noviembre 27, 2020

Ideas ruralizantes y sus consecuencias

por: Carlos Macusaya 

Hay un problema que hace ilegibles varios procesos sociales. Este problema es el de nombrar de una manera que hace inentendible aquello que es nombrado. “Indígena originario campesino” es una categoría que busca englobar a una población diferenciada en sentido racializado, pero además de ello, ruraliza a esta población. Al referirse, por ejemplo, a los aymaras como “indígena originario campesinos” se supone a los mismos como seres que única y “naturalmente” viven en el campo, como lo expresó la “warmi alcaldesa” de El Alto, con respecto a los “usos y costumbres”. Entonces, ¿cuál es el problema?

Los procesos de estratificación social, la inserción en los circuitos de circulación de mercancías, etc., hoy por hoy nos muestran que entre los “indígenas” andinos se está dando un fuerte proceso de diferenciaciones sociales. Claro que este no es un fenómeno nuevo, sino que se asienta sobre procesos anteriores. Por ejemplo, la reforma agraria (1953) dio pie a la proletarización de poblaciones que antes vivían en haciendas y ayllus, volcando a las mismas a las ciudades. Pero además, los flujos económicos mundiales también inciden, y de modo determinante, en estas diferencias que son de clase.

Si bien hay “indígenas” que cultivan la tierra, también hay quienes que se dedican a otras actividades o/y las combinan, como el transporte, la minería cooperativizada, la docencia universitaria, la música, el deporte, el comercio, etc., etc., etc. Por tanto, el comprender esta realidad es algo imposible si todo se reduce a “indígena originario campesinos”.

Se podría agregar que “indígena” ha sido la forma general de nombrar a los colonizados en África y Asia, y también en este continente, aunque la palabra indio fue su antecedente. La palabra “originario” fue una categoría colonial para diferencia a los “indios” en función a la tributación. Tanto “indígena” y “originario” (como mestizo) son categorías coloniales. En tanto que “campesino” se refiere básicamente a una condición económica que pasa por alto y encubre la estructura racializada.

El hecho de que se hayan sumado estas tres palabras para formar la categoría “indígena originario campesino”, además de referir a tres organizaciones (CIDOB-indígena, CONAMAQ-originario y CSUTCB-campesino), expresa la limitaciones sobre cómo se entiende las relaciones sociales en Bolivia, y en específico, con respecto a las poblaciones racializadas, las cuales viven en su mayoría en las ciudades y se dedican a actividades “informales”.

Teniendo una mirada ruralizante sobre las personas llamadas indígenas, lo que se pierde de vista, entre otras cosas, son los procesos que están sentando las bases para la formación de una derecha “indígena”. Se perfila la formación de una burguesía aymara a partir de la acumulación y circulación del capital comercial. Los intereses de estos comerciantes no son los mismos, por ejemplo, que el de “indígenas de tierras bajas”. Aquí, aunque duela a muchos ingenuos, se hace necesario usar las herramientas conceptuales de clase social, capital comercial, capital industrial, entre otras.

Las diferenciaciones racializadas en Bolivia por mucho tiempo daban una casi equivalencia entre “indios” pobres y no “indios” ricos. Hoy la cosa es más compleja y ello es algo que no se puede comprender con esa noción de “indígena originario campesinos”. Las contradicciones que se han desarrollado, hasta cierto punto, son invisibilizadas con estas ideas ruralizantes.


* Comunicador social y miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

Be the first to comment

Deja un comentario