diciembre 5, 2020

Socialismo Comunitario, un horizonte de época

por: Vidal Amadeo Laime Humerez

La lucha en contra de un sistema de dominación planetario, como es el sistema capitalista, implica la construcción de un horizonte que trascienda y supere al Estado Plurinacional.

El fin de la historia

Luego de la caída del muro de Berlín (1989) y la disolución de Bloque Soviético (1991), el mundo parecía haber dejado atrás una época signada por la contraposición encarnizada de dos ideologías imperantes. Fue una época en la que el sistema capitalista se vanagloriaba a sí mismo enarbolando su aparente superioridad. Sumado al fracaso que significó el llamado socialismo real instaurado por la U.R.S.S. (1924), profundizó y aceleró una especie de desencanto, no solo de parte sus detractores más próximos (lo cual era de esperar), sino también de quienes se identificaban plenamente con el pensamiento marxista. La máxima de otro mundo es posible, quedaba como un triste recuerdo de luchas gloriosas.

Fue una época de retroceso para los pueblos del mundo, y la vez de avance inusitado del sistema capitalista. ¿Cómo se podía interpretar la frustración que significaba el haber desperdiciado la oportunidad de construir un socialismo que erradicara todo rastro de injusticia? La revolución llevada a cabo en 1917 por el pueblo Ruso, culminaba desastrosamente en una derrota aplastante. Es en ese contexto en el que intelectuales como Francis Fukuyama alardeaban que la humanidad había llegado a su momento culminante: el fin de la historia era el fin de las ideologías en el mundo o por lo menos así lo entendían. Para algunos significaba el tránsito de un mundo bipolar a un mundo unipolar, con un sistema capitalista triunfante era ineluctable.

Bolivia, recuento

El panorama descrito parecía desolador, la guerra fría era un triste vestigio, y en Bolivia la situación no estaba exenta de los cambios que se estaban produciendo fuera de nuestras fronteras. Particularmente, la década de los noventa en nuestro país profundizó la historia de saqueo y entreguismo iniciada desde antes de la fundación de la Republica. [1] Pero fue a partir del año 2000 (Guerra del Agua) cuando se empieza a interpelar a la clase política y al orden imperante. Se inicia un periodo de alta movilización social y conflictividad. El sistema político no estaba preparado para la embestida social que se avecinaba y, entre el 2000 y 2005, se da el quiebre del sistema de partidos políticos, gestándose un nuevo proyecto estatal. Lo curioso es que la frustración del pueblo se condesó al punto de no estar conforme con la deposición del gobierno, reclamaba un nuevo tipo de Estado, apartado de las políticas neoliberales y de las recetas extranjeras que pregonaban que nos llevarían a un desarrollo igual al de las potencias mundiales (las cuales guiaban sus políticas bajo el sistema capitalista).

En Bolivia la lucha por la soberanía y la liberación política, económica y social, configuraron un escenario en el que el pueblo movilizado no aguantaría un desaire más. Un nuevo proyecto de poder iniciaba un camino largo, tortuoso y sinuoso, el cual tenía como actor principal al movimiento popular campesino, cuya ruta crítica pasaba por distanciarse radicalmente de las políticas neoliberales, pero fundamentalmente tenía un horizonte de lucha que se justificaba plenamente. Pretendían luchar contra un sistema depredador de la naturaleza y empobrecedor del ser humano.

Con el arribo al poder del presidente Evo Morales Ayma (2005) se inicia un periodo de recuperación de los recursos naturales, inclusión de sectores históricamente marginados, distribución de la riqueza, pero quizá lo más importante: la convocatoria a la Asamblea Constituyente (2006), cuya misión fundamental era redactar una nueva Constitución Política del Estado. Sin embargo, fruto de la resistencia protagonizada por sectores privilegiados (oligarquía), por las políticas de los anteriores gobiernos, se produce una nueva tensión entre estos sectores pudientes y el movimiento popular campesino; el gobierno sufrió la arremetida y el asalto de las instituciones del Estado (2008), y a pesar de que la exacerbación de la violencia parecía ser la única vía de resolución del conflicto, el gobierno logró pacificar el país.

Promulgada la nueva Constitución Política del Estado (2009) se abre otra etapa en la historia del país, la vieja Republica (exhausta, agotada y cansada) abre paso al Estado Plurinacional, el cual tenía como origen provenir del seno mismo de la sociedad [2].

