diciembre 4, 2020

Luchar por el fortalecimiento de la democracia intercultural

por: Rider Jesús Mollinedo

Necesitamos un órgano que sea capaz de impulsar las diferentes concepciones y prácticas democráticas que existen en el país

El ex presidente de la extinta Corte Nacional Electoral de Bolivia, autor de conocidos trabajos en los ámbitos de la comunicación, la democracia y la interculturalidad, vocal del recientemente electo Tribunal Supremo Electoral (TSE), contestó a las preguntas de La Época sobre los retos que debe encarar el nuevo TSE y sobre la necesidad de profundizar la democracia intercultural en Bolivia.

La Época (LE).- ¿Qué Órgano Electoral Plurinacional merecen los bolivianos y las bolivianas, Dr. Exeni?

José Luis Exeni (JE).- Las y los bolivianos merecen un Órgano Electoral Plurinacional que sea fuerte, autónomo e independiente, en igual jerarquía con los otros órganos del poder público como establece la Constitución, es decir, que tenga una verdadera estructura de órgano del Estado, lo que no ha ocurrido en los últimos y dilapidados cinco años.

El gran desafío en este momento es constituir este órgano electoral para que desde esta institucionalidad se pueda, por supuesto, administrar procesos electorales plurales, transparentes, competitivos, técnicamente impecables, pero sobre todo llegar a asumir ese horizonte democrático que nos hemos trazado como país: el de la democracia intercultural.

Necesitamos un órgano que sea capaz de impulsar las diferentes concepciones y prácticas democráticas que existen en el país en relaciones de complementariedad entre ellas. Si logramos hacer todo esto creo que habremos dado un gran salto, no sólo en términos de construcción institucional, sino en términos de demodiversidad, de ejercicio y de práctica democrática.

LE.- ¿Cuáles son los principales retos que debe asumir el reciente reconformado Tribunal Supremo Electoral?

JE.- Existen varios retos en diferentes niveles. Un reto de corto plazo tiene que ver con recuperar la confianza ciudadana en la institucionalidad electoral que, como resultado de la crisis terminal a la que se ha llegado con el anterior tribunal, hoy está muy dañada.

Tenemos que empezar por recuperar esa confianza, esa legitimidad, esa fortaleza institucional. Ello implica tomar acciones institucionales de corto plazo como el fortalecimiento del Servicio de Registro Cívico (SERECI) que es uno de los ejes clave del tribunal. En ese ámbito se plantea la necesidad de hacer una auditoría integral al padrón electoral para tener un padrón impecable para los futuros procesos democráticos.

El otro eje central es el Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE), área que está bajo mi responsabilidad, que prácticamente debe ser reconstituida por estar desmantelada. Es fundamental porque es esta entidad la que tiene la responsabilidad de impulsar la democracia intercultural.

Otros retos están vinculados con impulsar un proceso de reforma normativa, por supuesto con un amplio debate y una amplia consulta, que haga algunos ajustes puntuales en la Ley del Régimen Electoral, en la Ley del Órgano Electoral Plurinacional, en la Ley Marco de Autonomías, y se consolide una norma que está pendiente pese a que hay dos proyectos de ley, que es la Ley de Organizaciones Políticas que sustituiría a la Ley de Partidos Políticos de 1999, totalmente rezagada respecto al proceso constituyente y postconstituyente, y a la Ley de Agrupaciones Ciudadanas y Pueblos Indígenas de 2004.

LE.- ¿Qué tareas hay que cumplir en lo inmediato?

JE.- En el corto plazo tenemos convocado por Ley un referendo, el del 20 de septiembre, inaugural de la era de los estatutos autonómicos y cartas orgánicas. Es muy importante en términos del componente autonómico del Estado, pero también del componente plurinacional porque incluye referendo para dos autonomías indígenas.

Tenemos que garantizar que este referendo, que se desarrollará en seis departamentos, se dé técnicamente impecable en relación al padrón, al sistema de cómputo, a la capacitación de jurados, a la información pública. Ahí es importante que como tribunal demos una muestra de eficiencia en la administración del proceso pero que a su vez éste sirva para generar espacios de discusión sobre las diferentes formas de democracia que existen en el país, sobre los diferentes niveles de organización territorial del Estado y de manera concreta lograr que la ciudadanía participe con un voto informado y no con un voto consigna. Ello sólo se va lograr a través de una difusión amplia de los estatutos por los cuales se votará y con la generación de espacios en los cuales se discuta estas “mini constituciones” para los departamentos, cartas orgánicas para los municipios y estatutos de autonomía indígena para las autonomías indígenas.

Necesitamos hacer una gran reingeniería institucional porque hemos visto serios problemas en términos de la estructura organizativa del mismo tribunal.

Finalmente necesitamos que este golpe de legitimidad y de fortalecimiento que ha llegado ahora al TSE, con los nuevos vocales, también llegue a los tribunales electorales departamentales. Para eso vamos a partir con un diagnóstico de cada uno de los tribunales electorales para ver sus capacidades, fortalezas y debilidades. Ya tenemos prevista para la próxima semana una primera reunión nacional con todos ellos.

Entonces, tenemos todo un paquete de medidas estructurales, institucionales, normativas y de administración de procesos que ejecutaremos paralelamente ya que no tenemos ni un segundo que perder en este desafío que hemos asumido.

LE.- ¿Cuál fue el principal error del anterior Tribunal Supremo Electoral?

JE.- Si hubiera que identificar algunos errores, los dos fundamentales son: primero, que nunca llegaron a asumirse como un órgano del poder público sino que siguieron siendo la ex Corte Nacional Electoral, no logrando garantizar su autonomía e independencia en relación a los otros órganos del poder público. Segundo, creyeron que este órgano seguía teniendo la responsabilidad única y exclusiva de organizar elecciones.

No entendieron que el objetivo democrático en el país es una democracia intercultural. Es decir, ir más allá de procesos electorales y pensar en impulsar la democracia directa, la democracia participativa, las democracias comunitarias, en plural, porque son varias y diversas.

No queremos lamentarnos en los errores del pasado pero sí asumirlos como aprendizajes, sobre todo como desafíos de manera colegiada en la sala plena.

LE.- ¿En qué estado considera que se encuentra la democracia intercultural en Bolivia?

JE.- Mi impresión, como resultado de los acercamientos y estudios que pude hacer, es que a más de seis años de la aprobación de nueva Constitución todavía no hemos logrado ni siquiera asentar la idea de lo que es una democracia intercultural en el país.

La democracia intercultural existe básicamente como un horizonte normativo que ha sido definido en la Ley del Régimen Electoral. Existe como una muy buena idea, pero que no está inserta ni en la ciudadanía, ni en las organizaciones políticas, ni en los órganos del poder público, ni en las organizaciones sociales.

No se puede hablar de democracia intercultural sino se habla al mismo tiempo de los otros componentes del nuevo modelo de Estado que son la plurinacionalidad, el pluralismo jurídico, el horizonte que nos hemos trazado en términos de vivir bien o “buenos vivires” en plural. En este momento estamos en una fase inicial de este horizonte llamado democracia intercultural.

El desafío es generar espacios de conocimiento, de reconocimiento de saberes y prácticas democráticas y, por supuesto, de espacios públicos donde se empiece a discutir de forma seria qué significa apuntalar un horizonte de democracia intercultural, qué significa asumir que en Bolivia tenemos diferentes concepciones y prácticas democráticas. No hay un modelo único, hegemónico, si no hay diferentes concepciones que están en interacción y en algunos casos en disputa.

La Paz, julio 15 de 2015

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