noviembre 26, 2020

El Marxismo de Fidel

por: Néstor Kohan

Más allá de las numerosas anécdotas históricas, singulares e irrepetibles, la revolución cubana aporta enseñanzas de largo aliento y alcance general para el movimiento de nuestros días.

El semanario La Época se comunicó con el escritor argentino Néstor Kohan, quien nos facilitó un trabajo en el que intenta desentrañar los aportes del líder de Fidel y la Revolución Cubana al marxismo en nuestra América. [1]

Fidel como estudiante rebelde

El joven Fidel vive sus primeras experiencias políticas como parte del estudiantado rebelde.

Su inicial aproximación a las ideas revolucionarias se nutre de la rebeldía estudiantil y de las ideas libertarias de justicia, así como de valores humanistas: la dignidad, el honor, la libertad, el decoro, la igualdad, la autoestima, la oposición contra toda humillación, abuso y dominación, etc.

Como a tantos otros líderes latinoamericanos, los ideales antiimperialistas y la rebeldía de la Reforma Universitaria contra la sociedad oficial lo marcan a fuego desde el inicio.

Su primera formación ideológica está impregnada de la revuelta juvenil basada en una escala de valores éticos cualitativos opuestos a las jerarquías de una sociedad clasista, racista y mercantilizada como la Cuba neolocolonial.

El joven Fidel adquiere conciencia insumisa y revolucionaria no por provenir de una clase proletaria o campesina, pobre y explotada, sino a partir de la rebeldía ética contra la sociedad capitalista neocolonial y sus injusticias.

La Ética en el ideario del joven Fidel

Aquellos ideales éticos que marcaron a fuego al joven Fidel permanecen invariables a lo largo de toda su trayectoria política. Medio siglo después de aquel primer aprendizaje, a inicios del siglo XXI, en varios discursos Fidel vuelve a insistir con que el sufrimiento del pueblo bajo el capitalismo no sólo debe medirse en términos materiales —por las pocas calorías que ingiere diariamente una persona de los sectores humildes— sino también en términos morales: por la humillación, el desprecio, la baja autoestima, la indiferencia, la marginación, etc. Lo mismo sucede cuando en estos discursos (por ejemplo el 17/11/2005) Fidel cuestiona la corrupción, el enriquecimiento, la diferencia de clases, el quiebre moral y el egoísmo que genera el mercado dentro del socialismo.

La historia me absolverá

Con La historia me absolverá [luego del Asalto al Cuartel Moncada, en julio de 1953] Fidel se convierte, de acusado en acusador. Su discurso y su prosa se inscriben en una antigua tradición del pensamiento crítico: la denuncia del poder y del statu quo. El gesto de Fidel recupera el ademán denuncialista del célebre Yo acuso de Émile Zola [1840-1902], paradigma moderno del enfrentamiento del intelectual contra los poderes establecidos. Pero a diferencia del intelectual francés que arremetió contra los militares y gobernantes de su época, el trabajo de Fidel no es sólo una denuncia. Al mismo tiempo, mientras critica los crímenes y legitima el derecho a la rebelión, va exponiendo todo el programa del Moncada (condensado en 5 futuras leyes revolucionarias).

Basándose en un análisis sociológico de la sociedad cubana, propone cambios radicales, sin hablar todavía de socialismo. En ese escrito de Fidel, sobresale su análisis sociológico de la categoría “pueblo”. Al analizarla, descompone sus diversas clases sociales. Su reflexión no es la fría descripción de un censo sino una concepción dinámica de “pueblo en lucha”, por eso repite una y otra vez la expresión “si de lucha se trata”. En su óptica, el pueblo de Cuba está conformado [en 1953] por: (a) 400.000 obreros industriales y braceros, (b) 500.000 obreros del campo, (c) 600.000 desempleados, (d) 100.000 pequeños agricultores, (e) 30.000 maestros y profesores (f) 20.000 pequeños comerciantes abrumados por deudas y (g) 10.000 profesionales jóvenes.

