noviembre 28, 2020

Jorge Veraza: “La hazaña cubana representó una esperanza que podría hacerse realidad”

Fidel volvió comprensible a todos los seres humanos de habla castellana la actualidad y practicidad del pensamiento marxista.

Economista, doctor en estudios latinoamericanos, reconocido con el Premio Libertador Simón Bolívar al Pensamiento Crítico (2011) por su obra “Del Reencuentro de Marx con América Latina”, el mexicano es actualmente uno de los más importantes pensadores marxistas contemporáneos.

En el marco del cumpleaños 89 de Fidel, el semanario La Época le realizó la siguiente entrevista.

Javier Larraín (JL).- ¿Crees que el triunfo de la Revolución Cubana (1959) representa un “parteaguas” en el desarrollo del marxismo en nuestra América? ¿Por qué?

Jorge Veraza (JV).- Sí, porque demostró que era posible un cambio revolucionario de intención socialista en América Latina y, aún más, a escasa distancia de la potencia imperial hegemónica desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos.

La lucha contra la injusticia, la explotación y el despojo de los pueblos latinoamericanos se vio coronada con el triunfo de los hermanos cubanos, y ello llenó de esperanza los corazones y las mentes de todos los que luchaban por metas análogas no sólo en el resto de América Latina sino en todo el mundo, incluido los Estados Unidos. Precisamente, esa hazaña representó una esperanza que podía hacerse realidad, incluyendo entre las condiciones de la lucha al pensamiento marxista, enarbolado, esta vez, fuera de los marcos de los partidos comunistas y, en especial, fuera del dogmatismo estaliniano.

JL.- ¿Qué características tenía ese marxismo cubano?

JV.- El marxismo triunfante era un marxismo creativo, revolucionario y no dogmático. Por eso es que data de entonces el boom del pensamiento marxista en América Latina o, si se quiere, de diversos marxismos pero todos mostrando las características generales recién mencionadas.

JL.- ¿Dónde podemos encontrar influencias de esa nueva visión?

JV.- En la Filosofía de la praxis de Adolfo Sánchez Vázquez, que se publica, por vez primera, en 1967, y se inspira en la revolución cubana para dar ímpetu a lo mejor del marxismo occidental recuperado de sus fuentes europeas.

Asimismo, el gran aporte de Bolívar Echeverría al marxismo, exaltante de la dimensión crítica del pensamiento de Marx, que logra desarrollar la crítica de la economía política hasta una teoría de la modernidad capitalista entera –inclusiva de sus cuatro ethe o comportamientos estructurales– así como de una modernidad no capitalista, es impensable sin la revolución cubana. En aquella obra se sustenta la premisa sobre el fuerte arraigamiento, no sólo en lo específico de América Latina y de cada uno de sus países, del valor de uso –en tanto componente fundamental de las mercancías capitalistas sometidas por el valor– en vista de pensar la crítica al capitalismo –tanto teórica como práctica–. Lo dicho tiene tras de sí la energía formidable que aplicaron los revolucionarios cubanos a las palancas sociales en vista de transformar la historia.

JL.- ¿Se puede sumar a Sánchez Vásquez y Bolívar Echeverría un influjo de este nuevo marxismo en sus propias obras?

JV.- Puedo añadir que mi propio aporte teórico al marxismo, que sigue muy de cerca a estos dos pensadores y a las corrientes que los influyeron, efectivamente, tiene como horizonte histórico el abierto por la revolución cubana. Pues no sólo heredé desde niño el entusiasmo que ésta provocó en mi madre y mi padre sino que el ambiente político y cultural en México estuvo cargado y coloreado por esa apertura histórica por lo menos las siguientes dos décadas, durante las cuales forjé las más importantes tesis de mis aportes al marxismo –como el de la teoría de la subsunción real del consumo al capital para caracterizar el capitalismo contemporáneo mundializado–, mismas que después fui decantando acuciosamente.

JL.- El filósofo cubano Fernando Martínez Heredia ha sostenido que Fidel es quien trajo el marxismo al castellano. ¿Cuál es la importancia del líder cubano en la propagación del ideario comunista?

JV.- ¡Qué atinada expresión de Fernando!, quien durante años se encargara de la publicación de la célebre revista “Pensamiento Crítico” y que ha mantenido durante toda su vida una postura no conformista y propugnadora de lo mejor del marxismo en América Latina, no sólo en Cuba, y a quien con orgullo puedo llamar amigo desde que lo conocí en Caracas en 2012.

Fue Antonio Labriola, enfrentándose a Eduard Berstein, a Benedetto Croce, a Tomás Masaryk y, sobre todo, a Georges Sorel –las cabezas más visibles de la primera crisis del marxismo–, quien trajo el marxismo al mundo latino, enseñándole –por así decirlo– a hablar italiano. Pero es Fidel Castro Ruz, inspirándose en el pensamiento de Marx, pero sin dogma, sino teniendo siempre muy de cerca aquella tesis que hiciera célebre Lenin –recuperándola de Marx– del “análisis concreto de la situación concreta”, quien se guió, abriéndose paso en medio de la selva y la sabana –machete en mano–, y siempre atento a realizar a cada paso lo que buenamente era posible y sin renunciar a los principios, por el ideario marxista en medio de la sui generis y complicada realidad cubana.

