diciembre 1, 2020

Es posible el desarrollo en América Latina

por: Horacio Rovelli

Debemos fortalecer la integración dentro de la región en defensa de nuestra fuente de trabajo y producción.

El desarrollo económico se puede definir como la capacidad de una sociedad para crear riqueza a fin de promover y mantener la prosperidad o bienestar económico y social, si se lo hace además valorando y preservando al medio ambiente, hablamos de desarrollo sustentable. La pregunta que nos hacemos es por qué eso no sucede en nuestra región.

Cuestiones del capitalismo

En el marco del sistema de acumulación capitalista, con todas sus injusticias y arbitrariedades, John Maynard Keynes sostenía que “el rendimiento de la producción aumenta más rápido que los medios de absorber la mano de obra disponible”. Esto se agrava por la desigualdad de ingresos y el predominio de las finanzas sobre la economía. Por ende la doble tarea de la demanda es superar ese escollo y, al mismo tiempo, prepararse para nuevas funciones que la producción y el conocimiento exigen.

El mismo Keynes sostenía que a la burguesía (los empresarios) no se le puede pedir nada, sí disciplinarla y hacerla responsable socialmente de los recursos que utiliza, en su libro “La Teoría General…” afirma: “Los empresarios son sólo tolerables mientras que sus ganancias guardan relación con lo que sus actividades contribuyen a la sociedad”, y es más, como partía de que esperaba de ellos un natural egoísmo y falta de grandeza, sostenía que sólo el Estado podía pensar en el bien común y en el futuro, para lo cual impulsaba los dos componentes de la Demanda Agregada, el consumo y la inversión, pero de tal manera que: “Al mismo tiempo que procuraría una tasa de inversión controlada socialmente con vista a la baja progresiva de la eficiencia marginal del capital, abogaría por toda clase de medidas para aumentar la propensión a consumir, porque es improbable que pueda sostenerse la ocupación plena, con la propensión marginal existente, sea lo que fuera lo que hiciéramos respecto a la inversión. Cabe, por tanto, que ambas políticas funcionen juntas –promover la inversión y al mismo tiempo el consumo–, no simplemente hasta el nivel que correspondería al aumento de la inversión con la propensión existente del consumo, sino a una altura todavía mayor”.

Nuestra era

En este siglo XX,I donde queda reflejada la profunda reconversión de la economía mundial, con el fuerte incremento de la presencia de China y en menor medida de los restantes naciones llamadas emergentes, pero que han sabido amalgamar su mano de obra abundante con capacidad de adquirir conocimiento y disciplina laboral conformando un verdadero ejército de trabajadores, con un Estado atrás capaz de planificar y orientar la producción y, de ese modo, acordar con capitales internacionales permitiéndole el retiro de jugosas ganancias pero obligándolos a invertir en máquinas y equipos y en desarrollo de tecnología en esos países, generando un modelo de crecimiento sostenido.

En ese marco y con esos condiciones, nuestro sub continente que tiene tan sólo un poco más de 550 millones de habitantes, con trabajadores activos que representan un 35% de su población, con una importante franja fuertemente capacitada y que cuenta con indispensables recursos naturales (agua, tierra fértil, minerales –entre ellos el litio– etc.) sin embargo, la baja dotación de inversión y de infraestructura, sumado a la lejanía de los principales centros de producción y de consumos, torna difícil el desarrollo independiente y con cierto grado de autonomía.

Máxime que para mejorar sostenidamente la cuenta corriente de la balanza de pagos por sobre todo se debe apuntalar la cuenta capital, no para financiar el déficit de la cuenta corriente, sino para contabilizar el ingreso de capitales para obras de infraestructura, en máquinas y equipos, en tecnología, etc. El mayor ingreso de capitales para la inversión física implica un doble apoyo del tipo de cambio (de nuestra moneda), una por el ingreso de divisas, y otra por el incremento de la productividad de nuestra mano de obra por mayor dotación de capital y tecnología

Consecuencias políticas

La falta de inversión suficiente y el mismo planteo del desarrollo, hace que los conflictos y las tensiones políticas ya estén planteadas en nuestra región desde hace largo tiempo, de allí que los gobierno nacionales y populares que asumieron, impulsen una estrategia colectiva de inclusión, pero que se encuentran con el límite del derecho de patrimonio y de relaciones de producción que se fortalecieron con las dictaduras de los años 70 y 80 y los gobiernos serviles que le sucedieron.

