diciembre 4, 2020

Cuando no se puede, no se puede

El próximo 20 de julio han convenido, Barack Obama y Raúl Castro, reabrir sus respectivas misiones diplomáticas en La Habana y Washington.

Este nuevo y certero paso en la normalización de las relaciones entre ambos países, rotas por voluntad de Kennedy el 3 de enero de 1961, representa una nueva victoria de la revolución cubana en su lucha por la autodeterminación y la construcción del socialismo.

El próximo objetivo debe ser el cese del bloqueo económico que EE.UU. impone a la Isla por 53 años, el que ha ocasionado perjuicios materiales que ascienden a 1 billón 112.534 millones de dólares. Sin contar los invaluables daños humanos.

Asimismo, otra revolución, la Boliviariana de Venezuela, el domingo pasado ha dado grandes muestras de civismo y claridad ideológica con la realización de las primarias del PSUV, con el objetivo de elegir a sus candidatos para las elecciones a la Asamblea Nacional del 6 de diciembre.

La jornada electoral fue apoteósica y 3 millones 162.400 venezolanos participaron de la consulta del partido de izquierda con más adherentes de nuestro continente. Los 167 candidatos que representarán al PSUV a fin de año (seleccionados entre los 1162 precandidatos de las primarias) fueron escogidos en la totalidad de las circunscripciones del país. La marea chavista fue demoledora y la participación de mujeres sin precedentes.

Al indiscutido fortalecimiento de los países anticapitalistas de la región, el imperialismo y sus sempiternas aliadas oligarquías criollas responden de la única forma que saben: eludiendo la democracia y promoviendo el golpismo. El nuevo y más peligroso capítulo: la arremetida contra la revolución ciudadana encabezada por Rafael Correa.

El alcalde de Guayaquil Jaime Nebot y el ex candidato presidencial Guillermo Lasso, lideran la sedición ecuatoriana. Ambos son multimillonarios y son parte de ese 1% de la población que sería afectado por la “ley de herencias” que ha propuesto Correa. Ambos tienen un oscuro pasado –y presente– de evasión tributaria y enriquecimientos acelerados y dudosos. Ambos son las cartas del imperialismo para asestar una nueva estocada a la integración de nuestra América.

Hace tres meses la consigna era denunciar el golpismo blando contra Caracas. Hoy debe ser el cierre de filas en apoyo a Quito. La democracia es despreciada por el imperialismo que aprendió que por esa vía: “cuando no se puede, no se puede”.

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