a privilegiar –por su importancia estratégica– el de las semillas genéticamente modificadas (léase transgénicos), cuyo uso en el agro ha sido intensamente discutido. Los productores agropecuarios, agrupados en la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), obviamente piden ampliar el uso de la biotecnología (semillas OGM-genéticamente modificadas) con el objetivo –decían– de aumentar la producción no sólo de soya, sino también de maíz, algodón y caña de azúcar. Las propuestas de los grupos empresariales del oriente representados por ANAPO, CAINCO y CAO, giran en torno a la implementación de la biotecnología, que se traduce en la legitimación de nuevas variedades transgénicas como el algodón, el maíz o la caña de azúcar, además de la soya que ya está permitida 1.

Julio Roda, presidente de la CAO, dejó en claro que para que Bolivia sea competitiva en materia agrícola se debe implementar el uso de la biotecnología a través de los “transgénicos” y si se quiere un sector productivo eficiente, competitivo y exportador “urge el uso de los transgénicos”. Asimismo, expresó que la producción en Santa Cruz es extensiva y que los transgénicos son una necesidad que los productores requieren para tornar “eficiente y productiva” la agricultura.

En contraposición, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y las organizaciones sociales que forman parte del denominado Pacto de Unidad (pequeños productores) se oponen a la expansión de la biotecnología. El secretario general, Rodolfo Machaca, sostuvo que los empresarios defienden los OGM con fines de agro-negocio. Actualmente –señaló– hay pruebas de que provocan daños al ser humano y que el uso de los transgénicos (en la producción agrícola) y, más aún, el consumir productos de origen genéticamente modificado puede provocar daños a la salud y por tanto “representan una amenaza para la salud pública”.

Si bien en la mesa dos, “Producción y Productividad”, no se pudo llegar a un consenso, hubo una especie de consentimiento en el sentido que había que alcanzar la coexistencia de la producción transgénica y orgánica, que a su vez implica la introducción temporal de algodón, soya y maíz transgénico por al menos un periodo de cinco años. Así, pues, en la Cumbre no se logró acordar –como se esperaba– el tema de los transgénicos y su uso quedó en suspenso, es decir que la expansión de los transgénicos a otros cultivos, además de la soya, todavía depende de la plática entre las organizaciones sociales y los productores agroindustriales. Si bien esta irresolución ha sido considerada positiva, pienso que no es sino darle carta blanca al gobierno para que, más o menos subrepticiamente, apruebe y/o generalice su uso.

De hecho, la ministra Achacollo ya ha propuesto que el uso de los transgénicos sea “zonificado” y regionalizado. Precisamente hoy el gobierno está “analizando” el uso de la biotecnología (léase transgénicos) en los cultivos agrícolas de manera “zonificada”, que consistiría en utilizar las semillas genéticamente modificadas donde éstas se adecuen. Desde la CAO indicaron que están dispuestos a zonificar o sembrar transgénicos en el oriente y que “se respeten” los otros departamentos. Según el presidente de la CAO, Julio Roda, “lo importante es que la mesa técnica de discusión no se cerró y vamos a trabajar para que lo más antes posible se cristalice el pedido de la biotecnología” (El Deber, 26 abril 2015). Con todo, si el gobierno insiste en y con esta tecnología habría que pedir al menos un referéndum para que la población dirima.

Consecuencias deletéreas de los transgénicos

Una de las más graves consecuencias es que los campesinos viven hostigados por la agroindustria con paquetes tecnológicos que sustituyen y expulsan del campo el trabajo originario tradicional, matan la naturaleza, eliminan la fertilidad de la tierra y destruyen el tejido socio-ambiental (K. Fernández). Otras derivaciones son los riesgos del glifosato, uno de los agro-tóxicos que interviene en la producción transgénica. “Un estudio de la OMS establece claramente que el glifosato asociado a la soya transgénica ha sido detectado como uno de los productos que causan cáncer en seres humanos” (M. A. Crespo).

Más aún, la producción y venta de semillas transgénicas están en manos de las empresas multinacionales (Monsanto, Gargill y otras), que al margen de ser modificadas genéticamente tienen la cualidad de que cada año el productor debe adquirirlas porque no la puede reproducir. Además debe comprar el paquete de agroquímicos y fertilizantes adicionales y con ellos también adquirir el conocimiento para usar esta tecnología. Esto genera dependencia a todo nivel, que ya se vivió y se consolidó, por ejemplo, en México donde la riqueza en la agro-biodiversidad ha sido afectada y se ha demostrado que la introducción de transgénicos y el cambio de variedades por estas semillas no abarataron los alimentos sino que ha generado una problemática social difícil de medir.

Esta situación no sólo toca el debate sobre el uso o no de transgénicos, sino el efecto de los procesos de homogenización de los hábitos alimentarios y los sistemas productivos agropecuarios mediante el consumo de enlatados, comidas rápidas y productos agroindustriales (fideo, azúcar, aceite y otros) no sólo en la población urbana sino también en la población rural, ocasionando la disminución de la diversidad y cultura alimentaria y la pérdida directa de la soberanía alimentaria de las comunidades rurales, debido a que los pequeños productores están re-diseñando los sistemas de producción, inclinándose a producir los cultivos que demanda el mercado de los alimentos procesados, para de esta forma tener los ingresos que les permitan acceder a estos nuevos productos de su dieta familiar.

En síntesis, consideramos que la Cumbre Agropecuaria representa una muy peligrosa amenaza para toda la población de Bolivia, esencialmente porque avanza hacia la legalización de los alimentos transgénicos (OGM) en el país, así como a la expansión de la frontera agrícola. “El gobierno dice que se deben permitir los transgénicos para garantizar la seguridad alimentaria. Esta es una mentira, porque en los 10 años que van de producción con transgénicos no se han elevado los rendimientos. Cada año Bolivia importa más alimentos (…) Esto demuestra que a las empresas y al Gobierno les interesa un pito la seguridad y soberanía alimentaria” (M. A. Crespo).


* Docente de la UMSA

1 Un presidente (Rodríguez) anterior al gobierno de Evo Morales aprobó en el año 2005 una Ley que permite la soya transgénica y, en los últimos 10 años, no se hizo nada para cambiar esta ley.

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