Fidel no incluye dentro del pueblo a la “burguesía nacional”: ¡esto es fundamental! Así marca sus distancias frente a los esquemas de la izquierda tradicional y del nacionalismo populista, pues ambas corrientes terminaban legitimando las alianzas con esa burguesía nativa.

Las enseñanzas de la Revolución Cubana

Más allá de las numerosas anécdotas históricas, singulares e irrepetibles, la revolución cubana aporta enseñanzas de largo aliento y alcance general para el movimiento social —latinoamericano y mundial— de nuestros días.

Algunas de sus enseñanzas son: (a) la dominación de los poderosos, incluso en el terreno militar, nunca es absoluta. ¡Se puede vencer! (b) para triunfar es imprescindible la unidad de los revolucionarios, respetar sus diferencias pero privilegiar lo que une; (c) en los países periféricos y dependientes se conjugan la lucha por la liberación nacional y el socialismo. No hay dos revoluciones separadas en el tiempo sino una sola que combina ambas tareas; (d) en América Latina se debe luchar al mismo tiempo contra el imperialismo y sus socios locales, las burguesías autóctonas o nativas; (e) todo anticomunismo es reaccionario; (f) hay que pensar con cabeza propia, priorizando los problemas irresueltos del propio país; (g) es necesario plantear una propuesta política como un proyecto ético y moral. Sin moral no se puede ganar ninguna lucha, ninguna guerra y ninguna revolución.

La unidad de los revolucionarios

Fidel sabe que la unidad de los revolucionarios resulta siempre imprescindible —en Cuba y en cualquier otra experiencia— para alcanzar la victoria. Los enemigos de la revolución tratan de sembrar desconfianza, recelos, enemistades y competencias entre quienes aspiran a cambiar la sociedad.

“Divide y vencerás”, es la consigna del imperialismo y de las burguesías que agitan el miedo al comunismo, al “terrorismo”, a la “subversión” y a los “infiltrados extremistas” para dividir los movimientos populares.

En Cuba el M 26/7 logra el apoyo del Directorio Revolucionario (DR) liderado por Echeverría, que firma junto a Fidel la “Carta de México” el 29/8/1956, comprometiéndose a apoyar la lucha insurreccional. Poco antes del triunfo, en junio de 1958, Carlos Rafael Rodríguez se entrevista en la Sierra con Fidel: el M 26/7 logra sumar al Partido Socialista Popular (PSP). Una vez en el poder, las tres agrupaciones conforman —bajo liderazgo de Fidel— las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), germen del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), embrión del nuevo Partido Comunista cubano (PCC), creado en 1965.

En todas estas organizaciones Fidel predica la unidad: “Hemos hecho una revolución más grande que nosotros y que cada una de nuestras organizaciones. Debemos unirnos y estar a la altura de nuestra revolución” (discurso del 26/3/1964).

¿Dos revoluciones o un mismo proceso ininterrumpido?

Aunque la revolución cubana no se declara socialista desde el 1/1/1959, sino recién el 16/4/1961, su radicalización ininterrumpida la conduce a confrontar desde el inicio con el imperialismo y la burguesía nacional. Ya desde el 17/5/1959, cuando se promulga la primera ley de reforma agraria, Fidel choca con los propietarios locales y sus socios norteamericanos, desplegando el abanico de contradicciones de una sociedad capitalista dependiente, semicolonial y periférica. Ese choque confirma la inviabilidad de un “capitalismo nacional, independiente y autónomo”: las burguesías autóctonas están unidas por un cordón umbilical a la dominación imperial (ya en los ’60 y todavía mucho más hoy en día [2006]).

