diciembre 2, 2020

América Latina y la lucha de clases: Reflexiones sobre el presente de Brasil

por: Daniel Araújo Valença 

El Brasil sufrió cambios radicales desde 2003: el Estado comenzó a intervenir en la economía; políticas públicas garantizaron la salida de la pobreza y el hambre de decenas de millones de brasileños; se crearon varias universidades y cientos de institutos de educación tecnológica y más de 14 millones de nuevos puestos de trabajo. También hubo una inserción internacional soberana y el Brasil se volvió política y comercialmente para las relaciones Sur-Sur.

Sin embargo, a diferencia de países como Bolivia, en Brasil el agotamiento del neoliberalismo no se produjo concomitante con el crecimiento de los movimientos y organización de masas. De hecho, desde 1995, el Partido de los Trabajadores, reemplazó la estrategia popular democrática y socialista –la lucha conjunta en la sociedad civil y el Estado, a fin de superar el capitalismo– por una estrategia progresista y la inclusión social y económica posible por una alianza de clases y políticas gubernamentales.

Las debilidades

La izquierda no priorizó la educación política, la comunicación y la organización de las masas, lo que contribuyó a la pérdida de identidad de la clase obrera. Cada organización se volvió a su demanda política específica a ser garantizada por una política pública, a diferencia de experiencias de unidad de las clases subalternas alrededor de demandas ético-políticas como la “Constituyente Ya” en Bolivia.

Tampoco se desarrollaron los medios de comunicación populares y estatales. No se llevó a cabo una reforma política para poner fin a la injerencia directa del poder económico y establecer una democracia participativa real. La tributación persistió en el consumo y no avanzó sobre la riqueza y la renta, sin gravar las grandes fortunas, herencias.

Por esa estrategia de abstenerse de la dirección política y moral de la sociedad, ya que la política pública y el buen gobierno resolverían todo el proceso de emancipación, los valores y pilares neoliberales y capitalistas persistieron. Los que ascendieron económicamente se percibieron como “clase media” y no como “clase trabajadora”.

Cambio de estrategias

Con la renuncia a la política, la coyuntura empezó a cambiar con los nuevos vientos de la economía: la crisis internacional de 2008 y la caída de los precios de las materias primas, el gran capital que “aceitaba” un gobierno dirigido por el PT, ha exigido la reducción del Estado, de los derechos sociales y laborales.

En paralelo, sectores medios y altos de las grandes ciudades, al ver la depreciación de su poder adquisitivo frente el ascenso económico de las personas pobres, constituyeron un polo reaccionario, anti-izquierda, antipopular, conservador en la moral –contrario a los derechos de los homosexuales, los negros, las mujeres– y liberal en la economía. Por último, el imperialismo, después de interferir en el Oriente Medio a principios del siglo XXI, se volvió a América Latina y sus gobiernos progresistas.

Se inauguró entonces una ofensiva de las clases dominantes con diversos métodos de desestabilización, incluyendo la disputa de la calle por la derecha (algo inédito desde 1964), desde las manifestaciones de junio de 2013.

En 2014, el proceso electoral de nuevo reveló el agotamiento de aquella estrategia. En la primera vuelta, una mayoría conservadora fue elegida al legislativo. En el segundo, la presidenta Dilma señalizó la profundización de las transformaciones y recuperó el apoyo de la clase media progresista. La victoria se dio bajo una fuerte polarización política.

Vuelta atrás

Los siguientes pasos, sin embargo, se los dio con el fin de enfriar el clima político en el país y ajustar las cuentas públicas desde una perspectiva conservadora. Para tanto, Dilma compuso un ministerio discordante del programa que llevó a su reelección: la Economía, a cargo de un nombre del neoliberalismo; en la Agricultura, una latifundista enemiga del MST; en Ministerio de las Ciudades, el ex alcalde de São Paulo, que inauguró la política higienista del siglo XXI.

El gobierno, en lugar de aprovechar la recuperación de sus bases sociales y cohesionar para aprobación de medidas democrático-populares, promovió un ajuste fiscal con aumento de las tasas de interés, la reducción del acceso a los derechos laborales y llevó a cerca de 150.000 trabajadores al desempleo en estos últimos meses.

Derecha e izquierda

La derecha, con el reculo del gobierno y la fuerte caída en su popularidad, decidió imponer una agenda conservadora en el Parlamento –el desmantelamiento de los derechos sociales y laborales– y actos masivos en las calles contra la “corrupción”, cuyo objetivo final es la creación de condiciones para un golpe de Estado. Exigen la caída de Dilma y prisión de Lula, cuando el denunciante del “caso Petrobras” los libró y acusó al líder de la oposición.

En el campo de izquierda, todavía hay una tremenda confusión. Una oposición trotskista anuncia la muerte del PT y el gobierno, y cree que puede ocupar ese espacio político.

Otra gran sección defiende la posición de mera defensa de las políticas gubernamentales y cree que las mejoras en la economía conducirán a la superación de la crisis. Por último, la Central Única de Trabajadores (CUT), decenas de movimientos sociales, la izquierda del PT, advocan una táctica que defienda las libertades democráticas en conjunto con la lucha por cambios en la política económica y las reformas democrático-populares. Llevaron a cientos de miles a las calles el 20 de agosto y fueron capaces de detener momentáneamente el golpe que parecía en camino. Ahora lanzarán el Frente Brasil –amplio frente de los movimientos sociales, partidos, intelectuales– para una acción política conjunta que conduzca a modificar el equilibrio de fuerzas en el país.

Si es posible aún detener la tendencia a la derrota de la experiencia principal de izquierda en la historia de Brasil, es difícil saber. Pero, sin duda, es uno de los intentos de la clase trabajadora en América Latina para decidir su propio destino, así como de un ataque frontal de los que quieren perpetuar la sociedad colonial.


* Profesor de la Universidad Federal Rural do Semiárido y militante del Partido de los Trabajadores (PT).

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