diciembre 4, 2020

A 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial

por: Rider Jesús Mollinedo

El final de esta conflagración sentó las bases de un nuevo orden mundial hasta la caída de la Unión Soviética en 1991.

Detrás de la masacre

La Segunda Guerra Mundial (SGM) terminó el 2 de septiembre de 1945 con la rendición incondicional de Japón ante el Ejército Aliado. La explosión de una segunda bomba atómica (9 de agosto) obligó al emperador japonés a rendir su país y posibilitó la conclusión del conflicto bélico más sangriento de la historia, en el que participaron las fuerzas armadas de más de setenta países. En ella murieron entre 60 y 80 millones de personas, más civiles que militares. El final de esta conflagración sentó las bases de un nuevo orden mundial hasta la caída de la Unión Soviética en 1991.

Por primera vez en la historia una potencia militar y económica, como fue la Alemania del III Reich, aspiró realmente a conquistar el planeta entero bajo la bestial ideología nazi-fascista, actitud imitada en menor magnitud por los imperialistas nipones e italianos.

Sin embargo, detrás de estas aspiraciones expansionistas se hallaban intereses económicos transnacionales, es decir, intereses empresariales capitalistas que se extendían más allá de las fronteras alemanas, japonesas o italianas, que la historia convencional intenta ocultar hasta la fecha. Intereses de corporaciones como DuPont, General Electric, Rockefeller, Morgan, Mellon, Ford, Stinnes, Krupp, Thyssen, Fegler, Flick, Siemens, Klöckner, Duisberg, Mitsubishi, Sumimoto, Yasuda, Okura, Mitsui, entre otras, que en última instancia se beneficiaron de la masacre humana.

Una estrategia astuta

Tras la crisis económica mundial de 1929 iniciada en Estados Unidos (EE.UU.), las contradicciones entre los países capitalistas más poderosos se agravaron y condujeron a la formación de dos grupos opuestos. Uno estaba integrado por Alemania, Japón e Italia (el Eje) y el otro por Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos (los Aliados). El objetivo de cada potencia era alcanzar la superioridad en la lucha por los mercados de venta y las fuentes de materias primas. Empero, todas estas potencias capitalistas tenían en común la hostilidad contra otro gran bloque de poder, el recientemente constituido Estado socialista soviético.

Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia consideraron al nazismo alemán como la principal fuerza de choque que contendría el avance de la Unión Soviética (URSS) y la ideología comunista, sobre todo cuando ésta se hacía cada vez más popular tras el colapso económico de 1929, que dejó en la calle a millones de obreros. Esta oposición planificada contribuiría a debilitar a la propia Alemania como a la URSS, situación que en los hechos aconteció.

Gracias a las grandes inversiones de monopolios estadounidenses e ingleses, en pocos años, la economía alemana resucitó y con ella su aparato de guerra. Esto permitió fortalecer el régimen hitleriano y crear la poderosa Wehrmacht (ejército), la Kriegsmarine (armada) y la Luftwaffe (fuerza aérea).

En el extremo oriente, la geopolítica japonesa se orientó a la ambiciosa empresa de conquistar China. En 1938 emprendió acciones contra la URSS y Mongolia para establecer la capacidad de combate de estos contrincantes. Posteriormente fijaría sus objetivos en los países del sur, paso previo al ataque contra el enemigo principal del Pacífico, los EE.UU.

Junto a China, Etiopía y España se convirtieron en las primeras víctimas de la agresión fascista del Eje antes del inicio de la segunda conflagración mundial.

La gran guerra imperialista

La SGM comenzó el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de las fuerzas nazis. Previamente, en 1938, habían sido “anexados” al III Reich, Austria y Checoslovaquia, como parte de la geopolítica alemana de ampliación territorial, aprovechando el pacto de no agresión firmado en agosto con la URSS. Ocurrida la invasión y sometimiento de Polonia, inmediatamente, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania.

Mientras caían los países europeos (Polonia, Dinamarca, Noruega, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo), a causa de la estrategia alemana de “guerra relámpago”, los jerarcas nazis preparaban la ofensiva contra la Unión Soviética, enemigo principal que cerraba al imperialismo hitleriano el camino de la dominación mundial. Se pensó que la victoria sobre la URSS se conseguiría rápidamente, por lo que estaba prevista para el otoño de 1941 la ocupación de India, Irán, Irak, Egipto, el canal de Suez, esto con el objeto de preparar el terreno para la conquista de Inglaterra, la potencia de la época, tras el intento fallido de julio y octubre de 1940.

Al estar sometida al aislamiento internacional, a Moscú no le había quedado más remedio que firmar dicho pacto para reducir a la nada los intentos de formación de un frente único de estados imperialistas contra la URSS y aplazar la guerra con Alemania, contienda que finalmente se inició con la activación del plan germano Barbarossa en junio de 1941. Lo demás es historia.

Durante 1418 días se libró la guerra que los rusos han pasado a denominar la “Gran Guerra Patria”, la más cruenta y dura de todas las guerras, que enfrentó al conjunto de fuerzas armadas nazis con el Ejército Rojo y la población civil soviética. Sólo las históricas victorias de las fuerzas soviéticas pudieron destruir la maquinaria bélica del III Reich, liberar a Europa de la tiranía hitleriana y de su régimen terrorista, muy a pesar del (negligente) apoyo efectuado por Estados Unidos y Gran Bretaña con la apertura del frente occidental tras el tardío desembarco de Normandía en junio de 1944. Con la capitulación nazi frente a las fuerzas rusas, el 9 de mayo de 1945, concluyó la guerra en el frente occidental.

En el teatro de operaciones del Pacífico, el imperialismo nipón fue superado por la potencia bélica de los Estados Unidos, pero se resistió a ser derrotado. Esta situación cambió tras la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Con ello concluyó la guerra en el frente oriental dando término a la SGM.

De esta gran conflagración emergieron dos superpotencias: la Unión Soviética y Estados Unidos. Este último, gracias a la guerra, duplicó su capacidad industrial y pasó de ser la décimo séptima potencia militar en el mundo a ser la primera, la cabeza rectora del mundo del capitalismo.

En el caso de la URSS, fue beneficiada (al costo de 22 millones de muertos a causa de la agresión imperialista) por el incremento de su industria de guerra, la ampliación de su territorio y la aparición de los Estados satélites del Este. Si antes de la guerra el sistema socialista abarcaba el 7,5 % de la población del mundo, después de ella ya comprendía una tercera parte.

Las diferencias ideológicas y políticas de ambos bloques para implantar su modelo económico y político en todo el planeta dio origen a la Guerra Fría.

La shoa judía y los campos de exterminio, los campos de concentración, los experimentos realizados en humanos, los bombardeos sobre poblaciones civiles, el desarrollo de tecnología nuclear, las ejecuciones masivas, entre otros, son hechos que también marcaron este evento que vivirá en la memoria colectiva por muchos años.

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