La revolución comienza con un programa social radical de emancipación nacional. Sin detenerse avanza al socialismo. Haciendo un balance, Fidel explica: “Había que hacer la revolución antiimperialista y socialista. La revolución antiimperialista y socialista sólo tenía que ser una, una sola revolución, porque no hay más que una revolución. Esa es la gran verdad dialéctica de la humanidad: el imperialismo y frente al imperialismo el socialismo”(comparecencia ante la televisión cubana, 1/12/1961

Fidel y el movimiento revolucionario del Tercer Mundo

Desde su inicio Fidel imprime a la revolución cubana un punto de vista tercermundista multidimensional. Su política hacia el Tercer Mundo tiene tres vertientes, simbolizadas en el fusil, la maestra y el médico. Cuba envía armas a todos los rebeldes que se alzan contra las injusticias del capitalismo —lo más conocido— pero también envía miles y miles de médicas, maestros y ayuda humanitaria a los rincones más alejados del mundo periférico que lucha contra el imperialismo. Funda hospitales, escuelas de medicina o centros de salud en: Vietnam, República Popular Democrática de Yemen, República Árabe Saharauí Democrática, República del Níger, Gambia,

Senegal, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Tanzania, entre otros innumerables países.

A su vez Cuba recibe en su Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas miles de jóvenes humildes de toda América Latina que estudian en La Habana gratuitamente.

Junto con esa ayuda humanitaria, Fidel intenta agrupar, aglutinar y unir un inmenso y variado abanico de países sometidos al saqueo del neocolonialismo.

Por eso será, durante mucho tiempo, uno de los principales líderes mundiales del Movimiento de los países no alineados (MNA).

Fidel y la construcción política de la hegemonía

En gran parte de su vida el liderazgo de Fidel se encuentra ante encrucijadas similares a las que vivió Lenin. Al principal dirigente bolchevique también se le presentaron polémicas encendidas y muchas veces tuvo que optar no por sus propias posiciones personales —las más radicales— sino por soluciones de compromiso para garantizar la alianza de obreros y campesinos y el consenso de la revolución.

A Fidel se le presenta ese mismo desafío a la hora de mantener viva y recrear día a día la hegemonía de la revolución, la unidad de las diversas corrientes revolucionarias frente al imperialismo, su consenso sobre la sociedad civil y su ejemplo ante otros pueblos rebeldes. No obstante priorizar el consenso por encima de su opinión personal, Fidel se inclina en el debate por el Che sobre Bettelheim.

Por eso, invirtiendo los esquemas “ortodoxos”, señala: “Nosotros no nos ofendemos si nos incluyen entre los países subdesarrollados. Porque el desarrollo de la conciencia, nuestro desarrollo social y cultural general, se va convirtiendo en un prerrequisito de nuestro desarrollo económico e industrial. En este país, al igual que cualquier otro país en condiciones similares, el desarrollo del pueblo en la política y en la conciencia se vuelve requisito «sine qua non» para ganar la batalla del subdesarrollo económico” (discurso del 12/1/1968).

Frente a la antiutopía capitalista: el socialismo

Así como en la política interna de EE.UU. recrudece el maccartismo, el monopolio absoluto de los medios de comunicación, la vigilancia de las personas, la apertura de la correspondencia privada, las escuchas telefónicas, el control de los emails y de los libros que se retiran de las bibliotecas, y cualquier ciudadano común se convierte en un “sospechoso”; hacia el exterior se fortalece el intervencionismo descarado de los militares yanquis y la OTAN. En nombre de “la globalización” se multiplican guerras por el petróleo, bases militares, campos de concentración y tortura en varios países. Enfrentando esta sombría antiutopía capitalista de nuestros días que haría palidecer elMundo feliz de Huxley, el Fahrenheit de Bradbury o el 1984 de Orwell; a inicios del siglo XXI Fidel Castro hace entonces un llamado a la lucha mundial contra el neoliberalismo, la guerra y las inclinaciones neofascistas del imperialismo contemporáneo.


1 Este material, facilitado a La Época por el autor, forma parte del libro: Fidel para Principiantes (2006).

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