En términos sociopolíticos consideramos al desarrollo un proceso social –no exento de contradicciones– cuya finalidad en el establecimiento de un puente entre sistemas o rasgos sociales fundamentales, basado en la ampliación y profundización democrática, de manera tal de superar los estrechos límites impuestos por los sectores dominantes en las clásicas democracias representativas.

Asumimos entonces como prioritario el fortalecimiento de la sociedad civil, las organizaciones del pueblo de todo tipo, desde la defensa del trabajo, del consumo, las ferias populares, la canalización de las demandas democráticas fundamentales y el acercamiento crítico de la sociedad, en particular de las organizaciones y demandas sociales básicos al Estado. Y con ello, el conflictivo rumbo hacia las transformaciones sociales.

Los caminos posibles son dos y sólo dos, impulsar la demanda interna de la región para asegurar un mercado propio y a la vez sustituir importaciones para evitar el drenaje de las divisas, porque el crecimiento requiere compras de insumos y máquinas del exterior, que permite integrarse al mundo pero partiendo de fortalecer el interior. Esto es, debemos fortalecer la integración dentro de la región en defensa de nuestra fuente de trabajo y producción. El otro camino, es el de integrarse al mercado mundial pero como un simple engranaje dependiendo y subordinándose a las decisiones del capital internacional.

El segundo camino incorpora a las nuevas estructuras productivas a los trabajadores y empresarios que le son funcionales, pero excluye a los que no tienen cabida o no tienen condiciones para adaptarse a ellas. Es importante destacar que este proceso no solamente tiende a limitar la formación de un empresariado nacional y regional, sino también clases medias locales (incluyendo grupos intelectuales, científicos y técnicos) e incluso una clase obrera nacional y regional. El avance del camino planteado introduce una cuña a lo largo de la franja en que se encuentran los segmentos integrados y no integrados tendiendo a incorporar a parte de los empresarios locales como gerentes de las nuevas empresas y marginando a los no aprovechables, incorporando a algunos de los profesionales, técnicos y empleados adaptables y marginando al resto y a los que no lo sean, e incorporando parte de la mano de obra calificada o con condiciones para calificarse, y se margina a aquella otra parte que se supone no alcanza a tener niveles de calificación técnica e incluso cultural para adaptarse a las nuevas condiciones.

El lastre de la dominación

El principal problema que tenemos es la conformación de nuestra clase dominante. La fuerte extranjerización de nuestra economía, donde la principales empresas por facturación tienen su casa central, a la que le responden, en el extranjero. Y las llamadas empresas locales se comportan peor, encontrándose muchos de ellos entre las 2.000 familias más ricas del mundo que publica la revista Forbes, pero que no se condicen con el nivel de vida y de inversión en la región.

A ellos lo único que les interesa es su negocio, que tiene varias facetas productiva (con súper explotación de la mano de obra) y financiera (fugando capitales y trayendo parte como crédito para endeudar al país). Esa burguesía no tiene reglas ni límites, si se las impusieron en su momento Juan Perón, Lázaro Cárdenas o Getulio Vargas en el pasado, y los gobierno populares de Chávez, Evo Morales, Correa, Néstor Kirchner y en menor medida otros, eso no logró impedir sus conexiones internacionales, su circuito de acumulación originaria, y su papel dominante en la sociedad, que los hace reunirse en sus cámaras y asociaciones empresariales, buscando como insertarse en la economía mundial haciendo base en nuestra América (como decía Martí) pero desinteresándose de la suerte de millones de latinoamericanos que quedan afuera de su “particular” integración al mercado mundial, el futuro es sólo de ellos.

Las alternativas

Por ende, planteado los dos caminos, para recorrer el primero que significa crecer y desarrollarnos, debemos fortalecer la participación y el control popular, que es la única garantía en la organización de la sociedad. En cambio el segundo camino exige de la pasividad de la población para que sea “el mercado” el que fije el tipo de cambio, los precios, las tasas de interés, los salarios, etc. etc.

Todo lo que sea elevar el nivel de consciencia y de organización de nuestros pueblos lleva agua al molino del desarrollo inclusivo, de participación y creación popular. Tengamos siempre presente la proclama de la Junta Tuitiva de los derechos del Pueblo de 1809: “Compatriotas: Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana, nos ha mirado como a esclavos; hemos guardando un silencio bastante parecido a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio de humillación y ruina. Ya es tiempo, en fin de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía. Valerosos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos; no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente”.


* Economista. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Especialista en temas fiscales y monetarios.

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