noviembre 24, 2020

Manos ásperas

por: Jazmín Valdivieso

En 2013 se reportaron 6.770 casos de violencia física o sexual cometidos contra mujeres en todo el país.

Sus manos se sentían distantes, distantes de sentir el calor del amor con manos cercanas, pues se habían forrado de una nueva piel; una piel más resistente, pero menos sensible; una piel que contaba una historia de amor pero no era precisamente el amor que él desde el ángulo directo a su rostro esperaba. ¿Acaso no eran las mimas manos que traspiraban emoción cada vez que él la tocaba? Probablemente lo eran pero, no lo son más.

Y la palabra irrumpe en la escena simbólica para darle un contexto real:

– ¿Qué quieres? ¿Me ayudaste con algo de dinero para el bebé?

Dice ella con voz adolescente, pero su rostro respalda firmeza, seguridad.

– Si, responde él, pero quiero saber ¿Dónde estabas anoche?

Ella, respira, traga el aire que se siente poco y demasiado compartido.

– Dame paso, tengo que ir a trabajar. Toda la noche estaba trabajando, el ingeniero nos pidió que nos quedáramos.

Su mirada lucha entre la ternura y la firmeza.

– No te creo, reprocha él. ¡Dime dónde estabas!, dice él mientras alza la voz.

El aire ya se siente insoportable, ella hace intentos por pasar esa calle de la Sucre, esquina Colón, de seguro testigo de miles de historias románticas, pero en ésta oportunidad era el escenario de ésta.

Él impide el paso, por un momento se siente como si danzaran una balada pero los movimientos torpes desentonaban el ritmo; él no la tomaba de la cintura con delicadeza, sino apretaba su brazo como objeto de eje de sus movimientos; ella no usaba el vestido y los tacos de ensueño, sino las botas de trabajo y el overol, que contrastaba con la ropa limpia y con sensación de nueva que él usaba.

– ¡Tía!, grita ella, dile que estaba trabajando, dile que nos quedamos hasta tarde.

Y llega la testigo del caso en el que se acusa a una adolescente: “grave crimen por trabajar hasta altas horas de la noche e intentar conseguir dinero para mantener a su hijo frente a la ausencia del padre”.

La tía, una señora de contextura flaca, con un moño en la cabeza, también con overol y botas iguales a las de la sobrina. Pero las manos, las manos eran aún más duras, como la pedregosa calle a dos cuadras que ellas adoquinaban. ¿Quién pondría luego lisas sus manos? ¿Quién se pondría un overol y con delicadeza y seguridad le devolvería la sensibilidad, si bien no de todas las manos, pero sí de aquellas que lograran hacerse sentir? Ella no sabía las respuestas a ninguna de estas preguntas y en ese momento tampoco le parecían importantes, pues ahora era un testigo en el juicio “terrible crimen”

– Hemos trabajado casi toda la noche, y el ingeniero nos pidió que nos quedemos, dice la tía con firmeza, casi cómo arguyendo como lo haría un abogado en una corte.

Juicio finalizado, su horario de trabajo la vuelve a llamar y con unas papitas fritas en las manos, se va almorzando el aire completo que le deja la ausencia de él.

Dos pensamientos inundan su mente: ¿Cómo terminar de adoquinar la calle pronto para ver a su hijo? Y… ¿Por qué no le preguntó por él?

Una pregunta al estimado lector. ¿Qué tipo de violencia se describe en esta historia, que no es ficticia, por si desea saberlo? La clasificación de los tipos de violencia que se pueden cometer varía de acuerdo a las investigaciones realizadas al respecto y la normativa de cada país. En Bolivia, desde la promulgación de la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, se tipifican 16 tipos de agresiones que pueden ser sancionadas por la justicia.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2013 se reportaron 6.770 casos de violencia física o sexual cometidos contra mujeres en todo el país. Pero estos casos son solamente los atendidos en establecimientos de salud. De acuerdo a la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) [1], en 2013 se cometieron 18 mil actos de violencia contra las mujeres y ocho feminicidios. En 2014… ¡33 mil casos y 58 feminicidios! El aumento tiene las características de una verdadera pandemia.

Pero supongamos que la pareja que observamos en esta historia no supera el límite de la violencia psicológica, presumamos esto a pesar de los datos expuestos líneas arriba. Una investigación de la Organización Mundial de la Salud [2] demuestra que el 38% de las mujeres en el mundo que se han visto sometidas a algún tipo de violencia física o psicológica tienen mayor riesgo de sufrir: abortos inducidos por estrés fetal, partos con bebes de bajo peso y depresión. Dependiendo de su contexto social, también tienen más probabilidades de incurrir en comportamiento riesgoso, adicción a bebidas alcohólicas, o, en algunos casos, suicidio.

En cuanto a tratos violentos contra las mujeres, nuestro país tiene los peores indicadores de Latinoamérica. En 2003, más del 53% de las mujeres reportaron haber sufrido algún tipo de maltrato físico por parte de su pareja en los últimos 12 meses, siendo el país con más casos reportados, proporcionalmente a su población, en toda la región. En el mismo estudio Bolivia también se encuentra entre los países donde la menor cantidad de mujeres denunció estos actos de violencia [3]. Nueve años después, en 2011, ONU Mujer reportó que de 442 mil casos de violencia de género denunciados, solamente 96 fueron sancionados.

Entre 2009 y 2010, de acuerdo al INE, 11.203 mujeres reportaron algún tipo de maltrato psicológico por parte de sus parejas en todo el país. En el mismo periodo de tiempo, la cantidad de mujeres que declaró algún tipo de maltrato psicológico a manos de otra persona que no haya sido su pareja fue de 1.222. Esto hace evidente que los vínculos románticos juegan un papel decisivo en el ejercicio de este tipo de violencia.

Finalmente, como se habrán percatado, la mujer de nuestra narración es una mujer trabajadora, pero no del tipo de traje u oficina, sino de una rama donde el esfuerzo físico es considerable y la remuneración muy baja. Es posible que no cuente con ningún tipo de beneficios sociales y sólo perciba el salario mínimo. De acuerdo al Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), el 69% de las mujeres ocupadas en las ciudades de El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz tienen trabajos precarios [4].

¿Cuántas de estas mujeres deben soportar gritos en el trabajo, para luego soportar gritos en casa?


* Comunicadora social.

1 57.773 casos de violencia contra la mujer y 68 feminicidios atendidos entre 2013 y 2015 en Bolivia. La Razón, 9 de marzo de 2015.

2 OMS. “Global and regional estimates of violence against women: prevalence and health effects of intimate partner violence and nonpartner sexual violence” (2013).

3 Organización Panamericana de la Salud. Violence Against Women in Latin America and the Caribbean: a comparative analysis of population-based data from 12 countries. 2012.

4 http://economiainformal.csa-csi.org/2011/05/19/bolivia-69-de-las-mujeres-tienen-trabajos-precarios/

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