noviembre 30, 2020

Continuar con la década ganada

por: Natalia Coronel

Las primarias en la Argentina mostraron a un kirchnerismo fuerte que asciende en las urnas con miras a la elección presidencial de octubre.

El cómodo triunfo del Frente para la Victoria (FPV), impulsado por Cristina Fernández de Kirchner, en las primarias del domingo pasado en la Argentina, preanuncia que Daniel Scioli podría convertirse en el próximo presidente electo en la primera vuelta del 25 de octubre. En rigor, los números que arrojaron las urnas ratificarían la aceptación social del modelo instaurado desde 2003 por Néstor Carlos Kirchner y luego profundizado por la actual presidenta.

A pesar de que este año se han llevado a cabo diferentes tipos de arremetidas destituyentes, a escala continental, por parte de una derecha que opera para derrotar a los gobiernos que han beneficiado las condiciones de vida de la población más vulnerable, el kirchnerismo demostró que tiene un piso electoral muy fuerte, sumado al fenómeno inédito de la imagen positiva de Cristina Fernández que deja su mandato con un alto grado de aprobación luego de ocho años en el poder. Por eso, hoy continúa siendo la jefa indiscutida del conglomerado político que se expresa en el FPV y quien decidió convertir a Scioli en precandidato oficialista por la alta adhesión popular que exhibían todas las encuestas, frente al débil desempeño de precandidatos que, quizás, estaban más identificados con la ortodoxia del modelo.

Esto hizo que el kirchnerismo raso deba tragar saliva para digerir a un candidato de convicciones más “distendidas” que las que enarbolan Néstor y Cristina, pero que terminó comprendiendo que mucho peor era un triunfo conservador en manos de un Mauricio Macri que los llevaría a un retroceso con un país de ajustes y desempleo.

Los números de la elección

No había dudas de que el oficialismo, representado por Scioli y contenido por Cristina, conquistaría al grueso del electorado, superando a la alianza Cambiemos (PRO-UCR-CC) encabezada por Mauricio Macri, y UNA de Sergio Massa. El interrogante, con miras a las generales de octubre, se centraba en los votos que podría rapiñar la oposición respecto a la propuesta del kirchnerismo: Daniel Scioli.

Las PASO (elecciones primarias) funcionan en Argentina a modo de gran encuesta a nivel nacional y sirven para comenzar a reordenar las voluntades para la elección definitiva. El Frente para la Victoria se impuso a nivel nacional conquistando 20 de las 24 provincias del país. Scioli aventajó a Macri por 14 puntos, pero no consiguió superar el 40% que necesitaba para alejar el fantasma del balotaje en octubre. En rigor, Scioli fue el gran ganador, pero con la flaqueza de no poder instalarse como “el candidato electo en primera vuelta” en las generales que se vienen, para lo cual debería obtener más del 45% o diez puntos de diferencia sobre el segundo logrando al menos el 40%. Sin embargo, los votos de Macri tampoco fueron los suficientes como para presumir y proyectarse como posible presidente sin segunda vuelta. Por su parte, Massa, si bien quedó a 24 puntos de Scioli, venció en su interna y logró su objetivo de romper la polarización entre el FPV y el PRO. A nivel nacional, la suma de su alianza UNA obtuvo un 20%, lo que representa un buen caudal de votos para volver a meterse en la competencia, e incluso ante un presunto escenario de segunda vuelta entre Scioli y Macri.

Interrogantes de cara a octubre

No sabemos si los electores repetirán sus preferencias en las urnas. Hay quienes votan al ganador y otros que cambian su sufragio por el llamado “voto útil”. Y las preguntas que surgen son: ¿Los votos son del peronismo o partirán al PRO? ¿Los votantes de Sergio Massa persistirán en la primera vuelta o anticiparán su posición en el balotaje? Macri tiene mucho para replantearse aunque en el transcurso de la semana ya aclaró que no está dispuesto a aliarse a Massa, mientras el líder del Frente Renovador no deja de lanzarle guiños mediáticos. Pero hay más preguntas, ¿fue correcta su estrategia de ir con una fórmula única? Si acordaba con Massa, ¿habría vencido al oficialismo? Si nos remitimos a los números, podemos concluir que una alianza de centroderecha más amplia, podría haber derrotado al FPV.

No obstante, las especulaciones sobre números para octubre son complicadas. En la Argentina hay 32.064.323 personas habilitadas para participar de las elecciones de entre 18 y 70 años, obligados legalmente a hacerlo.

Según información oficial el fin de semana pasado votó 73,98% del padrón, número alto en la experiencia comparada internacional. Y razonable en la doméstica, dadas las circunstancias: lluvias, tormenta e inundaciones en buena parte del territorio nacional. En ellos descansa la responsabilidad de elegir entre las propuestas de los partidos políticos y consagrar a los candidatos que el 25 de octubre disputarán la Presidencia y la Vicepresidencia de la Nación, las 130 bancas de diputados nacionales y 24 de senadores nacionales que se renuevan este año, además de los 19 nuevos cargos en el Parlasur por el distrito nacional y los 24 regionales. Además, en las provincias de Buenos Aires, Catamarca, Chubut, Entre Ríos, San Juan y San Luis, tendrán que elegir candidatos a gobernador, parlamentarios provinciales y municipales.

En tanto, el resultado del domingo es claro pero no concluyente y reta al oficialismo a redoblar esfuerzos, además de demostrar el enorme trabajo territorial del kirchnerismo que pudo vencer la atroz campaña de estigmatización sufrida durante años contra sus militantes y dirigentes, sobre todo contra la misma Presidenta.

Para sacar en limpio, está claro que Scioli no es Cristina. Sin embargo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, sin dudas, es parte del complejo entramado político, social y cultural que representa hoy el kirchnerismo en la Argentina. El candidato del FPV es la más lograda expresión que podía dar el proyecto nacional y popular para la actual encrucijada que atraviesa la alternativa emancipadora en Nuestramérica. En tal sentido, las PASO fueron un compendio de lo que ocurre en América latina desde hace 15 años: lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo que no termina de morir y con esto tienen que ver, también, los intentos desestabilizadores, actualmente en Ecuador y Venezuela, incluso las arremetidas destituyentes sufridas por los gobiernos de Cristina y Dilma.

Fernández de Kirchner supo descifrar el dilema de la estabilidad de ese proyecto, no sólo nacional sino a nivel regional, que mantuviera el ciclo de transferencia de ingresos hacia los sectores más postergados. Por eso, hablaron las urnas y el resultado confirmó, una vez más, su capacidad como jefa política y todo apunta a la continuidad y no al cambio. Continuar con la década ganada.

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