noviembre 27, 2020

La ofensiva mediática

El escenario conflictivo, generado por el Comité Cívico de Potosí, ha despertado viejos sueños de una oligarquía señorial que aún mantiene su idea de balcanizar el país aunque los esfuerzos por tensionar las relaciones entre gobierno y la sociedad a nivel nacional han fracasado.

Pese a esta evidencia, varios medios de comunicación opositores al proceso de cambio, a través de sus más recalcitrantes antievistas, no han perdido la oportunidad para insultar y desmerecer el trabajo del actual gobierno.

Uno de estos casos es el de un ex director de una de las redes más opositoras, supuestamente de “periodistas” y no de “propagandistas”, aunque a diario reproducen miedo, la muerte, la envidia, la diatriba y el insulto, resabios de una herencia colonial aún presente.

Con el hígado en los labios el “periodista no propagandista” calificó como “reporterita” a la actual Ministra de Comunicación, olvidando que hace unos años elogiaba la entrega y profesionalidad de la misma persona, aunque su capacidad de odio solamente es explicable a partir de las patologías psicológicas de personas emocionalmente inestables.

Pero, regresando al tema de la Ministra y su desempeño en los días de dura práctica de un periodismo confiable y desde el relato vívido de los acontecimientos, sin mediar ninguna interpretación, en justicia podemos sostener que fue una de las corresponsales que dio prestigio a la red que hoy sufre del mal del doctor Jekill.

Esta metodología de utilizar el miedo desde los medios de comunicación es hoy el mejor instrumento de sumisión de las sociedades, de la enajenación de las conciencias y la pervivencia de sistemas opresores y explotadores como el capitalismo.

Actualmente urge analizar de manera integral el fenómeno del desarrollo capitalista pues uno de sus componentes más importantes son los medios de comunicación, que influyen y condicionan a las personas y reproducen sus temores.

Estamos asistiendo al desarrollo de una forma de comunicación persuasiva que apela a los instintos más primarios del ser humano, cuyo horizonte es la depresión social y la espera de un mesías salvador. Aquí, el Estado Islámico y los sentimientos que promueven ciertos medios de comunicación son coincidentes.

La calificación de “reporterita” nos permite hacer una lectura de su autor, primero una mirada de superioridad (egolatría), seguido de un machismo sin disimulo y, por último, la envidia. Con este perfil, ¿podemos hablar de un periodista, por lo menos equilibrado?

Bienvenidos los conflictos si a través de ellos podemos conocer mejor a sus impulsores y apologistas del miedo, la historia de los pueblos siempre ha sido la misma, quienes quieren dominar vendiendo pedazos de vidrio coloreado y los que construyen día a día la posibilidad de ser libres.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino.

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