noviembre 24, 2020

Solar de los príncipes

por: Marcelino Freire

Cuatro negros y una negra frenaron en la entrada de este edificio. El primer mensaje del portero fue: «¡Dios!». El segundo: «¿Qué quieren?» o «¿Qué piso?». O «¿Por qué todavía no arreglaron el ascensor de servicio?».

«Estamos haciendo una película», respondimos.

Caroline aclaró: «Un documental». No tengo ni idea de qué es eso, qué sé yo, no sé. Que cada uno de nosotros muestre sus documentos de identidad y listo.

«Estamos filmando».

¿Filmando? ¿Espiando? Los ladrones hacen eso cuando quieren robar. Vigilan el día a día, las costumbres, los horarios en que la víctima se va a trabajar. En el edificio hay un gerente de banco, un médico, un abogado. Menos el administrador. El administrador nunca está.

–¿De dónde son ustedes?

–Del Morro do Pavão.

–Vinimos a grabar un largometraje.

–¿Un metra qué?

Metralladora, caño largo, granada, negros armados hasta las encías. ¿No lo dije? Voy a salir corriendo. Los nordestinos son hombres. ¿Los porteros son o no son hombres? Caroline inició un diálogo así: «La idea es entrar a un departamento del edificio, de sopetón, y filmar, hacerle una entrevista al que vive ahí».

El portero: «¿Entrar a un departamento?».

El portero: «No».

El pensamiento: «Estoy jodido».

Fue mía la idea, lo confieso. Las personas viven subiendo al morro para hacer películas. Les abrimos nuestras puertas, les mostramos Revista nuestras cacerolas, mierda.

Así fue: compré una cámara de tercera mano, nos pusimos de acuerdo, ensayamos unos días. Imágenes exclusivas, tomadas de la vida de la clase media.

Caroline: «Querido, por favor, cariño». Caroline le mostró el micrófono, de lejos. Con sus labios le llamó la atención, no sé. ¿Van a golpearme con el micrófono? El micrófono nos lo prestó un santero que nos patrocinó.

El portero llamó a los departamentos 101, 102, 108. Fue pasando por todos los pisos. Me están asaltando, presionando, llamen al 190, qué sé yo.

La gracia era que nadie se enterara. Se pierde la espontaneidad de la entrevista. Que los vecinos cuenten cómo es vivir con autos en el garaje, con sueldos, con piscina, con computadoras modernas. Festival de Brasilia. Festival de Gramado. Mostrar la película en el barrio y también ahí en el salón de fiestas del edificio.

No.

Nosotros no solamente oímos samba. No solamente oímos balas. Este portero no parece negro, al dejarnos presos del lado de afuera. El morro está ahí, abierto las veinticuatro horas. Nosotros les damos la bienvenida de brazos abiertos. Entran los malandros, investigan sobre nuestro pasado. Nosotros nos desahogamos como loros. Hablamos demasiado, ofrecemos hasta lo que no tenemos, agua, café, coca-cola.

La mierda del portero no nos deja empezar. Qué cagada. Domingo, hoy es domingo. Solo queremos saber cómo almuerzan las familias. Si hacen la misma fiesta que nosotros. Platos, feijoada, servilletas. Carajo, no hacía falta el administrador. Escuche. Vamos a sacar la cámara del bolso. Le mostramos que somos buenos, que solo queremos mejorar, eso, nuestra fama. Hacer cine. Cine. Piense en la gran dama Fernanda Montenegro, casi se gana un Oscar.

–Fernanda Montenegro, no, ella no vive acá.

Y nos advirtió: «Voy a llamar a la policía». Nosotros: «¿Llamar a la policía?».

A nadie le gusta la policía. No queremos ese tipo de noticias. Hicimos todo esto con un esfuerzo del carajo. Nicholson dejó de ir a vender churros. Caroline faltó al trabajo. Yo dejé a mi esposa, mi cachorra y mi hijo. No es un largo, es un corto. La alegría de los pobres es dura y dura poco. Filmen. ¿Qué? Les di la orden: filmen.

Empezamos a filmar todo. Algunos vecinos posando la cara en los balcones. El tránsito transitando. La sirena de la policía. ¿Eh? La sirena de la policía. Toda película tiene sirenas de policía. Y tiros. Muchos tiros.

En cámara violenta. Mierda, Johnattan saltó el portón de hierro. El portero se encerró detrás del vidrio. Aterrador. Aparecieron personas de todo tipo. Y esa no era la idea. Tuvimos que improvisar.

No hay problema, todo bien.

Pedimos que lo corten al editar.


* Tomado de Revista Casa de las Américas No. 271.

(Traducido del portugués por Lucía Tennina).

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