noviembre 25, 2020

Racismo y racialización

por: Carlos Macusaya

El problema del racismo y sus múltiples implicaciones no son tratados seriamente, desde mi parecer. Lo más que se hace, en algunas ocasiones, es denunciarlo; pero poco esfuerzo se pone en comprender cómo funciona. Incluso se puede afirmar que las observaciones más comunes son simples apelaciones morales por lo que la compresión sobre el problema queda en nada.

El racismo siempre está asociado a la idea de raza, con lo que se desplaza el problema a otro ámbito, a lo biológico. Se opera así un tipo de traslación que nos lleva a considerar un problema de relaciones sociales como si fueran temas “raciales”. Es decir, abordamos el asunto como si las implicaciones en tales relaciones fueran algo al margen de ellas y propias de una condición natural o “racial”. Por tanto, la idea de raza opera ideológicamente biologizando diferencias sociales, presentándolas como si fuesen naturales.

Si bien la vestimenta, el idioma, entre otros, son elementos que los racistas identifican como diferencias “raciales”, en última instancia son los rasgos físicos (color de piel, forma de ojos, pelo, etc.) los que son asumidos como signos de “racialidad”. También se puede decir que el racismo funciona como un tipo de demarcación de diferencias político-económicas, no sólo biologizando diferencias sociales sino igualmente de forma culturalizada. En otras palabras, de la supuesta naturaleza racial se pasa con facilidad a la naturaleza cultural.

El racismo funciona apelando a una ilusoria, aunque peligrosa y con efectos prácticos, naturaleza racial y/o cultural. En general el racismo no es simplemente el “miedo al otro”, ya sea distinto física o culturalmente, sino la expresión de relaciones de poder que se reproducen en tal expresión. Aquí la división del trabajo es fundamental para entender como los rasgos de determinados grupos han sido asociados a una condición natural, sea como peones, obreros, etc. En efecto, la propia configuración estatal lleva la huella de esta división que somatiza las relaciones sociales.

Lo que se opera a este nivel es la racialización de la fuerza de trabajo, es decir, la división del trabajo contemporánea expresada en quienes venden fuerza de trabajo lleva una carga simbólica que hace que determinados grupos sean más explotables. Los rasgos culturales y físicos de determinados grupos e individuos se asocian a una naturaleza que los haría más fuertes y aptos para determinados trabajos; pueden comer menos y peor, pero trabajan más. O sea, se trata de que se extraiga más trabajo por menos salario.

Hay que tener cuidado en asumir este problema como una división tipo blanco y negro, pues las relacione sociales son más complejas y la racialización opera en momentos específicos y en distintos ámbitos, por lo que verla de modo general sólo nubla el asunto. Hay que ver cómo opera concretamente para salir de las simples valoraciones morales que actualmente abundan y tratar la cuestión con mayor seriedad.


* Miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

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