El socialismo comunitario, propuesta

Todas las luchas protagonizadas por las clases populares, el movimiento el obrero y los pueblos indígena originario campesinos, parecían haber llegado a un momento de culminación memorable. Sin embargo, el hecho de contar con una nueva Constitución Política del Estado y empezar el andamiaje del Estado Plurinacional, sería tan solo el inicio de un proceso de desmontaje prolongado y sistemático del que otrora fue conocido como el Estado Liberal-Colonial. Es aquí donde aparece la propuesta del socialismo comunitario como horizonte de época; en palabras del vicepresidente de Estado Álvaro García Linera, esta propuesta se la entendería de la siguiente manera: “Elsocialismo comunitario es la expansión de nuestra comunidad agraria con sus formas de vida privada y comunitaria, trabajo en común, usufructo individual, asociatividad, revocatoria, universalizado en condiciones superiores” [3], cuyos ámbitos, según García Linera, son:

• En lo político, en el socialismo comunitario, la sociedad política y la sociedad civil vuelven a fundirse gradualmente, esto quiere decir que un comunario, un joven, un estudiante, un campesino o un empresario se hacen partícipes directos de la toma de decisiones, sin necesidad de especializarse para ello, es la sociedad civil la que por sí misma toma decisiones mediante sus asambleas, congresos y cabildos, desaparece la clase política especializada y todos nos volvemos políticos, tomamos decisiones todo el tiempo.

• En lo social, desaparecen las clases sociales, los derechos están garantizados para todos sin diferenciación de apellido, de color de piel, de lugar de nacimiento, de forma de vestir o de idioma. Cada pueblo desplegará sus capacidades culturales, sus habilidades, sus iniciativas como aporte al resto de los pueblos, sin jerarquías entre culturas, pueblos o necesidades.

• En lo ético moral, el socialismo comunitario se caracteriza por un respeto supremo no al lucro ni al beneficio, sino a la vida humana y la naturaleza; un apego a la comunidad, a la solidaridad a la fraternidad y al trabajo en equipo como fundamentos de su trabajo, de sus iniciativas y de sus decisiones.

En esa orden de cosas, la lucha en contra de un sistema de dominación planetario, como es el sistema capitalista, implica la construcción de un horizonte que trascienda y supere al Estado Plurinacional; es decir, de acuerdo al criterio vertido por uno de los mandatarios de este país, puedo llegar a suponer que la consolidación y vigencia del Estado Plurinacional, es situada como una fase de transición, siendo que el socialismo comunitario sería una fase superior en la cual el Estado ya hubiese construido las condiciones necesarias para su propia disolución. En otras palabras, una vez que los cimientos (Estado Plurinacional) del nuevo Estado hayan logrado asentarse con firmeza se abrirá paso el socialismo comunitario.

En ese entendido, García Linera, ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, describía algunos óbices y/o distorsiones que tiene que sobrellevar el socialismo, los cuales por la relevancia del caso, se describen a continuación [4]:

• Socialismo no es una etiqueta partidaria pues, muchas veces, eso solo ha servido para camuflar la aplicación de la barbarie neoliberal.

• Socialismo tampoco es un decreto, porque eso sería reducir la acción colectiva del pueblo a una decisión administrativa de funcionarios públicos.

• Socialismo tampoco es estatizar los medios de producción. Eso ayuda mucho a redistribuir riqueza, pero la estatización no es una forma de propiedad comunitaria ni una forma de producción comunitaria de la riqueza.

Hasta aquí la propuesta es atractiva y atrayente, pero cuando el Vicepresidente nos dice que: “El socialismo no es una nueva civilización, no es una economía o una nueva sociedad. Es el campo de batalla entre lo nuevo y lo viejo, entre el capitalismo dominante y el comunitarismo insurgente. Es la vieja economía capitalista aún mayoritaria, gradualmente, asediada por la nueva economía comunitaria naciente. Es la lucha entre el viejo Estado que monopoliza decisiones en la burocracia y un nuevo Estado que cada vez democratiza más decisiones en comunidades, en movimientos sociales, en la sociedad civil” [5], da la impresión de que se está ante un nuevo proceso de transición. De ser así, el horizonte de época el cual se plantea ser la alternativa al capitalismo tiene un largo camino por recorrer.

¿El fin del capitalismo?

