noviembre 27, 2020

¿Se cumplió con la revolución agraria?

Tras la recuperación de la democracia se postuló la necesidad, al menos de forma primaria, del uso y ocupación del territorio.

Nemesia Achacollo Tola, ex Ministra de Desarrollo Rural y Tierras y ex Presidenta de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa”, permaneció cinco años a la cabeza de uno de los más importantes ministerios de Estado, tras ser posesionada en el cargo el 24 de enero del 2010, asumiendo la responsabilidad de implementar el proceso de transformaciones agrarias, que implicaban una nueva reforma agraria y la soberanía alimentaria.

Nacida en Yapacaní el 18 de julio de 1967, la ex dirigente campesina tuvo una trayectoria dirigencial importante. En 1996 fue Secretaria de Hacienda del Comité Pro Pueblo de la comunidad de San Luis, impulsando la instalación de agua en los domicilios.

Posteriormente ocupó el cargo de Secretaria General de la Federación Departamental de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa” de Santa Cruz, donde estimuló la ejecución de obras públicas de saneamiento básico, tareas que la llevaron a ser postulada y electa como suplente del primer candidato a la Alcaldía de Santa Rosa, representando al Movimiento al Socialismo.

Estas funciones le permitieron a la dirigente y autoridad municipal capacitarse y poner en práctica los conocimientos adquiridos mediante los programas de capacitación de CIPCA y NINA.

Enfrentó conflictos de tierras entre los campesinos y las concesiones forestales. Lideró campañas internacionales como la de la recuperación de semillas nativas para asegurar la seguridad y soberanía alimentaria, además de otras destinados a lograr la paridad de participación de las mujeres en los espacios políticos, proceso del que fueron parte las palliris, trabajadoras del hogar y productoras ecológicas.

La herencia que debía administrar

Hasta el año de su posesión habían pasado 57 años de la Reforma Agraria, dictada el 2 de agosto de 1953 por el entonces Presidente Víctor Paz Estenssoro. Mientras su aplicación en los valles y el altiplano se dio bajo el principio de “la tierra es de quien la trabaja”, en el oriente boliviano se distribuían las tierras del Estado por miles de hectáreas –que llegaron hasta las 100.000 has.– para un sólo propietario.

La transformación del posterior proceso de redistribución de tierras que se tradujo en una muy dinámica mutación permanente, afectó las tierras del altiplano hasta llegar al surcofundio; de la misma manera, los valles interandinos fueron seriamente parcelados. En ningún caso se optó por la planificación mediante el uso mayor de la tierra.

Tras la recuperación de la democracia se postuló la necesidad, al menos de forma primaria, del uso y ocupación del territorio. Sin embargo, se fortalecieron las grandes haciendas y la nueva burguesía agroindustrial del oriente boliviano, fomentados desde el gobierno de Banzer y los posteriores, constituyéndose como la clase dominante.

El proceso de cambio

El gobierno del Presidente Evo Morales inicia un nuevo proceso de distribución de tierras fiscales en el oriente boliviano denominado “Revolución Agraria”. No obstante, se restringe sólo a las tierras fiscales. Los terratenientes, pese a perder el poder político, no pierden privilegios en la posesión de sus grandes extensiones territoriales. En efecto, la redistribución de tierras no afecta a las tierras productivas en manos de los hacendados de oriente.

Cinco años de gestión de la Ministra Achacollo y quedan muchas interrogantes en este proceso de transformación del agro, ¿cuáles son las políticas y estrategias de desarrollo agropecuario rural y forestal en los diferentes pisos ecológicos? ¿Como se resuelve el problema del mini, micro y surcofundio en las tierras altas y los valles?

Al parecer, este ministerio sólo administró lo heredado y se desconocen las políticas del uso sostenible de la tierra y el incremento de los recursos naturales agropecuarios.

Más preguntas. ¿Cuáles son las políticas y cuánto avanzamos en materia de tierra y territorio para las naciones indígenas originarias?

¿Cuánto se avanzó el aprovechamiento de los recursos forestales, las políticas de bosques, parques nacionales y áreas de conservación?

¿Qué se hizo y cuáles son las políticas de fomento al desarrollo económico y social de las comunidades y organizaciones económicas campesinas e indígenas? ¿Qué medidas de protección a sus derechos sociales, económicos y culturales existen?

¿Cuánto se avanzó con el seguro agropecuario o con la revalorización de los usos legales de la hoja de coca, así como su investigación científica, industrialización y el desarrollo integral de las zonas productoras?

Muchas medidas de transformación revolucionaria quedaron en el tintero, otras avanzaron muy poco, pero lo que más se evidencia es que se administró el Estado de situación que dejó el neoliberalismo, aplicando unas pocas medidas que no afectan a la base económica y menos a la propiedad de la tierra.

La mecanización agrícola-pecuaria quedó en pequeños intentos y no se desarrollaron más iniciativas de fortalecimiento al pequeño y mediano productor campesino.

Se mantiene la propiedad privada y no se desarrollan las empresas social-comunitarias agrícolas que son el potencial de la transformación económica del agro.

Lo que es innegable es que se avanzó en la red de vinculación caminera, y se implementan nuevos e importantes proyectos. Asimismo, se progresó en la formulación de estrategias de implementación, construcción y mantenimiento de infraestructura de apoyo a la producción agropecuaria, la sanidad agropecuaria y la inocuidad alimentaria, aunque aún lo hecho hasta ahora sigue siendo insuficiente.

En cuanto el mejoramiento de empleo en condiciones dignas para los trabajadores y trabajadoras de todas las actividades económicas del ámbito rural, tampoco tuvo avances.

Viendo este desolador panorama de la “Revolución Agraria”, la renuncia de la ministra Achacollo se debió a la supuesta mala administración del Fondo Indígena, a causa de la cual se involucró a algunos dirigentes de las organizaciones sociales que participan en ella, que sufrieron una pésima orientación sobre los procedimientos en el manejo y administración de los desembolsos de los proyectos, sin descontar posibles actos de mala fe de los propios dirigentes.

Con todo, cabe resaltar que la renuncia de la ex ministra Achacollo debió ser, fundamentalmente, por la inoperancia para lograr la implementación de la mencionada Revolución, por la falta de compromiso real con la soberanía alimentaria y todos y muchos derroteros que se habían planteado para lograrlos.

Es lamentable que haya sido por presuntos actos de corrupción en el Fondo Indígena, habiendo sido lo apropiado su alejamiento por su imposibilidad de hacer una verdadera REVOLUCION AGRARIA.


* Ex Dirigente del PS-1.

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