noviembre 27, 2020

La vía chilena hacia el socialismo

por: Carla Espósito

Este 11 de septiembre se conmemoran 42 años de aquella oscura mañana de 1973 en que Radio Magallanes transmitió el último discurso del presidente Salvador Allende. Pocas horas después, el Palacio de la Moneda sería bombardeado y las balas acallarían el metal tranquilo de aquella voz mientras las calles de Santiago eran ensangrentadas con la sangre de miles y miles de jóvenes chilenos, hombres y mujeres, obreros, trabajadores, artistas, intelectuales, militantes que creyeron en un mundo nuevo y una sociedad mejor.

La vía pacífica y el poder popular como sujeto de las transformaciones

La vía chilena hacia el socialismo era el proyecto político de la Unidad Popular (UP), un frente compuesto por varios partidos de izquierda que se planteó una nueva manera de construir la sociedad socialista, el socialismo a la chilena “con vino tinto y empanada”, como decía Salvador Allende, que llevaba implícita una discusión con la vía soviética y cubana, ya que la UP creía en la transición hacia el socialismo sin la utilización de las armas y por la vía de los cauces institucionales en pluralismo y libertad [1]. Allende estaba convencido de que Chile podía ser el segundo modelo de transición a la sociedad socialista [2] y creía profundamente en ella de manera real y no como un proyecto utópico, debido a que confiaba en la madurez del movimiento popular chileno, en la legalidad, la institucionalidad y el respeto a las libertades políticas. A pesar de que la vía chilena se definía esencialmente por ser no armada, ello no implicaba abandonar la revolución; lo único que descartaba como estrategia era la guerra civil [3].

La UP supuso que la garantía de la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva estaba garantizada en la voluntad popular que concentraba todo el poder. La transformación radical del sistema político sería posible desde el momento en que se tuviera tras de sí a la mayoría de la nación [4]. El poder popular fue entonces la propuesta democrática de la UP, concebido fundamentalmente como negación de las minorías, como reemplazo de lo burgués. Impulsando a aquel trató de lograr el potenciamiento del pueblo organizado a través de los movimientos y partidos de masas, de los sindicatos en movilización permanente, como el nuevo protagonista y sujeto histórico de la transformación y construcción del nuevo régimen social [5].

El gran mérito de ese proyecto político fue haber articulado un verdadero bloque social a partir de los intereses de todos los que ganaban su vida con el esfuerzo de su trabajo: obreros y profesionales, técnicos, artistas, intelectuales y empleados, unidos en su condición común de asalariados, en el que estaban presentes todos los sectores explotados por la minoría propietaria de los centros de poder.

La edificación progresiva de una nueva estructura de poder estaba fundada en la existencia de ese bloque, dirigido a recuperar al pueblo para sí mismo como dueño de su destino para la realización de las conquistas sociales y democráticas [6], sin embargo la UP estaba consciente de que debía hacer reales, tangibles y concretas esas conquistas en la medida que se conquistara la libertad económica, [7] de ahí que a la estructura de poder debía corresponder, necesariamente, una profunda transformación en el orden socioeconómico, donde democratizar suponía alcanzar dos principios básicos: el desarrollo económico y la participación del pueblo en todas las decisiones.

El modelo económico de la Unidad Popular

La UP propuso un modelo nuevo de economía y de sociedad, “centrado en el hombre, sus necesidades y aspiraciones” [8], que buscaba reemplazar la estructura económica vigente y terminar con el latifundio y el poder del capital monopolista nacional y extranjero que controlaba la renta de los recursos naturales. El camino de su independencia económica pasaba por constituir una fuerza estatal dominante, la posesión nacional de la renta producida por el cobre y otros minerales estratégicos para la reconstrucción de la economía y aprovechar eso excedentes para “elevar las condiciones materiales del pueblo y abrirles horizontes espirituales distintos” [9].

