noviembre 26, 2020

La importancia de la formación política en la construcción del Estado Plurinacional

por: Rider Jesús Mollinedo

No ha sido suficiente la participación meramente electoralista; es imprescindible el trabajo político de la identidad respecto al Proceso de Cambio.

La escritora y feminista comunitaria Julieta Paredes cordialmente respondió a las consultas de La Época sobre los efectos del conflicto cívico potosinista, la realidad que revela este acontecimiento y la urgente necesidad de formación política en los diversos sectores sociales que sostienen el denominado Proceso de Cambio que lidera el presidente Evo Morales Ayma.

Rider Jesús Mollinedo (RM).- Recientemente han concluido las movilizaciones del Comité Cívico Potosinista en la ciudad de La Paz a raíz del abrupto cierre de negociaciones entre esta organización y el Gobierno: ¿Cuáles son los efectos que tiene o tendrá la mencionada movilización en el aspecto político?

Julieta Paredes (JP).- La forma cómo se llevó las negociaciones y las movilizaciones prácticamente han alejado a los movimientos sociales de la construcción del proceso de cambio. Más bien lo que han hecho es afirmar colonialismos, racismos, autoritarismos, frustraciones y complejos concebidos por los grupos dominantes, quienes todavía detentan unas relaciones discriminadoras y, por supuesto, machistas, las cuales contribuyen en la construcción del patriarcado aquí en Bolivia. Eso es lo preocupante.

Potosí, que ha sido un bastión en la acumulación de reflexión política, organización revolucionaria, hoy nos muestra que no ha sido suficiente la participación meramente electoralista sino que es imprescindible el trabajo político de la identidad respecto al proceso de cambio y a su objetivo: el revolucionar las estructuras subjetivas, las estructuras sectorial-corporativistas, las estructuras que tienen apresado a un Estado Plurinacional, a nuestras comunidades, al propio gobierno dentro de las propias normas de la gobernabilidad.

Este conflicto nos está desnudando que tenemos mucho trabajo por hacer. No es suficiente que la economía nos esté dando cifras espectaculares. Es imprescindible que nos preguntemos: ¿a quién está beneficiando esa acumulación de riqueza? ¿Están beneficiando al pueblo? ¿Se están destinando a proyectos de redistribución social y de soberanía económica o alimentaria? o ¿están siendo destinadas a viejos sectores del sector minero-agroindustrial o al fortalecimiento de una nueva burguesía nacional?

RM.- Entonces, ¿el conflicto es esclarecedor porque revela fallas?

JP.- Creo que se han mostrado los errores, las debilidades políticas e ideológicas que hace mucho tiempo nosotras como feministas comunitarias hemos ido planteando. Un ejemplo de ello es el hecho que desde el gobierno se haya propiciado una Cumbre Agropecuaria con la intención de definir políticas respecto a tierra y producción agrícola donde se reunió, en supuesta igualdad de condiciones, a empresarios agroindustriales con organizaciones sociales de donde salieron propuestas que prácticamente van en contra del país.

Creemos que el Gobierno ha mostrado que ese coqueteo con la derecha, con una economía plural, con la burguesía, lo está alejando de la claridad que se debe tener a la hora de conducir un proceso político de cambio que debe atacar al capitalismo.

Permitir que el capitalismo crezca dentro de las organizaciones sociales es algo jodido. El Gobierno, so pretexto de la gobernabilidad, está descuidando éste y otros elementos. Así también, las organizaciones sociales han apoyado muchas veces acríticamente las iniciativas que ha tenido el gobierno.

En el plano de las mujeres hemos retrocedido radicalmente. Nosotras estamos muy preocupadas porque se han conformado el año pasado con sacar las leyes 348 y 243 y sus respectivos reglamentos para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia. No tenemos una cabeza de sector que exija en todos los ministerios políticas dirigidas hacia las mujeres.

Las mujeres somos la mitad. De hecho, en el reciente conflicto, las mujeres han sido la columna vertebral y mayoritaria de las movilizaciones, tanto en La Paz como en Potosí, pero no han sido tomadas en cuenta en la toma de decisiones, en las argumentaciones, en la elaboración de los 26 puntos, por ejemplo.

RM.- Desde su perspectiva ¿Qué rumbos han tomado los movimientos sociales y populares en la construcción del Estado Plurinacional en los últimos tiempos?

JP.- Hay momentos en los cuales asumen un papel propositivo y protagónico como en la Cumbre Antiimperialista realizada en Cochabamba el año pasado, pero hay otros momentos en los que son simples espectadores y delegan las tareas político revolucionarias al gobierno, a una cúpula partidaria, o a una cúpula de dirigentes.

Cada organización, por muy pequeña que sea, cada día debe reunirse, debe evaluar, debe mirar cuáles son las tareas políticas que siguen, qué es lo que tenemos que proponer, cómo se está encargando el gobierno de algo, opinar, proponer. No podemos ser espectadores administrando la gobernabilidad del Estado. Esa es la tarea de los que están en el gobierno. Las organizaciones sociales tenemos que hacer la revolución.

La formación política ha brillado por su ausencia. Es preocupante la ausencia de argumentos políticos. No se puede gritar consignas solamente. Para hacer propuestas, para argumentar, para exigir al Gobierno y al compañero Evo es importante la formación política.

Asimismo, se está mitificando la figura del compañero Evo. Evo no es Superman. Evo es un compañero y es un hermano. Hay momentos en los que mete la pata y tenemos la obligación de hacerle reflexionar. Para poder defenderlo necesitamos la confianza política de que le podemos decir las críticas e ideas que tengamos y escuchar las críticas e ideas que él pueda tener para nosotras y nosotros.

RM.- Insistiendo sobre este aspecto, ¿cuál cree que es el estado de la formación política e ideológica al interior de las diferentes organizaciones que respaldan el denominado Proceso de Cambio?

JP.- Es catastrófico. Cada quien se está defendiendo con los elementos políticos adquiridos en los años setenta u ochenta. No hay una producción teórica nueva.

Las ONG en los años noventa coparon lo que era la formación, capacitación y empoderamiento de líderes, y desde ahí han atacado con conceptos neoliberales de destrucción de las identidades políticas, con la filosofía posmoderna, con la instrumentalización de las luchas populares dirigidas a hacer pensar que no es posible cambiar las estructuras. Toda esa labor política pretérita hoy se siente.

Esas ONG siguen vivitas y coleando. Por ejemplo, y denuncio, la Coordinadora de la Mujer hasta el momento maneja más plata que lo que ha manejado el Viceministerio de Igualdad de Oportunidades para capacitación.

Tenemos compañeros operadores sociales que tienen formación política pero que se han alejado del pueblo y que podrían estar aportando en este proceso. En otro caso, todo el trabajo que hacen los hermanos de la Vicepresidencia no se siente en el pueblo, no van a compartir los conocimientos al área rural, hablan en difícil. Están preocupados de discutir entre intelectuales, de ver quién habla más difícil, de quién se relaciona más con otros intelectuales latinoamericanos.

También nos encontramos con compañeros que han hecho diferentes escuelas de formación política pero que más les importaba la administración de los recursos económicos pues, cuando faltaron estos, no siguieron con esa tarea.

Haya o no haya recursos (mejor si hay porque se pueden mejorar las condiciones) igual tienen que continuar las escuelas de formación política.

En las organizaciones sociales, en el Movimiento al Socialismo, en la Coordinadora Nacional por el Cambio, o entre todos, tendríamos que nombrar una comisión de formación política dedicada a ver los recursos y repartirlos de manera que ninguna organización, ningún territorio, ninguna región se quede sin formación política.

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