diciembre 4, 2020

Identidad boliviana

por: Carla María Ariñez Sanjines

Después de vivir algunos años en el extranjero un@ cambia la forma de ver las cosas, desde aspectos personales y puntuales hasta cuestiones mucho más generales. Y es que la distancia genera en un@ sentimientos encontrados que sólo el portugués ha podido definir tan bien como “saudades”.

Recordamos todo con nostalgia, pensar en una marraqueta con mantequilla y queso Collana, puede incluso llevarnos a las lágrimas de la emoción. Saboreamos cada platillo con el pensamiento y no podemos esperar el día que volvamos y podamos por fin cumplir con esa laaaarga lista de “antojitos”.

Por otro lado, al mirar todo “de lejos” nos volvemos más críticos. Cuestionamos nuestras propias actitudes y lo que creemos que significa “ser boliviano”. De pronto notamos que aquello que veíamos tan normal en nuestro terruño no es una pauta común en todo el mundo y, es más, en muchos sitios está muy mal visto. Toca adaptarse, aprender nuevas costumbres y a convivir con otras culturas y tradiciones.

No falta quien llega al extremo de pasar un tiempo en el extranjero y ya empezar con el “habla poquita español”. Al vivir lejos un@s se vuelven “más bolivian@s” y llevan la bandera con orgullo, sacando pecho y convirtiéndose en aquell@s nacionalistas que nunca fueron, mientras otr@s tratan de olvidar sus orígenes a la primera de cambio o en cuanto se les presenta la oportunidad de obtener otro pasaporte, pero no queremos ver exclusivamente los extremos. Después de todo, ¿qué es “ser boliviano”? ¿O qué entendemos por Bolivia?

¿De dónde nos viene la “identidad boliviana”? Personalmente creo que es algo en constante cambio y transformación según el momento que se viva. Creo que desde que nació Bolivia, como la entendemos hoy en día, gran parte de esa identidad viene por la falta, por la carencia. Desde que nacemos se nos ha enseñado que Bolivia no tiene acceso al mar. Y no sólo eso, Bolivia tenía acceso al mar, pero ha sido usurpado.

Lacan habla del concepto de “falta” en el psicoanálisis. Hace una reflexión sobre la falta y el deseo, y explica que la falta es la falta del ser y no de una cosa o la otra. Por lo tanto aquello que nos falta, aquello que deseamos es aquello que creemos que nos hará completos. En el caso de Bolivia gran parte de nuestra identidad viene dada por esa falta, la falta de acceso al mar. Aprendemos desde pequeños que eso es algo que todo boliviano y boliviana debe reivindicar y reclamar. No seremos completos hasta no tener nuestro mar nuevamente.

Ahora bien, qué sucederá en el momento en que esa falta ya no exista. Supongamos que al retomar relaciones diplomáticas con Chile se logra resolver este problema o que en La Haya ganemos por goleada. ¿Qué pasará en ese momento? ¿Se pierde automáticamente la identidad boliviana? Desde mi punto de vista, simplemente se transforma. Toma otro centro, se agarra de algo más. Como bien dice Jorge Drexler, “nada se pierde, todo se transforma”.

Vivir en el extranjero toma distintos matices pero lo que nunca debemos perder de vista es nuestra responsabilidad de construir y aportar al desarrollo de nuestro país desde donde estemos y haciendo lo que nos toca hacer y no sólo pensar en Bolivia el rato de las ausencias y carencias que van desde las marraquetas hasta el mar.

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