Efectivamente volvió comprensible a todos los seres humanos de habla castellana la actualidad y practicidad de aquel pensamiento, su sismundaneidad en Nuestra América y para que la testificaran, admirados también, los habitantes de la península ibérica. Y ello no sólo como revolucionario sino, también, como estadista. Mucho hay que aportar en el terreno práctico y teórico para dilucidar y hacer viable lo que se ha dado en nombrar el periodo de transición y la sociedades de transición al socialismo. Y al respecto Fidel ha aportado enormidades.

JL.- ¿Cuáles son los rasgos fundamentales del pensamiento fidelista-guevarista?

JV.- En primer lugar se mostró al mundo con el triunfo del movimiento guerrillero comandado por Fidel Castro en la Revolución Cubana, que la guerrilla y el foquismo son sólo un recurso en condiciones extremas y sui generis para enfrentar al imperialismo, a los terratenientes y a la burguesía, recurso que es muestra de la diversidad de medios a utilizar y, sobre todo, del desapego a formas de lucha ya institucionalizadas, incluida la guerrilla, cuando no es propicia para las condiciones sociales e históricas del caso.

La lucha armada y la formación del ejército del pueblo son, también, rasgos no generalizables sino de aplicación específica. Resaltando, eso sí, como esencial, la asunción del proletariado no de modo unilateral sino en vínculo orgánico con el resto del pueblo sí, efectivamente, se busca el triunfo revolucionario. Tanto la lucha revolucionaria como de reformas debe caracterizarse por su concreción y por la adecuación de los principios revolucionarios a las condiciones históricas y culturales precisas en el campo y en la ciudad.

Como decía más arriba, “análisis concreto de la situación concreta” inspirado en el marxismo no en vista de hacer prevalecer una idea sino la liberación del pueblo; defendiendo, en primer lugar, la soberanía de la nación, el bienestar del pueblo y la democracia popular, en este orden de importancia, y propugnando, siempre, la imbricación de estos tres órdenes.

Al respecto, es ilustrativa la actitud antidogmática de Ernesto Che Guevara en su crítica puntual y a fondo del Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS. En el entendido de que dichas características se mostraron no sólo en el curso de la revolución cubana sino, también, en la política internacional cubana y en su apoyo y correspondencia con los más diversos movimientos revolucionarios y de reforma social en América Latina.

Habría que añadir las soluciones excepcionales y sorprendentes que esta perspectiva propició para fortalecer la economía y el tejido social, político y cultural del pueblo cubano durante los ya cincuenta años de cerco imperialista. Resaltando el recurso de alternativas científicas y tecnológicas tanto para la generación de energía limpia (solar, eólica y de las mareas oceánicas, etc.) como alternativas agrícolas diversas, descollando la agroecología y el sistema de techos verdes en La Habana, así como a nivel de la medicina para el combate de las enfermedades más allá de clichés, incluyendo la comida macrobiótica, la medicina homeopática y el recurso a la herbolaria tradicional según un enfoque holístico o integral de la enfermedad y del proceso curativo, etc.

JL.- ¿Cuál es el aporte de esa praxis al periodo de transición socialista?

JV.- Estas iniciativas todas triunfadoras constituyen un aporte para la solución de un problema decisivo de la formación de una sociedad de transición ya que ésta no sólo debe resolver el problema de la democracia popular y su relación con los órganos representativos y ejecutivos de gobierno sino, también, ese otro de más largo plazo –pero que a la sociedad cubana revolucionaria se le presentó con inusitada agudeza ante el cerco imperialista– que es el de la transición desde la tecnología capitalista hacia fuerzas productivas más aptas para el desarrollo humano, que combaten los efectos nocivos cada vez más reconcentrados de las referidas tecnologías, caso de los agroquímicos y de los transgénicos resaltantemente.

Tampoco olvidemos el hasta hoy eficaz combate al consumismo dentro de Cuba, el que en las sociedades capitalistas contemporáneas, tanto las desarrolladas como las que no lo son, enajena a las masas populares y degrada su salud.

JL.- El presidente ecuatoriano Rafael Correa ha sostenido que en América “no vivimos una época de cambios sino un cambio de época”. ¿Puede dar el pensamiento y ejemplo revolucionario cubano una contribución en esta nueva etapa de la emancipación continental?

JV.- En realidad no está por darla sino que ya la ha dado y de múltiples maneras. Mismas que he intentado resumir en las contestaciones a las preguntas previas.

El diálogo continuado de Hugo Chávez con Fidel Castro lo demostró fehacientemente en su momento, por sólo aludir al ejemplo más sobresaliente y conmovedor. Asimismo, la revolución cultural del Estado Plurinacional de Bolivia se ha visto grandemente beneficiada en todos los órdenes aludidos con los aportes del proceso cubano con su larga experiencia, tanto en el trato con el imperialismo como en el fomento del desarrollo económico y social del pueblo boliviano, etc. Y como este proceso, caracterizado por múltiples reformas sociales llevadas a cabo en el contexto de una auténtica revolución cultural, hay otros múltiples procesos latinoamericanos que han establecido un diálogo enriquecedor –de Nicaragua a Ecuador, de Argentina y Brasil a Uruguay, etc.– con Fidel y Raúl y con la experiencia cubana como un todo.

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