La UP puso en marcha un inmediato proceso de nacionalización y estatización de la gran minería del cobre, el salitre, el yodo, el hierro y el carbón, que estaban en poder de capitales extranjeros y de los monopolios internos; más adelante el sistema financiero, en especial la banca privada y otras áreas estratégicas como la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluido el gas licuado y la siderurgia [10], pero el golpe de Estado de 1973 frustraría esta agenda de nacionalizaciones.

En 1970 la sociedad rural chilena estaba todavía conformada por una estructura agraria fundada en el predominio del gran latifundio. El gobierno de la UP continuó entonces el proceso profundización de reforma agraria con el fin de expropiar todos los latifundios y traspasarlos a la administración estatal, cooperativas agrícolas o asentamientos campesinos. Al producirse el golpe se habían expropiado cerca de 4.400 predios agrícolas, que sumaban más de 6,4 millones de hectáreas. El viejo orden latifundista que había prevalecido por más de 400 años había llegado a su fin [11].

A raíz de estos cambios una verdadera guerra contra la Unidad Popular se gestó desde los Estados Unidos. El gobierno de Nixon y la CIA, aliados a la oligarquía chilena, utilizando la guerra económica y la campaña del terror abonaron el terreno para el golpe de 1973 que ahogó en sangre uno de los proyectos más progresistas y que mayor efervescencia social política y cultural produjo en América latina. El límite de Allende fue sin duda haber confiado demasiado en la democracia, las leyes, la institucionalidad burguesa, descreer en los métodos violentos del fascismo y no haber preparado a su pueblo para defender militarmente su proceso.

Canto que ha sido valiente, siempre será canción nueva

Quizás uno de los procesos políticos que mayor expresión artística generó en el continente haya sido precisamente éste. En tres años el pueblo chileno inventó un nuevo lenguaje, una nueva forma de expresión. El arte del compromiso se convirtió en la forma dominante del quehacer artístico que asumió la tarea de representar los intereses de clase del pueblo, crear conciencia social, denunciar la injusticia social imperante y promover la solidaridad por las causas revolucionarias del mundo.

Violeta Parra, Isabel Parra, Ángel Parra, Quilapayún, Intillimani, Illapu, Víctor Jara, y muchos más, dieron forma musical al proyecto social y político de la Unidad Popular. La Brigada Ramona Parra llenó de colores los muros de Santiago plasmando las consignas del gobierno socialista. Pablo Neruda y Nicanor Parra, desde la trinchera de la poesía, hablaba del nosotros, de la revolución y del compromiso.

La experiencia de la Unidad Popular demostró la importancia del arte en la construcción de la política y de la cohesión social e identitaria de un proyecto político. Ese movimiento artístico generó una verdadera mística alrededor de este proyecto que, pese a los años, los muertos, los exilios y toda la sangré derramada, todavía mantiene viva una llama que anima las nuevas manifestaciones políticas de los jóvenes de este tiempo.


* Socióloga.

1 Salvador Allende, Discurso ante el Congreso, 1971.

2 Ídem.

3 Ana Enríquez, Salvador Allende la Vía Chilena hacia el Socialismo (2007).

En: http://historia1imagen.cl/2007/05/28/salvador-allende-la-via-chilena-al-socialismo/

4 Salvador Allende, Discurso del 5 de noviembre de 1970.

5 Salvador Allende, Discurso ante el Congreso, 1971.

6 Ídem.

7 Salvador Allende, Discurso de la Victoria, Estadio Nacional 5-11-1970.

8 Salvador Allende, Discurso ante el Congreso, 1971.

9 Salvador Allende, Discurso de la nacionalización del cobre, Rancagua, 1971.

10 Programa de gobierno de la Unidad Popular. En: http://www.abacq.net/imagineria/frame5.htm

11 “La reforma agraria, 1962-1973”. En: Página Memoria Chilena. Biblioteca Nacional de Chile

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3536.html

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