diciembre 1, 2020

TSE: Nuevos Vocales para la Democracia Intercultural

Jugamos un ajedrez político en el que las minorías partidarias creen que su única jugada posible es la de oponerse a todo y no proponer nada.

Luego de la desastrosa gestión del antiguo Tribunal Supremo Electoral, se han desencadenado una serie de acontecimientos y procedimientos para nombrar nuevos vocales que no sólo reemplacen a los anteriores sino que tengan como tarea fundamental el de recuperar la legitimidad y transparencia con la que debe contar un administrador electoral, y que fue lamentablemente dilapidada en estos 4 años de gestión.

Convocatoria de vocales

A partir del desenlace de la crisis, el propósito fue el de recuperar la credibilidad del TSE con una nueva convocatoria que otorgue mayor énfasis a los méritos académicos y de experiencia electoral para ser nombrado/a vocal. En acuerdo entre oficialismo y oposición se lanzó la convocatoria y se redactó el reglamento pertinente. El resultado inicial fue sorprendente: 403 personas se presentaron a la convocatoria rompiendo las expectativas más optimistas, dando lugar a pensar en el nuevo tiempo que transcurrimos donde la democratización de las posibilidades hacen real esta participación, personas de diverso origen social y que han logrado titularse en diferentes circunstancias que se sientan parte del llamado estatal a conformar un nuevo TSE. Seguramente las razones de los participantes fueron distintas: desde laborales, pasando por expectativas de poder, hasta el sincero deseo de servir a la ciudadanía para institucionalizar nuestra propia democracia.

No pasó mucho tiempo para que, según la convocatoria, se realizaran las impugnaciones. Conociendo la ciudadanía que también varias ex autoridades acusadas de corrupción y otros delitos se habían colado en la convocatoria, tal vez con el afán de conseguir inmunidad. Otros fueron descartados por el incumplimiento documental y finalmente algunos por la “sospecha de simpatías oficialistas” que pasan por relaciones de amistad o de consultorías realizadas con el Estado. Sin embargo, estos últimos casos no tenían relación con la convocatoria y en palabras de un diputado oficialista “cumplían con todo pero no queríamos que la oposición tuviera susceptibilidades sobre las personas que pasarían a la siguiente fase”.

Ruptura del diálogo

En fin, se atropelló los derechos políticos individuales de algunos para generar la posibilidad de acuerdos políticos de concertación, estrategia que no dio resultado por cuanto el oficialismo cerró filas cuando el postulante Exeni fue cuestionado y en consecuencia la oposición abandonó la concertación. Finalmente, la oposición puso en evidencia que su objetivo estratégico era el de no avalar el proceso de elección de vocales, sino el esperar el momento adecuado para la ruptura, y este fue cuando la oposición pretendió equiparar sus condiciones de decisión con los 2/3 oficialistas, y avalar su criterio de que sólo entonces hablamos de democracia. Repitieron el menú de la Asamblea Constituyente de querer obligar a la mayoría a votar por la minoría otra vez, como secuencialmente ocurrió en nuestra historia.

Con este argumento, no es que se pretenda afirmar que simplemente se debe pasar el rodillo de los dos tercios, sino que los argumentos de la minoría para descartar a alguien en esta convocatoria no pueden pasar por la subjetividad de condenar la amistad con el Vicepresidente o del trabajo de consultoría con una instancia de Estado, o peor aún de una foto circunstancial con actores políticos. La mayoría debe contar con márgenes de concertación con las minorías –además basados en una convocatoria y un reglamento construidos en consenso– y uno de ellos no puede ser el chantaje del abandono del proceso para luego denunciar imposición.

Lamentablemente el oficialismo empezó a jugar con las cartas opositoras cuando dio lugar a estos argumentos, no asumieron como criterio de verdad de que nos encontramos en un momento político de alta politización social y donde la mayoría del país apoya el proceso de transformación que se vive sin por ello ser militantes del MAS. Sin embargo, la minoría obliga a la mayoría a condenar a quienes son parte de las ideas que enarbola la Constitución Política del Estado Plurinacional. ¿No sería más coherente reconocer esta condición del proceso, por encima del argumento falaz de que lo que se está buscando elegir son “ángeles” que no tienen posición política o “notables” que en el marco de un argumento colonial es entendible cuando las diferencias se avalaban y eran parte de la discriminación- diferenciación de la “plebe”?.

La elección

Finalmente se llegó a la elección sobre 98 personas que pasaron al plenario del Congreso, y ocurrió lo que se esperaba: la oposición abandonó la sesión y pretendió no avalar todo el proceso en el que participó casi en su totalidad, empezando una campaña de torpedeo sobre el proceso de la elección y los elegidos, que seguramente será un caballito de batalla que pretenderán cabalgar en todos los procesos que se vienen hacia el futuro. Al parecer jugamos un ajedrez político en el que las minorías partidarias creen que su única jugada posible es la de oponerse a todo y no proponer nada, generando las condiciones para el complot.

