noviembre 27, 2020

El temor a la “madre tierra” y sus favores

por: Carlos Macusaya

El mes de agosto se considera el mes de la pachamama. Se trata de un tiempo en el que se realizan una serie de rituales y no solo en las aéreas rurales sino también en las aéreas urbanas (por las grandes migraciones que se dieron desde el pasado siglo). Estos actos y sus motivaciones son muy llamativos, aunque en la actualidad lo estético exótico parece opacar el sentido que tienen.

Podría discutirse eso de “madre tierra” en relación a pachamama, pues con esta última palabra se nombra más un espacio de producción agrícola y no la totalidad del planeta. Pero asumamos, aunque sea de modo simplemente instrumental (como quienes la han promovido), la idea de “madre tierra” en relación a este mes de agosto como mes de la pachamama.

La idea más vulgar que ingenuamente es aceptada en la actualidad es que los “indígenas” hacen rituales en este mes para retribuir, en sentido de reciprocidad, a la “madre tierra” sus bondades, manteniendo así la armonía con la naturaleza. Como se supone que los indígenas tienen un contacto directo con la “madre tierra”, inentendible para el común de los mortales, estos actos son vistos como la expresión de dicha armonía, incluso como su garantía. Pero esto es puro prejuicio, o por lo menos se trata de una apreciación excesivamente parcial.

Un ejemplo ilustrará como se entiende a la pachamama y el sentido de los actos que se hacen en agosto entre los aymaras que no están ocupados en divertir turistas. Cuando alguien muere en este mes se suele “explicar” tal suceso atribuyéndolo al hambre de la pachamama. La “madre tierra” está hambrienta y se come a los humanos quitándoles la vida. Los accidentes automovilísticos en las carretas en este mes son entendidos de este modo. Por lo tanto, hay que calmar a la inclemente madre dándole ofrendas y sangre (wilanchas). En agosto se expresa el temor a la “madre tierra”, un ser con el que no se vive en armonía y por ello se le da ofrendas.

Pero hay otro aspecto. Los actos que se dan agosto también están dirigidos a pedir favores a la despiadada madre. No se trata de favores relacionados a la moda pachamamista sobre la armonía y la complementariedad con todos los seres del universo, sino relacionados a garantizar el éxito económico, muchas veces relacionado a actividades que contaminen el ambiente, como en el caso de los cooperativistas mineros.

Los transportistas aymaras se dirigen alguna apacheta, con sus camiones u otros vehículos, para sacrificar una llama solicitando mayores beneficios materiales (las alasitas tienen el mismo sentido antipachamamista). También hay ofrendas más humildes, de personas que no pueden pagar el costo de una llama, pero que también piden favores materiales.

En general, entre el temor y la petición de favores, se trata de que ciertos fenómenos que no son explicados racionalmente y son atribuidos a la inclemente pachamama. Se le da ofrendas para que los seres queridos no mueran o para no morir uno mismo. Se le pide favores no para vivir en armonía con todos los seres, sino para tener éxito económico. Ninguno de estos aspectos es entendido en su sentido racional, sino mítico.


* Comunicador social y miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

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