diciembre 1, 2020

Desengaños y despedidas

La historia de los pueblos ha demostrado que las revoluciones triunfantes tienen procesos muy largos para su consolidación. Uno de los más importantes del siglo XX fue la revolución rusa que, desde nuestra mirada, fue un proceso truncado y no el fracaso del socialismo.

En América Latina tenemos otro de los ejemplos de una revolución que, pese a las dificultadas de un bloqueo férreo impuesto por EE.UU., ha logrado consolidar varios objetivos del socialismo, por ejemplo, una sociedad con acceso a la salud, la educación, el desarrollo de las ciencias y una honda dignidad en el seno del pueblo, la revolución cubana.

Nuestro país se encuentra caminando a la consolidación de un Estado que supere los agotados principios del capitalismo neoliberal. Estamos en ese momento cuando desde los medios de comunicación tratan de instalar una agenda pesimista y de regreso al pasado neoliberal.

En este escenario histórico es útil describir esta especie de tragicomedia que nos presentan muchos periodistas, presentadores, locutores, que se han creído el cuento del “cuarto poder” y están auto convencidos que son los iluminados para gobernar el país desde fuera de los mecanismos que han quedado configurados en la nueva Constitución del Estado Plurinacional.

Con voces compungidas nos dicen que no son neoliberales, que no buscan derrocar a Evo Morales, que solamente hacen críticas pero, ¿será crítica la realización de afirmaciones sin ningún sustento? ¿Será crítica amplificar las ideas y figuras de los opositores? ¿Será crítica confundir intencionadamente, lugares, fechas, actores, datos sin base material, etc.? Por supuesto que no.

Por ejemplo, lo que hace ERBOL es una operación mediática –el más nefasto papel de un periodista y un medio de comunicación–, para que, por asociación, el oyente saque su conclusión, que ya está inducida.

Bien sabemos que las instituciones son en realidad las personas que las dirigen, y eso es lo que ha pasado, muchas organizaciones que apoyaban el protagonismo campesino e indígena se llevaron una desilusión porque éstas, que hasta hace poquito eran “sus” campesinos, “sus” indígenas, “sus” obreros, asumieron una autonomía que no les gustó a los “ilustrados” que esperaban un llamado y les entregaran en bandeja la gestión estatal, por eso en su discurso está tan presente la calificación de “incapaz”, poco preparado, “desconocido” y “llunk’u”.

Son ellos los dictadores, porque no soportan que otros piensen y actúen diferente, que voten como quieren e insistan en que el Presidente se quede el tiempo que sea necesario, esto no les cabe en su cerebro, se preguntan todos los días, ¿cómo es posible que hagan estas cosas y sigan teniendo votos?

El razonamiento tiene que ir por otro lado, deben preguntarse, ¿por qué existe tanto apoyo para este gobierno? Deben investigar cuáles son las motivaciones de ese pueblo que seguirá votando por Evo Morales. Los mil, dos mil, cien mil descontentos, son eso, una minoría funcional a las políticas imperialistas y esa sí es una asociación inmediata que realiza el pueblo, por su experiencia práctica en las luchas y las calles.

Esos cien mil pueden llamar por teléfono cada segundo, cada minuto, para denostar al gobierno, pueden producir mil twits por día, escribir mil maldiciones en facebook, pero solamente será su personal catarsis para sobrellevar su diario vivir porque la historia seguirá su marcha.


* Escritor e historiador potosino.

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