Sin embargo, ya tenemos un nuevo Tribunal Electoral Plurinacional con tres hombres y tres mujeres, siendo dos de ellos indígena originario campesinos, como señala la ley. Tres vocales son hombres, y tienen la mayor experiencia en procesos electorales en Democracia Representativa, por haber desempeñado cargos anteriores en la institucionalidad electoral; en cambio, las mujeres aportan con la interculturalidad y visiones múltiples al proceso, desde lo indígena originario campesino, la perspectiva de género y también la comunicación. Existe un potencial fundamental en los resultados de la elección que permite dar cabida a la esperanza de que los elegidos finalmente podrán tejer juntos la institucionalidad de la Democracia Intercultural que es la tarea estratégica y razón fundamental de la existencia del OEP como un nuevo órgano del poder público.

Los desafíos

Los nuevos servidores públicos del Tribunal Supremo Electoral, desde el principio deberán recuperar la legitimidad perdida con una gestión diferente y transparente. Construir acuerdos internos en el TSE que permitan la construcción de esa nueva institucionalidad en un reglamento de funcionamiento de la propia entidad. Paralelamente a la organización del proceso del referéndum en marcha, deberán generar las condiciones para una nueva actitud institucional, expresada en el diseño de una estrategia comunicacional de presentación del nuevo TSE. También se debe preparar las condiciones para relegitimar a los TEDs, sea a través de una nueva elección de vocales o de su reposicionamiento institucional, decisión que deberá ser parte de una evaluación interna.

Con prioridad se debe impulsar una auditoría al Padrón Electoral y diseño de medidas de seguridad y transparencia que involucren a la ciudadanía en su credibilidad, tema de permanente interpelación en los últimos años.

El SIFDE, con el apoyo del PNUD, IDEA Internacional e instituciones sociales, abordó durante casi un año el tratamiento de un anteproyecto de ley de Organizaciones Políticas, con procesos de consulta en todo el país; lamentablemente este esfuerzo no fue considerado por el anterior TSE. Es el momento de presentarlo ante el Órgano Legislativo para su tratamiento y sobre todo para acompañar un gran debate nacional sobre la Democracia Intercultural y la forma de hacer política en el país. Además se debe iniciar el trabajo de armar la propuesta de modificación de leyes electorales, en base a consultas y experiencias, para adecuarla a un nuevo tiempo y en perspectiva de la Democracia Intercultural.

La Democracia Intercultural y tareas afines

Un tema estratégico a incorporar en la gestión es el de la Democracia Intercultural. Para eso será necesaria una reingeniería de la estructura nacional y departamental, además de incorporar contenidos fundamentales en toda la gestión.

Se debe organizar una estructura de capacitación permanente en base a los contenidos mencionados y en ese camino consolidar el funcionamiento del Instituto para la Democracia Intercultural (IDI) Nacional que dé lugar a que exista departamentalmente, de acuerdo a iniciativas y necesidades de las TEDs. Realizar acuerdos y convenios que permitan su funcionamiento a nivel académico y de capacitación a nivel de organizaciones sociales.

En aquella institucionalización haría falta normar procesos de capacitación permanente al personal del OEP a nivel nacional y departamental. También organizar procesos de capacitación y actualización para notarios y funcionarios públicos de manera permanente y no sólo en tiempo electoral. Asimismo, proponer y realizar investigaciones nacionales y departamentales que aporten a la reflexión y deliberación sobre la D.I. y la sistematización de la Democracia Comunitaria.

Es trascendental avanzar en el proceso de descentralización de las responsabilidades de los TEDs y de los SIFDEs departamentales, con los recursos necesarios humanos y materiales que permitan su jerarquización. Proponer un plan de selección, crecimiento y cualificación institucional del personal que permita tener los equipos adecuados y la infraestructura en relación a la importancia constitucional que tiene el OEP. Reorganización de la infraestructura en función de las prioridades del trabajo institucional con la sociedad civil (y no de las comodidades y lujos del TSE como ocurrió en el pasado inmediato). Reorganizar la red informática con las TEDs que permita que la WEB sea un producto colectivo, que además de otorgar insumos informativos, profundice en la experiencia intercultural.

Esas son algunas de las líneas de trabajo que deberían tomarse en cuenta para una planificación inicial del TSE –con este nuevo espíritu de los nuevos integrantes– que deberá construir interculturalidad democrática en su relación institucional, promoviendo confianza, reconocimiento mutuo, comunicación afectiva, diálogo y debate, aprendizaje común, intercambio positivo, impulso de la resolución pacífica de conflictos, cooperación y convivencia pacífica, entendiendo que las Democracias y la Interculturalidad se necesitan mutuamente en la política de la convivencia social que señala nuestra Constitución. Otorgar un voto de confianza a quienes tienen una ardua labor en el proceso de relegitimar el TSE, para que en la gestión de la Democracia Intercultural que desarrollarán, veamos, valoremos y participemos en la construcción del Estado Plurinacional que será la Casa de todas y todos en este país tan pluriversal.


* Sociólogo. Ex Director del SIFDE-TSE

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