Mientras tanto, voces como la de Oppenheimer [6] indican que: “Casi no pasa un día sin que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y sus colegas de Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países no proclamen –algunos más explícitamente que otros– el “fin del capitalismo”. El ex gobernante cubano Fidel Castro viene anunciando la inminente muerte del capitalismo desde principios de la década de 1960.” [7] Así también añade: “El problema es que, aunque no hay duda de que el capitalismo tiene sus defectos, muchos presidentes latinoamericanos están sentados de brazos cruzados esperando su muerte. Mientras tanto, China, India, Vietnam y varios países asiáticos vienen creciendo y reduciendo la pobreza a pasos agigantados desde que empezaron a apostarle al capitalismo en la década de 1980.” [8]

En tal sentido, los ejemplos que esgrime no dejan de ser inquietantes, entre ellos revela los siguientes: Apple alcanzó un valor récord de $us 710,000 millones el 10 de febrero (2015). Para ponerlo en perspectiva, Apple vale más que todo el producto bruto interno de Argentina ($us 610,000 millones), Venezuela ($us 483,000 millones), Colombia ($us 378,000 millones), Chile ($us 277,000 millones) o Perú ($us 203,000 millones), según cifras del Banco Mundial. Los presidentes de Ecuador, Uruguay y Bolivia deberían ser los primeros en tomar nota. Apple vale siete veces más que toda la economía de Ecuador ($us 94,000 millones), doce veces más que la de Uruguay ($us 55,000 millones), y veintitrés veces más que la de Bolivia ($us 30,000 millones). Igualmente, WhatsApp, la aplicación de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes iniciada por dos jóvenes de veintitantos años fue vendida el año pasado por $us 19,000 millones. Uber, una empresa fundada hace cuatro años que creó una aplicación para teléfonos inteligentes conectada a un servicio de taxis particulares, ha alcanzado un valor de mercado de $us 41,200 millones. [9]

En suma, para Oppenheimer las pruebas están a la vista. “Hay países de todas las tendencias políticas –desde la dictadura comunista de China, hasta la dictadura de derecha de Singapur, o las democracias como Corea del Sur, Taiwán o Finlandia– que han prosperado mucho más que los países latinoamericanos en los últimos cincuenta años gracias a que le apostaron a la educación y a la innovación. Estos países producen cada más patentes de nuevas invenciones que multiplican cada vez más sus ingresos y reducen cada vez más la pobreza. Al igual que ellos, es hora de que en Latinoamérica entremos de lleno en la era de la economía de conocimiento y entendamos que el gran dilema del siglo XXI no será “socialismo o muerte” ni “capitalismo o socialismo” ni “Estado o mercado” sino uno mucho menos ideológico: innovar o quedarnos estancados, o para ponerlo en términos más dramáticos: crear o morir.” [10]

A pesar de estar en desacuerdo con Oppenheimer (cuya intención es borrar de un plumazo las injusticias que comete el capitalismo) no deja de ser inquietante las cifras que maneja y los ejemplos que utiliza. En tal sentido, si bien nuestro país se encamina por la construcción del socialismo comunitario como horizonte de época, tendremos que encontrar los mecanismos adecuados para no quedar rezagados del concierto internacional en lo que respecta el adelanto tecnológico y la economía del conocimiento. Ese es el contexto en el que nuestro país construye su propio destino, o como diría García Linera, nos situamos entre un despertar revolucionario, o una restauración conservadora. Solo hay un solo camino por delante.


* Politólogo.

1 Bolivia ha vivido momentos duros en su devenir histórico. El envilecimiento, la opresión y el más encarnizado racismo realizado hacia a las comunidades indígenas, protagonizado por las elites gobernantes, marcaron una huella indeleble, cuyo contenido excluyente forma parte de una época signada por flujos y reflujos, es decir, la segregación exacerbada por los gobernantes de turno fue igualmente resistida; Tupac Katari, Bartolina Sisa, Pablo Zárate Wlika son símbolos de aquella resistencia heroica.

2 Un Estado cuya parte filosófica se encuentra redactada en el artículo primero de la Constitución, la cual reza del siguiente modo: Bolivia se Constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país. (Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia. Primera parte. Titulo I. Capitulo Primero. Modelo de Estado. Artículo 1).

3 El socialismo Comunitario. Un aporte de Bolivia al mundo. Entrevista realizada por el canal 7 y red patria nueva. Febrero 7 de 2010.

4 Discurso del Vicepresidente Álvaro García Linera en la toma de posesión presidencial, 22 de enero de 2015, Asamblea Legislativa Plurinacional.

5 Ibid.

6 Andrés Oppenheimer es conocido por tener criterios reticentes, respecto a las luchas reivindicativas de los pueblos, pues parte de una concepción en el que las ideologías políticas son cosa del pasado.

7 El Nuevo Herald. Andrés Oppenheimer. “Latinoamérica y el Fin del Capitalismo”. Febrero 25 de 2015.

8 Ibid.

9 Ibid.

10 Oppenheimer Andrés, “Crear o Morir”, La esperanza de América Latina y las cinco claves de la Innovación. Septiembre 2014.

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